Mostrando las entradas con la etiqueta Luis Herrera Campíns. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Luis Herrera Campíns. Mostrar todas las entradas

Luis Herrera Campíns, Historia DC Venezuela



El primer gabinete del presidente Herrera Campíns

 




 

El tren ministerial promedio del siglo XX venezolano fue de un número

modesto de despachos en el caso de compararlo con los excesos

burocráticos de la presente centuria. Al iniciar nuestra vida republicana en

el XIX, por muchos años fueron tres las Secretarías que nos distinguieron

(Interior, Exterior, y Guerra y Marina), dando paso a una multiplicación

lógica en correspondencia con el Estado Nacional que caminó hacia su

consolidación. Eran tiempos de una simplificación ministerial ya que, a

modo de ilustración, el ministerio de Fomento atendía también los asuntos

petroleros que después justificaron la creación del despacho de Minas e

Hidrocarburos y, más tarde, su conversión en Energía y Petróleo. Hasta el

primer gobierno de Rafael Caldera hubo el número adecuado de

ministerios que tendió a crecer con el primer gobierno de Carlos Andrés

Pérez, pero inequívocamente batió todo récord bajo el socialismo del siglo

XXI.

 

Presidente electo en diciembre de 1978, Luis Herrera designa su primer

gabinete de acuerdo a la Gaceta Oficial N° 31.694 del 12 de marzo de

1979, compuesto por:

 

Relaciones Interiores: Rafael Andrés Montes de Oca

Relaciones Exteriores: José Alberto Zambrano Velasco

Hacienda: Luis Ugueto

Defensa: Fernando Paredes Bello

Fomento: Manuel Quijada

Educación: Rafael Fernández Heres

Sanidad y Asistencia Social: Alfonso Benzecri

Agricultura y Cría: Luciano Valero

Trabajo: Reinaldo Rodríguez Navarro

Transportes y Comunicaciones: Vinicio Carrera

Justicia: José Guillermo Andueza

Energía y Minas: Humberto Calderón Berti

Ambiente y Recursos Naturales No Renovables: Carlos Febres Poveda

Desarrollo Urbano: Orlando Orozco

Información y Turismo: José Luis Zapata

Juventud: Charles Brewer-Carías

Ministro de Estado Jefe de Cordiplán: Ricardo Martínez

Ministro de Estado para la Cultura: Guillermo Yepes Boscán

Ministro de Estado para la Ciencia: Raimundo Villegas

Ministro de Estado para la Asesoría Parlamentaria: Ceferino Medina

Castillo

Ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia: Luis Alberto

Machado

Ministro de Estado presidente del Fondo Inversiones de Venezuela:

Leopoldo Díaz Bruzual

Ministro de Estado para la Participación de la Mujer en el Desarrollo:

Mercedes Pulido de Briceño

Ministerio de Estado para la Cultura de Venezuela: Luis Pastori

Ministro de Estado para el Impulso del Progreso Oriental: Nerio Neri Mago

Secretaría de la Presidencia: Gonzalo García Bustillos

Gobernador del Distrito Federal: Enrique Pérez Olivares


Luis Herrera Campíns, Historia de Venezuela

 


Luis Herrera Campíns: El peregrino del diálogo

 




 

Los años que ganó de experiencia Luis Herrera Campíns en el parlamento lo entrenaron para el ejercicio presidencial. La profundidad de las convicciones y la firmeza de las posiciones nunca fueron impedimento para hacer de la tolerancia una disposición personal para el diálogo y el consenso. Aquellas décadas lejanas, en un Congreso de fragmentada composición, con voces muy diversas y desafiantes, e, incluso, con una AD que volvía a sus fueros sectarios cuando podía, llenó al portugueseño de una extraordinaria paciencia para acercarse con humildad a las posturas más encontradas y aspirar a una mínima concertación orientada a salvaguardar la institucionalidad democrática. El quinquenio demócrata-cristiano de Herrera Campíns demostró esa vocación de amplitud en el mundo político, pero también de reciedumbre, al denunciar por ejemplo a los profetas del desastre y denunciar como bronco-adictos a la oposición adeca dándole un toque de humor persuasivo a sus gestos.

Por cierto, Luis Herrera Campíns fue un verdadero peregrino del diálogo, literalmente recorriendo el país para llevar su mensaje y conversarlo en la Venezuela profunda. Fue una consigna muy afortunada, empleada desde principios de los años setenta, con un intenso y extenso recorrido por el territorio nacional para encontrar una viva interlocución con todos los sectores políticos y estratos sociales, sobre todo, entre los más vulnerables.

Por aquella época, en la cámara baja, la que fue la más inmediatamente política y polémica de la bicameralidad, igualmente cuidaba que la bancada socialcristiana que dirigía argumentara con solidez y trabajara diligentemente por los objetivos trazados, sin que él y sus colegas de cámara incurrieran en un exceso, en una descalificación gratuita, personal y burda del adversario, algo que reconocieron propios y extraños.

La gráfica quizá de principios de 1969, cuya autoría es anónima, nos presenta a Luis Herrera Campíns conversando con los adecos, posiblemente proponiéndoles alguna iniciativa o aclarando cierta destemplanza. Por casualidad, están en la foto el ganador de las elecciones presidenciales de 1978, y el perdedor, Luis Piñerúa Ordaz.

 


Historia DC Venezuela, Luis Herrera Campíns, Rafael Caldera

 


80° aniversario: bautizo de sangre del partido demócrata-cristiano






La llamada Revolución de Octubre, cuyos ideales adscribió la generación fundadora de la Democracia Cristiana en nuestro país, también generó un período de violencia y sectarismo respondiendo a la conducta asumida por la Acción Democrática asociada a los militares en la Junta Revolucionaria de Gobierno. La sola fundación del partido demócrata-cristiano, el 13 de enero de 1946, generó una franca animadversión del oficialismo e, igualmente, del Partido Comunista de Venezuela y de sus distintos grupos internos reunificados el mismo año.

Fueron numerosos los partidos creados por entonces, pero – salvo el de gobierno, naturalmente – ninguno tenía una convincente capacidad de movilización con la excepción de COPEI que ya gozaba de las más amplias simpatías en diversos estratos de la población.  El anuncio del primer mitin en Caracas de los socialcristianos, puso en alerta a sus enemigos declarados que, por supuesto, quedaron muy sorprendidos del lleno copeyano del Nuevo Circo que muy pocas organizaciones políticas podían lograr. Y, como venía incrementándose aún con los más modestos eventos celebrados en el país, el sabotaje llegó al colmo del homicidio.

En efecto, les pegó a los enemigos el exitoso primer acto de masas de COPEI de fecha 18 de junio de 1946, tratando de sabotearlo con un recurrente apedreamiento de los oradores por individualidades infiltradas. Continuaron hablando Pedro del Corral, Edecio La Riva Araujo, Lola Bertorelli, Víctor Manuel Giménez, Ana de Pineda, J. A. Pérez Díaz y, finalmente, Rafael Caldera. Un recio bautismo que terminó en sangre, porque- concluyendo el acto – hubo también armas de fuego. Y, entre las piedras y las balas, el saldo final fue de dos muertos y varios heridos, entre los cuales, se encontraban Patrocinio Peñuela Ruiz y Tomás Liscano. Y, con mayor reciedumbre, Caldera responsabilizó a los comunistas que contaron con la complicidad de los adecos, pues, tampoco se entiende que un evento de tamaña magnitud para la ciudad de entonces, contara con un número tan escaso de agentes policiales para repeler las amenazas que de un modo u otro, anunciaron los agresores.

Dos años más tarde, escribió Caldera con motivo del segundo aniversario de los hechos trágicos:

“No es una afirmación infundada la de que la responsabilidad de los hechos de sangre del 18 de junio recae de modo íntegro y exclusivo a los comunistas y sus cómplices, adeístas y gobierno. Porque el sabotaje fue maniobra planeada, avisada de antemano, anunciada por escrito en volantes con el pie de imprenta de la tipografía oficial del Partido Comunista. Porque las autoridades fueron oportunamente alertadas, y porque a pesar de haber comenzado los actos de violencia por parte de los saboteadores desde las ocho de la noche, todavía a las diez y media u once no habían llegado fuerzas de guardia nacional o fuerza pública (sí de aquellas no se tenía disponibles) para dispersar a los grupos que irrespetando los derechos constitucionales y democráticos se apostaban, violentos y vociferantes, en las afueras del Circo”.

La fotografía que empleamos, originalmente en blanco y negro (ahora, tratada y coloreada con IA), nos permite hacer tres comentarios a propósito de la tentativa trágica de sabotaje de un mitin que pudo culminar por el coraje de sus protagonistas.

Por una parte, los oradores vestían a la usanza de la época, como desde hace mucho tiempo ya no se acostumbra en Venezuela para eventos semejantes, siendo notable la presencia de personas en el presídium pertenecientes a los estratos populares.

Por otra, Luis Herrera Campíns, de apenas 21 años, curiosamente sin bigotes,  es el que sostiene el micrófono al orador, transmitiendo la sensación de un ambiente de agitación y también de atención al mensaje transmitido.

Por último, observado por Manuel Alfredo Rodríguez, el escándalo que produjeron los hechos ya comentados, fue de tal magnitud y duración que pasó prácticamente desapercibido el fallecimiento de Elbano Mibelli, figura estelar del andinismo y otrora gobernador del Distrito Federal bajo la presidencia de Eleazar López Contreras. Sin embargo, Rodríguez, periodista destacado de afiliación formal en ese entonces a Acción Democrática (años después sería disidente con el grupo ARS, de Raúl Ramos Giménez, y en 1993 sería electo diputado por Convergencia), con motivo del 34° aniversario de COPEI hizo una crónica a página completa obviando un hecho tan capital y significativo históricamente en sus comentarios, limitándose a publicar la gráfica en cuestión.


Referencias:

Caldera, R. (1946) [Fotografía] “Junio 18, Mitin de COPEI en el Nuevo Circo”, Caracas; en:

https://rafaelcaldera.com/fotos/1916-1946/

Caldera, R. (1948) “Consignas: El 18 de junio”. El Gráfico, Caracas; en: https://rafaelcaldera.com/1948-junio-21-el-grafico-el-18-de-junio/

Rodríguez, M. A. (2008) “Tres décadas caraqueñas 1935-1966”. Editorial Fuentes, Caracas: 120 s.

Sanoja Hernández, J. (1980) “Conflicto y consenso en COPEI: Historia del ´único partido que no se divide´”. El Nacional, Caracas, 12 de enero.




Historia DC Venezuela

 



Relaciones partido gobierno




La política no constituye una experiencia monolítica y, aunque haya unanimidad en los principios y valores que los inspiran, los partidos tienden interiormente a administrar sus diferenciar y matices para consensuarse. El asunto adquiere mayor complejidad cuando se trata de las relaciones entre el gobierno y el principal partido que le da soporte.


Por supuesto, distinto a lo que ocurre en la actualidad, en la era democrática jamás se confundió el partido con el Estado, aunque hubo tentaciones. El solo régimen de libertades públicas apagaba cualquier amago o propósito de confusión entre ambas instancias. Y hubo criterios contrastantes en cuarentas años que el espíritu de Puntofijo llevaba al terreno de la concertación o del conveniente y comprensible diferimiento que muchas de las veces se prestaba a las más sorprendentes especulaciones. 


La gráfica  muestra uno de los varios encuentros entre el presidente Luis Herrera Campíns y el que sería candidato presidencial de COPEI en 1983, Rafael Caldera en el Palacio de Miraflores.  Ambos – líderes históricos de la Democracia Cristiana venezolana –tuvieron diversos encuentros durante la presidencia de Herrera. 


Por aquellos años Eduardo Fernández,  siendo secretario general del partido COPEI, desarrolló una política que llamó de “solidaridad inteligente” con el gobierno, aunque – hecho un balance favorable a la gestión gubernamental – Cecilia Cecilia Álamo de Zune advierte que “faltó comunicación Gobierno-Partido” (“Síntesis histórica de COPEI”, IFEDEC, Caracas, 1985: pág. 71).


Recordemos que los jefes de Estado estuvieron liberados de toda disciplina partidista en la era del puntofijismo, aunque en un magnífico título sobre el sistema de partidos venezolano, el politólogo Juan Carlos Rey no estuvo de acuerdo con la fórmula.



Historia DC Venezuela - Campaña electoral 1958

 

CALDERA EN EL ZULIA


Rafael Caldera, discurso, 1958.

Rafael Caldera durante un discurso en la campaña presidencial de 1958.

Foto tomada de rafaelcaldera.com



Luis Herrera Campíns

La presencia de Rafael Caldera, candidato presidencial nacional lanzado por la VII Convención del Partido Socialcristiano COPEI, en el Estado Zulia, reviste gran importancia en la actualidad política y cultural de Venezuela.

Caldera ha ido al Zulia en campaña electoral, a dejar en todos los espíritus su palabra de concordia y de fe en los destinos superiores e históricos de Venezuela. Como dirigente y como político, Caldera es un modelo de equilibrio, un prodigio de serenidad. A temprana edad ha alcanzado honores y respeto que muchas veces, en la mayor parte de los casos, se logran después de una larga vida, luego de un lento proceso de decantación. Caldera tiene la virtud del análisis y de ahí la extraordinaria admiración que despiertan sus enfoques en los cuales contempla desde los planos y aspectos generales fácilmente captables por cualquier mente hasta detalles al parecer intrascendentes, a los que les descubre su desapercibida importancia. A la facultad analítica une la facilidad sintética. Decir mucho en pocas palabras. No perder tiempo en perífrasis, sino ir en forma directa al meollo de los asuntos, a los entretelones causales de los hechos y fenómenos sociales. Tarea difícil es de ordinario resumir pensamiento creador en pocos vocablos, darle profundidad a la frase. Inclusive, prosistas sobresalientes requieren castigar severamente su estilo para comunicarle características sintéticas. Pero en Caldera, fuera de esas dos grandes cualidades, hay una tercera excepcional: la brillantez, ponerle fino toque de elegancia a lo tratado. Por eso, Caldera es claro. Porque camina sin andar a tientas, razonando cada paso, tocando terreno firme de argumentación en la marcha. Yo recuerdo que un día, durante la Constituyente bajo el régimen de la Junta Revolucionaria de Gobierno, salía contentísimo de su actuación en un debate con Andrés Eloy Blanco, el inigualable parlamentario venezolano. “A mí me cuesta —dijo— construir una metáfora o hacer una figura retórica. Pero, en cambio, para la discusión poseo esa cualidad, que muchos podrán calificar de jesuítica, de saber hasta donde, en la penumbra, llega la luz y dónde comienza la sombra”...


Fuera de los móviles políticos de la visita de Rafael Caldera al Zulia, porción nacional donde goza de dilatado prestigio y a la que quiere y admira por mil razones, hay también, causas de tipo universitario que lo hicieron acelerar la realización de una gira retardada desde hace tanto tiempo. Caldera ha de recibir el título de Profesor Honorario de la Universidad del Zulia. Quizá, si su intención no ha cambiado en las últimas horas, el tema de su discurso versará sobre la importancia y la integración de las regiones en la vida nacional y en el Estado, un tema apasionante muy pocas veces analizado con total serenidad, calma absoluta, mente fría y ánimo desapasionado.

Para Caldera no hay satisfacciones superiores a las que ha obtenido en el campo fértil de la Universidad. Ese título honorario que se ha dignado conferirle el cuerpo rector del Alma Máter zuliana lo ha llenado de orgullo, de entusiasmo, de alegría. Luchador estudiantil en pro de la Reforma Universitaria por largos años, en los 16 que lleva de catedrático universitario ha seguido conservando el espíritu de la Universidad. Caldera puede renunciar a su profesión, al ejercicio constante de que es tan devoto, pero nunca a sus cátedras. Caldera concibe la Universidad como una vivencia. Formado en las fuentes que abrevó y contribuyó a la vez a acrecentar don Andrés Bello, pasión de su vida lo constituye el desvelo universitario. De la cátedra, tiene Caldera un concepto moderno, amplio y ágil. El no es el profesor modoso, que se precia del orden liceísta a, b, c, de su exposición. Siendo metódico, no utiliza procedimientos escolares en la exposición de las asignaturas a su cargo.

Hay una manera de enseñar que consiste en señalar los conocimientos, machacarlos en la mente del alumno, insistir sobre ellos en un orden perfecto. Hay profesores con subtítulos y subrayados, en exceso metódicos. Esta no es la manera docente de Rafael Caldera. Los puntos del programa los expone en forma general, con su inmenso poder de análisis, a veces con una elocuencia tan arrebatada que los “buenos” estudiantes de apuntes para el caletre casero se desesperan por la rapidez oral de su exposición. Lo formidable de Caldera como profesor no sólo es la maestría y profundidad con que trata los temas, sino la amplitud de horizontes que busca abrir en el espíritu de los estudiantes. Lo que sugiere, lo que insinúa, lo que relaciona, lo que asocia, las inquietudes que despierta. El conocimiento que se adquiere en la Universidad debe ser una panorámica sobre la problemática del hombre y del saber. La Universidad no forma sabios; señala los caminos que debe recorrer el esfuerzo personal para alcanzar la sabiduría. La Universidad viene a ser eso: norma de vida, tanto para la dignidad como para el conocimiento.

Así, en forma apresurada, he querido escribir estos comentarios para mis queridos amigos del Zulia, encantados con la visita de Caldera. En una tierra generosa y previsora como la zuliana, la palabra y las enseñanzas de Caldera encuentran abonado terreno de inteligentes espíritus y despiertos corazones. Maestro de dignidad en un país donde a menudo se comercia con las convicciones y hasta con la honradez, al entrar de nuevo en contacto con el pueblo zuliano, estoy seguro de que Caldera habrá reforzado su fe en los destinos nacionales y recibido alientos para una empresa donde campean por sobre cualquier otro concepto la noción de servicio, la revalorización del espíritu y su proyección social.



Artículo publicado en "Panorama", periódico zuliano,  el 19-10-58. Luego reproducido en "LUIS HERRERA CAMPÍNS - Palenque - Retrospectiva de un compromiso con Venezuela", publicación del Fondo Editorial IRFES,  compilación de Guillermo Yepes Boscán. Maracaibo, 1979




Historia DC Venezuela

 

CAMPAÑA ELECTORAL DE 1947: UNA FOTOGRAFÍA SINGULAR



FOTO TOMADA DE LA PÁGINA WEB RAFAELCALDERA.COM



Campaña electoral de 1947: atravesando un río llanero -seguramente en Portuguesa, a juzgar por la placa de uno de los vehículos- y a bordo de una balsa, en esta vieja y borrosa fotografía, aparecen, de izquierda a derecha, Rafael Caldera, candidato presidencial de Copei, Eduardo Tamayo Gascue, Luis Herrera Campíns, Rafael Angel Cartaya y Rodolfo José Cárdenas, entre los identificables. 


Historia de Venezuela, Luis Herrera Campíns

 

EL 23 DE ENERO Y EL ENTENDIMIENTO

 

 


Luis Herrera Campíns

 

Así como en los niños y en los jóvenes, en los pueblos hay que hacer ejercicios de memoria. Esta facultad del intelecto necesita entrenamiento para que pueda prestar provechos y beneficios personales o colectivos. Se debe enseñar a leer y a estudiar para que se aprenda y aprehenda lo fundamental, lo que tiene carácter esencial, lo que es trascendente, necesario o útil y los esfuerzos de fijación no se pierdan en cuestiones secundarias que no valen la pena. Los pueblos tienen que aprender a vivir la historia que cada día escriben en el proceso de superación, en la búsqueda sosegada o intranquila de caminos que encaucen hacia metas positivas y definidas sus aspiraciones, ideales y anhelos. De ahí que el papel de los conductores tenga que esmerarse en el señalamiento de la debida interpretación que deba darse a los hechos para que la conducta posterior derive enseñanzas útiles y le permita idóneamente adecuarse a las circunstancias y las exigencias históricas.

Tendemos ordinariamente los venezolanos, como muchos otros pueblos, a olvidar con demasiada rapidez. Parece como si la vida se nos fuera en simples emociones o en motivaciones sentimentales que desaparecen casi sin dejar huellas. En los últimos años hemos olvidado, por ejemplo, el significado de fechas de una trascendencia política y nacional sobresaliente. El 18 de octubre de 1945, que marca una etapa de deslinde entre la vieja concepción de la política y la forma nueva de emprenderla, casi ni se recuerda, inclusive por parte de quienes fueron actores en papel protagonista, que se sitúan como si quisieran hacer olvidar aquel acontecimiento que rompió con los epígonos gomecistas que aún perduraban en el trasfondo de la administración pública y que incorporó a la totalidad del pueblo a la preocupación por la política y por la marcha del gobierno y que le brindó la oportunidad ansiada de participar activamente en la conducción nacional del sistema democrático. Con el 23 de enero pasa cosa similar. Aquella estupenda jornada de conjunción nacional escenificada en 1958 se hizo para derrocar una tiranía ya cuarteada por las tropelías y la yugulación de las libertades ciudadanas. Entonces se probó cuánto se puede hacer cuando hay un objetivo unificador, una meta en cuya consecución concurren todas las voluntades con disposición para alcanzarla.

De esta conjunción de esfuerzos y propósitos se deriva lo que se dio en llamar "el espíritu del 23 de enero", o sea, la insistencia en lo común antes que en lo diferente, el situarse todos en la línea de coincidencia con olvido de las discrepancias innegables existentes. Esa actitud puede caracterizarse como "entendimiento" o como "comprensión", según se prefiera uno u otro término. Lo que dejó ver, y allí está la pedagogía nacional no desechable de esa importante lección, es que los venezolanos tenemos excelente potencialidad para el entendimiento cuando queremos entendernos y no nos dejamos ganar por las tentaciones de la discordia.

Pero sucede que los entendimientos de gran amplitud en este país han sido de naturaleza transitoria, frente a una situación determinada y concreta, en una emergencia fácilmente agotable en el tiempo. Hemos carecido de la noción del entendimiento a largo plazo para empresas que requieran constancia, dedicación y entrega constante. Entre unirnos y separarnos, entre coincidir y discrepar se nos han pasado brillantes oportunidades para el desarrollo y para la tarea de construir en todos los aspectos que la realidad pide, un país distinto. Lo menudo ha entorpecido la acción común posible y cuando se trata de revalorizar las enseñanzas del ayer cercano, se lo hace de tal modo que se desvirtúa su sentido, significado y proyección. Por eso los socialcristianos hemos tenido una actitud marginada de participación en los actos con que se celebró este año el 23 de enero, porque en ellos privaron objetivos políticos demasiado estrechos y se buscó una combinación que aglutinara solamente a quienes se deseaba aglutinar. Entonces se establecen recelos con relación a la fecha festejada, inclusive hacia atrás, aunque ningún demócrata trate de olvidar la trascendencia que tuvo en la historia nacional. Lo malo es que esas fechas tratan de ser aprovechadas sectariamente y así se hace un mal irremediable a la buena fe y a la buena voluntad común.

Hoy en día la conjunción de esfuerzos que debemos hacer ha de orientarse hacia dos fines básicos: la pacificación sincera, para que la gente pueda vivir sin zozobras en una tranquilidad democrática que invite al trabajo y a la creación y el desarrollo integral de nuestros recursos para vencer la negligencia de otras épocas, superar el atraso y obtener el mayor bienestar social. Para estos propósitos, los venezolanos de hoy tenemos que preparar nuestro espíritu, como si se tratara de un nuevo 23 de enero, es decir, la afloración de las coincidencias por encima de lo que nos distancia y nos separa. Una gran empresa requiere grandes esfuerzos y magníficas voluntades acordes. Cuando hemos querido, hemos logrado este anhelo.


Panorama, 6 de enero de 1965 (Publicado asimismo en “Palenque” – Fondo Editorial Irfes, Maracaibo 1979.)


Historia DC Venezuela, COPEI

 


LOS 80 AÑOS DE Copei

Gehard Cartay Ramírez



Una minoría desafiante


El partido social cristiano Copei, fundado el 13 de enero de 1946, arriba a sus ochenta años de fundado.

La trayectoria del partido, desde entonces, revela la corajuda acción de sus fundadores por convertirlo, peldaño a peldaño, en un partido de masas, algo que lograrán 20 años después. Rafael Caldera, Pedro del Corral, Lorenzo Fernández, José Antonio Pérez Díaz, Luis Herrera Campíns, Mauro Páez Pumar y Edecio La Riva, entre otros, constituirán el grupo germinal.

Será una minoría desafiante cuando se elija la Constituyente de 1947, en la que Caldera cumplirá un papel estelar. En 1948 el joven líder copeyano enfrentará a Rómulo Gallegos en una desigual disputa por la presidencia, alcanzando el 22,4% de los votos frente al 74,4% obtenido por el ilustre escritor como candidato de AD. Durante el también llamado trienio adeco (1945-1948), la lucha será violenta y agresiva entre AD, Copei y Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jóvito Villalba. Pero aquel combate frente a AD, por difícil que pudo ser, impidió que se implantara un sistema político influenciado por el PRI mejicano, a mediados de los años cuarenta, tentación que entonces atrajo a AD.

En noviembre de 1948 los anteriores socios militares de Betancourt derrocan a Gallegos. En 1950, luego del magnicidio contra el presidente de la Junta Militar, coronel Carlos Delgado Chalbaud, quienes lo suceden mantienen a regañadientes su promesa de convocar una nueva Constituyente. Ilegalizados AD y el PCV, serán URD y Copei los que participen con una campaña electoral desbordante en todo el país. Al final, URD gana esas elecciones en 1952 -Copei queda de segundo-, pero el coronel Pérez Jiménez desconoce los resultados y se hace nombrar presidente de la República, iniciando así una nueva dictadura militar. Villalba es desterrado, mientras un grupo reducido de copeyanos se pliega al régimen. Más tarde, Caldera será acosado y finalmente detenido por la policía política hasta que, a comienzos de 1958, logra salir al exilio, protegido por la Nunciatura Apostólica.


Camino a la mayoría


Pérez Jiménez será derrocado el 23 de enero de 1958 por una rebelión militar que tuvo el apoyo de los partidos que se mantenían en la clandestinidad. Se realizan elecciones presidenciales en diciembre de ese año. Gana Betancourt, seguido por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal y Rafael Caldera. Copei baja al tercer lugar.

Inmediatamente se forma un gobierno de coalición entre AD, URD y Copei, bajo los lineamientos del Pacto de Puntofijo. Copei será leal a este acuerdo hasta el final, a diferencia de URD que lo abandonará tempranamente en agosto de 1960, encandilado por la llamada Revolución Cubana. Fue fundamental el papel cumplido por Copei para mantener aquella democracia inestable y asediada desde la extrema derecha y la extrema izquierda.

En 1963, el gobierno coaligado fue a la contienda con dos candidatos presidenciales: Raúl Leoni por AD y Caldera por Copei. Ganó el primero y el abanderado copeyano llegó de segundo. Entre ambos sumaron más de la mitad de los votos emitidos entonces.

A partir de 1968, con la elección de Rafael Caldera como presidente de Venezuela, Copei se convirtió en la alternativa electoral frente a AD. Fue la primera vez que un líder opositor derrotaba electoralmente al candidato del gobierno, sin llegar al poder por la puerta trasera del golpe de Estado. A partir de entonces hubo en los años siguientes alternancia entre ambos partidos: Carlos Andrés Pérez ganó en 1973, Luis Herrera Campíns en 1978 y Jaime Lusinchi en 1983. La polarización AD-Copei se mantuvo en 1988 con la victoria de CAP, pero se acabó en 1993, con la segunda llegada de Caldera a la presidencia, por encima de los dos partidos.

Otra gran contribución de Copei a la democracia venezolana fue la de haber formado ideológica y políticamente, a través de un instituto fundado en los años sesenta por Arístides Calvani, a miles de dirigentes jóvenes, sindicalistas, profesionales y sectores de clase media, como pocas veces antes pudo hacerlo partido alguno en Venezuela y en el continente.


Obra de gobierno


Los dos gobiernos socialcristianos de Caldera (1969-1974) y Herrera Campíns (1979-1884) dejaron una obra importante para la conciliación, la modernización y el progreso de Venezuela, independientemente de sus errores. Examinarla íntegramente necesitaría mucho más espacio, por lo que apenas citaremos algunos datos.

En la primera gestión del presidente Caldera hubo un logro trascendente: la política de pacificación, que permitió -luego de su derrota política y militar- la incorporación al debate democrático de quienes se habían alzado en armas en contra de las instituciones democráticas. El proceso de negociaciones fue confiado a una comisión encabezada por el cardenal Quintero, y quienes se acogieron al mismo fueron indultados y reintegrados a la lucha cívica.

Al lado de esta iniciativa histórica, se construyeron importantes obras públicas (hospitales, universidades, liceos, autopistas, carreteras, vialidad urbana, viviendas, etc.) y otros logros fundamentales como la nacionalización del gas y la política de reversión petrolera, anticipo de su nacionalización, así como en materia agropecuaria e industrial. Tuvo, sin embargo, serios problemas con las universidades autónomas.

Por su parte, el gobierno del presidente Herrera también realizó una obra material considerable en instalaciones hospitalarias, educativas, culturales, deportivas, electricidad, vialidad, transporte público (ejecución de la primera etapa del Metro de Caracas), fortalecimiento de PDVSA y sus refinerías, viviendas populares, etc., aunque con algunos lunares indeseados en política económica y deuda externa. Pero, en general, el suyo fue un gobierno que respetó los derechos humanos, mantuvo la paz y promovió el diálogo y el entendimiento.


Auge y decadencia


Copei fue un partido que desde su fundación hasta las elecciones de 1988 mantuvo una curva ascendente en su votación, salvo algún descenso en 1983.

Este crecimiento sostenido se debió a las candidaturas de su máximo líder en 1947, 1958, 1963 y 1968, cuando fue electo presidente de la República por primera vez, y continuó con Lorenzo Fernández en 1973, incluso perdiendo frente a CAP; Luis Herrera Campíns, quien ganaría los comicios en 1978; (En 1983, cuando Lusinchi venció a Caldera la votación descendió cerca de 200.000 votos) y Eduardo Fernández, aun habiendo sido derrotado por Pérez en 1988. En 1993, frente a un cuadro multipolar y con la candidatura de Caldera por fuera, el nominado copeyano Oswaldo Álvarez Paz vio reducidos sus votos a un poco más de la mitad obtenida por Copei cinco años antes. Pero junto a las victorias de 1968 y 1978, el siguiente momento culminante del partido socialcristiano fue en 1992 cuando ganó 11 gobernaciones, derrotando a AD.

Luego de aquello, Copei inició su declive. Sin embargo, ese es un proceso que tenía antecedentes significativos: la lucha por la candidatura presidencial entre Lorenzo Fernández y Herrera Campíns en 1973 afectó la unidad emocional y se produjo la derrota frente a CAP. Luego vinieron los desencuentros entre el gobierno del presidente Herrera y la dirección del partido, todo lo cual afectó la candidatura de Caldera en 1983. Más tarde, se produjo el enfrentamiento entre Caldera y Eduardo Fernández por la candidatura presidencial de 1988. Entonces ganó el segundo, pero el líder fundador se fue a la reserva.

En 1993, luego de unas exitosas primarias, Álvarez Paz obtendrá la nominación presidencial de Copei, pero, al final, la candidatura independiente de Caldera alcanzará la victoria. Cinco años más tarde se profundizaría la debacle copeyana. Sus autoridades habían cortejado y hecho suya la candidatura independiente de la alcaldesa Irene Sáez, a quien todas las encuestas daban como ganadora en 1998. Esa candidatura se desinfló en poco tiempo, dando paso a la polarización entre Hugo Chávez y Henrique Salas Römer, a quien -a última hora- decidió apoyar la cúpula socialcristiana. Lo demás es historia conocida: Copei no ha vuelto a lanzar candidato propio desde 1993, y a partir del 2000 ha apoyado siempre al abanderado que la mayoría de la oposición ha escogido.

Desde hace algo más de una década, al judicializarse su conflicto interno y poner en manos del TSJ la decisión final, este ha terminado designando sus autoridades, siempre en la línea de favorecer a quienes el régimen considera sus aliados dentro de Copei.  



 

COPEI 1975: 29 años de su fundación

 



El aniversario de 1975: Los Caobos




Faltaba poco para que el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez cumpliera un año y, era de suponer, mantenía su todavía enorme popularidad. Hubo voces que aconsejaron a los partidos de la oposición respaldarlo abiertamente porque, de no hacerlo, hubiese tenido un efecto contrario: la oposición sería cada vez más impopular. No obstante, fruto de un continuo debate interno, como corresponde a todo partido democrático respecto a sus instancias de conducción, COPEI asumió plena y corajudamente su rol opositor, sin ambages. Y lo hizo, en el marco del bipartidismo que resultó de los comicios de 1973, por tres razones fundamentales: un porcentaje importantísimo de la población demostró su confianza en el partido demócrata-cristiano haciéndolo genuinamente representativo en el Congreso de la República, en las Asambleas Legislativas, en los Concejos Municipales de todo el país; frente a la gran victoria adeca, era necesario mantener vigente una alternativa decidiidamente democrática, legítima y confiable; y, a pesar de la bonanza petrolera que reportó el consabido embargo árabe que benefició al nuevo Gobierno, no había cumplido el año Pérez en el poder, y ya se asomaban algunos fracasos, tendencias al despilfarro, y a políticas públicas equivocadas que los expertos demócrata-cristianos oportunamente denunciaban.


Tempranamente, el gobierno de Pérez comenzó a incurrir en errores que una oposición timorata dejaba pasar, a excepción de la que recia y concienzudamente ejercía COPEI. Tomemos un ejemplo: a pesar de controlar a ambas cámaras, con un importante nivel de respaldo popular, apenas comenzando el Gobierno, repletas las arcas públicas de recursos, el oficialismo buscó una ley habilitante raramente aplicada en las décadas anteriores. En efecto, para mayo de 1974, quedó sancionada la Ley Orgánica que autorizaba al presidente para dictar medidas extraordinarias en materia económica y financiera.  COPEI se opuso frontalmente, porque no había una situación de emergencia que justificara ese instrumento que dejaba a la naciente administración con las manos libres para hacer lo que quisiera, saltándose injustificadamente los mecanismos institucionales que le hubiese permitido implementar las medidas que juzgara necesarias, por lo menos, en el marco de discusión con otras fuerzas políticas. 


El Movimiento Al Socialismo (MAS), expresión de la izquierda marxista, votó a favor de esa habilitación presidencial, cometiendo un error garrafal.


Es este el marco del 29° aniversario de la fundación del COPEI y, demostrando el acierto de una correcta política de oposición, seria y responsable, el partido realizó el mítin aniversario central en Plaza Venezuela de características francamente multitudinarias, como ocurrió en las principales localidades del país. Y, a pesar de que era muy temprana la ocasión,  el país de nuevo fijó su atención en Luis Herrera Campíns, quien gozaba de una creciente e incontenible popularidad, sabiendo ubicar su papel y el del partido mismo para entonces: “En COPEI no se ha abierto ningún proceso de precandidaturas para las elecciones de 1978, pues estamos en proceso de reorganización interna y preparándonos para la lucha”, le manifestó al reportero del diario Al Cierre (Caracas, 14/01/75).


Las declaraciones de Herrera Campíns para el periodista Ciro Quintero, las dio cuando llegaba a la celebración aniversaria del partido que se hizo nada más y nada menos que en el parque de Los Caobos, como deja constancia  la fotografía de Scotto. En la misma edición, queda registrado un inteligente comentario de Edecio La Riva Araujo: “Lo único que a mí me gusta de la oposición es que significa el comienzo del Gobierno”, en el curso de la gran fiesta popular de los verdes. 


COPEI celebró sus elecciones internas a finales de 1975, quedando confirmado el acierto de una política opositora franca y abierta, y – denominado el “Campeón del Retorno” – Luis Herrera Campíns ganó la nominación del partido y, finalmente, con paciencia, tesón y sabiduría, alcanzó la presidencia de la República con los comicios de 1978.

Luis Herrera Campíns: Frente a 1958

 


Sobre un esclarecido documento




 

Al finalizar 1957 concluía el gobierno provisional de Marcos Pérez Jiménez que, por cierto, se consideraba representante legítimo de las Fuerzas Amadas, según los términos acordados por la Asamblea Nacional Constituyente electa fraudulentamente en 1952. El último año del dictador fue muy particular, pues, mintiéndose a sí mismo, tuvo la ilusión de un absoluto control del país que presuntamente le agradecía su fortaleza y prosperidad mientras en Estados Unidos de América se incrementaba la aplicación del programa de restricciones voluntarias de las importaciones petroleras, afectando obviamente a Venezuela, por lo que el gobierno decidió otorgar nuevas concesiones, e ideó una fórmula para burlar el mandato constitucional que paradójicamente él mismo se dio con la Carta Magna de 1953.

Por supuesto, el régimen no permitía elección libre alguna y no se le ocurrió otra fórmula que la de un plebiscito que le permitiría a Pérez Jiménez prolongar la dictadura militar, por lo menos, hasta 1963. Deseándolo viable, aumentó la censura y la represión tratando de acallar las voces del descontento, tendiendo a creer la opinión pública que el gobierno de facto sobreviviría con cualquier maniobra que se le ocurriera, subestimando las oportunidades que ofrecía el fin del quinquenio post-constituyente.

Detrás de los barrotes, en la  calle, o en el exilio, la oposición comenzó a debatir en torno a la realidad de una coyuntura que parecía prometedora, pero requería de argumentos muy específicos y concretos para acordar la táctica más adecuada en atención a una estrategia acertada, algo que requería de un exacto conocimiento de la situación y de una extraordinaria madurez política como los demostrados por Luis Herrera Campíns, un joven dirigente democratacristiano con apenas 32 años de edad, quien había pasado de la prisión al exilio, y quien escribiera un ensayo premonitorio: “Frente a 1958 (Material de discusión política electoral venezolana)” [Ediciones HERCAMDI, Caracas-Roma, 1957].

En efecto, Herrera Campíns suscribe un documento muy bien estructurado y fundado en torno a lo que estimó como una inminente crisis del régimen dictatorial, considerando 1958 como un año de inflexión.  Observa el autor el aumento de la represión, las circunstancias que atraviesa la oposición y su “desesperante timidez”, y el grado de dependencia petrolera, cuya renta beneficia a las élites que sostienen al Gobierno.

Realiza un conjunto de propuestas que, por entonces, no eran tan obvias como supusimos años después: la necesidad de un acuerdo unitario de la oposición, que requería de conversaciones y contactos previos entre partidos con viejas rivalidades, añadido a ello el acercamiento con emisarios del régimen para explorar una salida negociada; asimismo estima que las elecciones pendientes conforman una “rendija” para presionar por las garantías constitucionales, en lugar de una puerta franca y abierta; se inclina por una transición de pasos progresivos,  pregonando la organización social por encima del caudillismo; propone un programa mínimo común de las distintas fuerzas políticas. Y, aunque el documento no se hizo viral por entonces, no se pudo difundir masivamente, por lógicos motivos, sin duda ejerció una importante influencia en los cuadros de conducción de la oposición constituida en Junta Patriótica en junio de 1957; recuérdese que el documento en cuestión fue publicado en abril del mismo año.

Herrera Campíns calibró diferentes opciones, como una reforma constitucional, un nuevo golpe de Estado, las elecciones generales, la posibilidad de una candidatura civil o militar de la dictadura; evalúa las oportunidades perdidas, los comicios estadounidenses, la responsabilidad histórica de los partidos, la abstención y deserción, el poder del sufragio y, luego, registró las condiciones necesarias para un candidato de la unidad, proponiendo el nombre de Rafael Caldera. Como se sabe, el plebiscito fue una maniobra disparatada que efectivamente desencadenó importantes consecuencias para dar al traste con la dictadura militar, pero es sin duda llamativo el proceso de discusión entre los actores políticos dentro y fuera del país, así como la brillantez y perspicacia analítica del joven dirigente democratacristiano portugueseño.



Luis Herrera Campíns

 

Palabras de José Antonio Rodríguez en el Acto de Premiación del Concurso Literario Centenario Luis Herrera Campíns




Con la entrega de los premios a los ensayos sobre la vida y obra de Luis Herrera Campíns estamos cerrando el año de celebración del Centenario de este venezolano de excepción, protagonista de nuestra más reciente historia republicana.

 

          Estamos llegando al final de esta noble jornada con el sabor del éxito alcanzado, con un equipo de trabajo que siempre tuvo de común denominador la excelencia; cohesionados todos con las ideas claras de dejar en alto la vida y la gestión política de un hombre de profundas raíces democráticas, militante del humanismo cristiano, adverso a la reelección presidencial; con un empeño extraordinario de sacar a los venezolanos adelante a través de la educación y la cultura; y de una razonada y crítica visión de una economía que solo estaba bien maquillada por las finanzas petroleras.

 

          El equipo humano convocado para hacer del conocimiento de las nuevas generaciones venezolanas los elementos fundamentales para analizar la gestión presidencial de LHC siempre tuvo claro lo controversial y complejo de su época, su aguda personalidad y su arraigo a la necesidad de hacer de la democracia una forma de gobierno perfectible, que sería mejor en la medida que aupara la organización social del pueblo con la pluralidad ideológica necesaria para hacer más efectivo y eficiente el sistema democrático como la forma superior de gobierno en libertad.

 

          Los premios que hoy entregamos son producto de una convocatoria realizada al mundo estudiantil por una parte y al sector que denominamos la audiencia general por la otra, como parte de una estrategia de motivación a dos grupos que sintieran que competían en igualdad de condiciones. El proceso de convocatoria, selección de trabajos, su evaluación y veredicto final es impecable: por una parte se creó una plataforma tecnológicamente  de última generación para atender las 135 personas que se inscribieron desde 19 estados del país, representando 23 instituciones educativas; de 18 profesiones diferentes; y donde más del 50 por ciento de estos inscritos oscilan entre 20 y 40 años de edad; y  así permitir a un jurado de lujo poder leer y evaluar 50 ensayos que fueron escrutados por Elías Pino Iturrieta, Edgardo Mondolfi y José Rodríguez Iturbe. Tres venezolanos intelectualmente impecables de dilatada vida académica dentro y fuera de Venezuela.

 

          Los temas investigados por los participantes del concurso de ensayos son tan variados como acertados. Elías Pino, quien hablará en nombre del jurado, podrá ahondar más en esos detalles.

 

          Los escritos ganadores y los no ganadores van a ser publicados totalmente en nuestra página web en formato digital, tanto en la web de la Comisión Centenaria como en la página web de JAR Politólogos y Asociados. Los trabajos hoy premiados, 6 en su totalidad, serán consignados en copia dura a esta Biblioteca Central de nuestra máxima casa de estudios en las próximas semanas. Señor Rector Victor Rago Albujas, eternamente agradecidos con Ud. por brindarnos su presencia y este magno local.

 

          Cerrar el año Centenario de LHC en la UCV es un acto que garantiza a nuestra universidad su presencia de ser custodia de la historia de Venezuela. Por una parte, es importante recordar que LHC es egresado de esta casa de estudios como abogado; que es de igual importancia recordar hoy, en este recinto universitario, que la educación fue la primera y más importante prioridad de su Gobierno.

 

          Dejamos a través de nuestro trabajo invalorables testimonios de la historia de Venezuela recogidos en formato de la más moderna tecnología que nunca podrán ser alterados ni borrados de la memoria histórica de Venezuela. Las nuevas generaciones saben que tienen una referencia documental a mano para estudiar y entender periodos de nuestra historia que, con actores distintos, fue ética y políticamente más elevada que la que estamos viviendo a diario.

 

Distinguidos amigos y amigas:

 

Con sentimientos encontrados de alegría y tristeza me permito señalar con este acto del día de hoy, la conclusión por parte de esta comisión centenaria de los actos conmemorativos de los Cien Años de nuestro estadista Luis Herrera Campíns; no sin antes agradecer públicamente y ofrecer mi sentido reconocimiento a la familia Herrera Urdaneta, encabezada por nuestra queridísima  señora Betty, quien no ha podido acompañarnos físicamente hoy; mi reconocimiento a los miembros de la Comisión Centenaria encabezada por Humberto Calderón Berti nuestro presidente; a Pilarica Romero, eje fundamental en la implantación de todas las decisiones que adoptamos en la etapa de planificación hace un poco más de 3 años; a Ciro Chapón Pérez, Director Ejecutivo de JAR Politólogos y Asociados, y a todos los que colaboraron directamente en la realización exitosa del trabajo que hoy celebramos; en España a Eduardo Carrillo Salazar, secretario Ejecutivo de la Comisión.

 

A todo nuestro equipo audiovisual y a nuestra Community Manager jefe, María Gabriela Vera Rodulfo, por la producción y edición de tan maravillosos videos.

 

Nuestro reconocimiento a la Federación de Centros Universitarios de la UCV, en la persona de su presidente Miguel Ángel Suárez, de los Centros de Estudiantes de La Escuela de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCV en la persona del bachiller Ilán Chacón, y a los Centros de estudiantes de La Escuela de Comunicación Social en la persona de su Presidente, la bachiller Alejandra Zamora, y al presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Estudios políticos y Administrativos de nuestra casa de estudios bachiller Israel David Rodríguez, por la organización del ciclo de Foros “Luis Herrera Campíns, una visión desde la Academia”, mediante los cuales pudimos abordar los temas controvertidos de la gestión presidencial de LHC con la decantación y el sosiego que brinda el paso de los años: control de cambios de 1983; los medios de comunicación social frente a las regulaciones de la propaganda de licores, cigarrillos y presencia de los niños en las pantallas televisivas como una forma moderna de explotación, además del periodismo como trinchera política; finalmente en la Facultad de Derecho el tema del concepto de Estado de Derecho para el presidente Herrera Campíns durante su gestión presidencial.

 

Mención especial quiero hacer a mi esposa Sylvia, quien no conoció en vida al presidente Herrera y quien tampoco es proveniente de la vida política de los demócratas cristianos, y quien, muy por el contrario, y pese a sus simpatías con otra ideología política, fue mi mayor soporte y animadora para cumplir yo con las tareas propias del fundador de esta comisión centenaria. Su extraordinaria capacidad y elegancia de anfitriona sin igual, permitió abrir las puertas de nuestro hogar a todas las personalidades a quienes hizo falta atender para cumplir con nuestra tarea.

Distinguidos invitados:

 

          Con la satisfacción de haber cumplido nuestra misión con excelencia y dedicación me permito cerrar esta jornada con el lema que hicimos nuestro durante este año de conmemoración: Nadie ni nada puede derrotar el trabajo.

 

¡Muchas Gracias!