In Memoriam, Fernando Chumaceiro, Historia de Venezuela, Zulia

 

In Memoriam: Fernando Chumaceiro

 



 

Ramón José Medina

 Publicada en la revista SIC - el 20 de julio 2026

 

Conocí a Fernando Chumaceiro a finales de los años 70 del siglo pasado, siendo él presidente de Corpozulia y yo Consultor Jurídico del Ministerio de Fomento, por lo que actuamos en conjunto para abordar temas administrativos competencia de ambos organismos. A partir de esos encuentros comenzó a gestarse una amistad que duró más de 40 años.

Coincidimos luego en actividades políticas y electorales. Durante su gestión como alcalde de Maracaibo mantuvimos estrecha relación sobre todo en el campo presupuestario de la Alcaldía desde la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados.

Posteriormente, fundamos la revista Viernes, junto a Oswaldo Álvarez Paz, Armando Durán, Manuel Felipe Sierra y Leopoldo Castillo.

Hacia mediados de los años 90 fuimos designados miembros de la Junta Directiva del Banco Occidental de Descuento, para entonces una sólida institución bancaria, donde semanalmente nos reuníamos en Maracaibo. Ello permitió que durante todo ese tiempo compartiéramos estrechas experiencias profesionales y personales. Después, de su mano llegaron otros que se fueron agregando al grupo de amigos: su hermano Armando y su hijo Andrés.




Hoy nos enfrentamos a su desaparición física con un profundo sentimiento que navega entre la tristeza por su ausencia y la más sincera gratitud por lo que nos legó. El viernes nos reunimos no solo para despedirlo y elevar una oración por su descanso eterno, sino también para celebrar el inmenso privilegio de haber compartido muchas veces en la vida con él, un hombre extraordinario, más bien digo yo, un hidalgo caballero de estos tiempos.

Hablar de Fernando es evocar la figura del «buen ciudadano» en su máxima expresión. Fue un hombre de inteligencia preclara, de trabajo incansable y de una visión que transformó realidades.

Quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de cerca sabemos bien que su verdadera grandeza no se mide por los altos cargos que ocupó ni por los innumerables reconocimientos que recibió. Su valor real residía en su profunda calidad humana; en ser ese amigo leal, un hombre generoso de conversación franca, enriquecedora y fino humor, siempre dispuesto a tender una mano y a compartir sus experiencias con total humildad.

Nacido en su amada Maracaibo un 12 de julio de 1931, Fernando se formó como abogado y doctor en derecho en la Universidad del Zulia.

Pero su vocación no se quedó atrapada en los tribunales; se extendió a las aulas universitarias como docente y a las páginas de los periódicos como columnista de agudos artículos.

Para él, la cátedra era la forma más pura de humanismo, la manera idónea de, como él mismo decía, “devolver todo lo que había recibido”.

Su vida entera estuvo marcada por una genuina preocupación por «el otro» y por el firme propósito de hacer siempre un esfuerzo por mejorar la calidad de la vida de los ciudadanos a quienes sirvió.

Como funcionario público y empresario, dejó una huella imborrable que hoy es referencia en todo nuestro país de rectitud moral, honestidad, servicio y eficiencia.

Su trayectoria es el reflejo de que la política y la gerencia pueden —y deben— ejercerse con las manos limpias y el corazón puesto en la gente.

Recordamos con admiración sus inicios como concejal y su paso como Diputado al Congreso Nacional en 1969. Después, asumió la presidencia de Corpozulia durante 14 años, convirtiéndose en el gran impulsor del desarrollo de esa región.

Bajo su mirada visionaria nacieron obras estructurales que marcaron un antes y un después: la creación de CarboZulia, el puente sobre el río Limón, el parador turístico de Sinamaica, el Campamento Carbonífero de Guasare, la Sociedad Financiera de Occidente, el Centro Vitícola y el Centro de Inversiones Carboníferas y de Siderúrgicas.

Pero la historia le tenía reservado un lugar de honor imborrable en el corazón de su ciudad natal.

En 1989, el pueblo lo eligió con el voto directo, universal y secreto como el primer alcalde de Maracaibo.

Fernando Chumaceiro no llegó al puesto para ocupar un sillón; llegó a construir la ciudad del futuro.

Con una gestión impecable, transparente y abocada a solucionar problemas, extendió la red de gas, organizó la economía informal, ordenó la recolección de desechos sólidos e ideó la red maestra de transporte. Instituciones vitales como Metromara, PoliMaracaibo, el Catastro de la ciudad y la Fundación de Apoyo a la Economía Popular son el testimonio vivo de su legado.

Su visión moderna de Maracaibo trascendió fronteras.

Logró el financiamiento del Banco Mundial para transformar nuestros corredores viales, recuperó el Paseo del Lago para el disfrute de todos y resguardó con celo nuestro patrimonio histórico. Incluso, su sensibilidad social plasmada en el programa de clínicas móviles le valió el reconocimiento internacional de las Naciones Unidas.

Él creía fielmente que la ciudad es la casa de todos, y que, por lo tanto, afirmaba “todo ciudadano tiene la obligación de hacer un esfuerzo para que la ciudad mejore”. Nos enseñó, con el ejemplo, que la verdadera trascendencia se siembra en el corazón de los demás.

Otra faceta relevante de la vida de Fernando Chumaceiro fue su amor por el Zulia, región-Estado como la llamaba, y desde la zulianidad dio una batalla contra el centralismo, sobre el cual decía: “El peor daño que el centralismo le ha causado al Zulia es haber destruido lentamente su capacidad de iniciativa, de una comunidad activa y creadora como lo fue en otros tiempos pasó a ser pasiva y expectante, atenta a las soluciones que el poder central diseñara y pusiera en práctica. De artífice de sus propias soluciones pasó a ser gestora de otras soluciones que otros niveles territoriales de gobierno debían proporcionarle…” afirmaba “Si la democracia no acaba con el centralismo, el centralismo acabará con la democracia. Esa consigna que utilizábamos y seguimos proclamando diariamente, parece haberse convertido en realidad, a la luz del tipo de democracia que ahora tenemos. Mas centralista y presidencialista que nunca antes. La democracia actual parece más bien un teatro de titiriteros”. Estas, sus palabras, resultaron premonitorias en cuanto a la decadencia de nuestra democracia.

Haciendo eco de las palabras del poeta Antonio Machado, podemos decir con absoluta certeza que Fernando Chumaceiro “fue un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Su conducta personal intachable, su lucha frontal contra la pobreza y su defensa inquebrantable de los valores cívicos lo convierten en un faro moral que seguirá iluminando al Zulia y a toda Venezuela.

A pesar de tantas glorias públicas, Fernando jamás perdió el norte.

Para él, su tesoro más grande y su mayor orgullo siempre fue la familia que formó con Olguita, su compañera de vida y sus hijos. Asimismo, mantuvo una inquebrantable fe cristiana que transmitió a sus familiares y amigos.

Hoy, elevamos nuestra voz al Cielo para pedirle a Dios que lo reciba en su infinita misericordia, que premie sus extraordinarias obras y le conceda el descanso eterno. Rogamos también al Creador que le otorgue fortaleza y consuelo a su hermosa familia, para que encuentren paz en el inmenso amor que él les brindó y en el orgullo de un legado que jamás morirá.


Ramón José Medina  - abogado


Biografía, Historia DC Venezuela, Rubén Darío González, JRC, FTC

Rubén Darío González: Espejo sindical, juvenil,

político y de la vida

 

Por: Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz

18 de abril de 2023

 

I. Introducción

 

·       Contexto de la iniciativa de Saraliliam Lizarraga

·       Honra a los líderes juveniles, incluyendo a Rubén Darío González

·       Breve descripción de la biografía elaborada por Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz

·       Objetivo de la compilación

 

II. Juventud y formación

 

·       Nacimiento y origen de Rubén Darío González

·       La JOC, Labor del Padre Manuel Aguirre Eloguiarra y Arístides Calvani

·       Creación de los Círculos Obreros de Caracas (C.O.C.)

 

III. Compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral

 

·       Vinculación de Rubén Darío González a la acción sindical

·       Formación en el IFEDEC y el INES

·       Participación en la Juventud Revolucionaria Copeyana (J.R.C.), Frente de Trabajadores Copeyanos (F.T.C.), en la CTV y en la CLAT

 

IV. Vida personal y legado

 

·       Matrimonio y familia de Rubén Darío González

·       Fallecimiento y legado para las próximas generaciones

 

V. Conclusión

 

·       Importancia de conocer la vida y obra de Rubén Darío González

·       Reflexión sobre su compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral.

 

Introducción:

 

En el contexto de la iniciativa de Saralilian Lizarraga de revitalizar la Juventud Revolucionaria Copeyana, se honra, entre otros objetivos de importancia, a los líderes juveniles que han partido a otras latitudes, entre ellos, Rubén Darío González. Este hombre, que en su juventud formó parte de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC, desempeñó un papel crucial en momentos difíciles para la juventud y en la definición del pensamiento socialcristiano.

 

Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz, quienes estuvieron cerca de Rubén, han elaborado esta pequeña semblanza de su vida y obra como líder en la JRC y más tarde en el movimiento sindical venezolano.

 

Esta breve biografía presenta su trayectoria de compromiso con la Democracia Cristiana y su paso por la Juventud Obrera Católica (JOC,) donde sus ideales cristianos arraigaron profundamente y lo llevaron a comprometerse con la liberación integral.

 

Gracias a su participación en los Círculos Obreros de Caracas y su formación sindical, Rubén se convirtió en un destacado líder en el movimiento sindical socialcristiano. Esta compilación busca acercar a las próximas generaciones al conocimiento de la vida y obra de este querido y noble amigo y compañero a quien el destino no le permitió más tiempo en su vida útil como ciudadano de bien.

 

II. Juventud y formación

 

Rubén Darío González, conocido como tal, aunque formalmente su nombre completo era: Rubén Santiago Santiago, nació en Santiago de Trujillo, Municipio Urdaneta, un pueblo ubicado a 70 kilómetros de la capital del Estado Trujillo, el 4 de mayo de 1944. Sus padres eran Ercilia Santiago y Rubén González, aunque por desavenencias con su padre, fue inscrito en el registro civil con el doble apellido por su madre y por el pueblo en el que nació, quedando como Rubén Santiago Santiago.

 

III. Compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral

 

En la década de 1940, destacaba la labor del Padre Manuel Aguirre Eloguiarra, quien se dedicaba a crear un movimiento sindical inspirado en la fe cristiana. Junto al Dr. Arístides Calvani, quien venía trabajando activamente desde 1945 con el Padre Manuel Aguirre, se creó una estructura que serviría como base para un futuro movimiento sindical obrero.

 

 


Rubén Darío González

 

 

El Padre Manuel Aguirre, iniciador de los Círculos de Estudios de la Doctrina Social Católica, se interesó por las actividades del Padre Leopoldo Brentano, quien dirigía los Círculos "Los Operarios". Prefirió orientarse por el camino del Padre Brentano y consiguió estructurar un movimiento sindical partiendo de la familia obrera y sus actividades cotidianas, para brindarles un ambiente donde reunirse y expresar sus aspiraciones.

 

Así, se comenzaron a elaborar los estatutos del Círculo Obrero de Caracas, en los que intervinieron varios abogados. Finalmente, el 5 de julio de 1945 se reunieron en San José del Ávila un grupo de trabajadores que venían laborando con el Padre Manuel Aguirre Eloguiarra, y se aprobaron los estatutos de los Círculos Obreros de Caracas (C.O.C.), que luego se registraron como una entidad legal.

 

Para 1962, los Círculos Obreros de Caracas ya habían preparado a jóvenes y Rubén Darío González, con apenas 18 años de edad, se vinculó al llegar desde el Estado Trujillo a la capital, incorporándose activamente en las actividades del padre Manuel Aguirre en su sede, ubicada inicialmente entre Cuartel Viejo y Altagracia en una casa del centro de Caracas y posteriormente en las esquinas de Balconcito a Truco N.º 79, junto a Rafael Rodríguez Acosta y Johnny Diaz Apitz, quienes además de sus estudios, estaban participando en las actividades de la Juventud Obrera Católica (JOC).

 

Fue allí donde Elio Aponte González, Dagoberto González y el Dr. Arístides Calvani animaron a estos jóvenes a incorporarse a la acción sindical y comenzaron a formarlos en el Instituto de Formación de la Democracia Cristiana (IFEDEC) y en el Instituto Nacional de Estudios Sociales (INES), creado en 1961 y dirigido por el Dr. Arístides Calvani.

 

Rubén Darío González, por su parte, se incorporó de lleno al trabajo de la Juventud Revolucionaria Copeyana (J.R.C.), participando activamente en sus actividades y en paralelo con el Frente de Trabajadores Copeyanos (F.T.C).

 

IV. Vida personal y legado

 

Rubén Darío González contrajo matrimonio con Gloria Lilue Bittar el 1 de septiembre de 1963 en la Iglesia de la Parroquia Altagracia. Tuvieron tres hijos: Rubén Darío Santiago Lilue, Alejandro Darío Santiago Lilue y Olga Marina Santiago Lilue.

 

En octubre de 1962, Rubén Darío participó en la III Asamblea Nacional del F.T.C., donde fue electo secretario de Doctrina de ese Organismo Funcional. También se unió al trabajo de la JRC, donde conoció a Abdón Vivas Terán, líder estudiantil con quien trabajó en la juventud copeyana.

 

En la IV Convención Nacional Juvenil en Caracas en octubre de 1965, Rubén Darío fue elegido Subsecretario Nacional Juvenil de la Juventud Revolucionaria Copeyana, acompañando a Vivas Terán, quien fue elegido secretario nacional Juvenil. A los pocos meses de haber sido electos, en una decisión injusta por parte del Comité Nacional de COPEI, fueron destituidos por haber tenido posiciones que consideraban justan en materia ideológica y en materia de respeto a la libertad de expresión de los dirigentes juveniles en cuanto a temas que fueran de su interés exponer.

 

Sostenemos que aquella decisión de las autoridades nacionales de COPEI fue exagerada, injusta e ilegal, de acuerdo con los Estatutos del Partido y las normas establecidas en la Constitución Nacional En respuesta a esa destitución sorpresiva, algunos dirigentes juveniles de COPEI encabezados por Rubén Darío González, dirigieron una importante comunicación a Don Pedro del Corral Presidente de COPEI, en la cual mantenían una posición crítica hacia la democracia interna del partido y la falta de igualdad de oportunidades para todos los militantes y dirigentes. Los autores de ese documento, promovido por los dirigentes liderados por Rubén Darío González, enfatizan la importancia de la libertad ideológica y el debate en el partido, y hacen un llamado a una reforma del Programa General. Además, denunciaron la destitución de los compañeros sin permitirles el derecho a la defensa, y critican la creación de una tipología del delito ideológico, que podría conducir a una inquisición peligrosa y explosiva. En resumen, la crítica presentada es a la falta de democracia interna y la falta de igualdad de oportunidades en COPEI, así como una denuncia de la expulsión injusta de compañeros y la creación de una tipología del delito ideológico.

 

Al quedar vacante, en la Juventud Revolucionaria Copeyana por lo ya narrado, en 1966, con motivo la celebración del V Congreso Latinoamericano de Trabajadores en Panamá, Rubén Darío González incursionó en las actividades sindicales a nivel latinoamericano y fue electo Miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Latinoamericana de Sindicatos Cristianos (CLASC), que más tarde se convirtió en la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT). En el VI Congreso Latinoamericano celebrado en Bogotá en 1971, también participó activamente.

 

Rubén Darío González jugó un papel importante en el campo latinoamericano y viajó a distintos países de la región de América del Sur y Centroamérica, así como el Caribe. La CLASC surgió en 1954 en Santiago de Chile como una acción impulsada por la Confederación Internacional Sindical Cristiana (CISC), destinada a promover el sindicalismo cristiano en la región. Su proceso de conformación da cuenta tanto de una debilidad organizativa inicial como de la estrategia que se dieron para llegar a conformar un colectivo importante en términos cuantitativos y cualitativos.

 

En 1971, la CLASC pasó a llamarse Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) y amplió su arco de representación más allá de identidades religiosas. Rubén Darío jugó un papel importante y trascendental en todo este proceso. La CLAT logró instalarse con mayor fuerza en Venezuela, Ecuador, República Dominicana, Colombia y otros países de la zona del Caribe, y su mayor influencia estuvo entre los sectores campesinos y urbanos pobres de los países menos desarrollados.

 

Durante un encuentro en el que participó Rubén Darío González, se discutió sobre la construcción de una sociedad de nuevo tipo, no capitalista, y se planteó la idea del "Socialismo Comunitario" como una opción política e histórica para la clase trabajadora. La propuesta se basaba en la idea de poner el poder político y económico en manos de los y las trabajadoras y el pueblo organizado, inspirado en el humanismo cristiano.

 

Después de este encuentro, Rubén Darío González viajó a Chile por unos meses para cumplir misiones en el campo latinoamericano y especializarse en las actividades políticas y sindicales de ese país. A su regreso, se reincorporó nuevamente a las actividades sindicales y fue elegido miembro del directorio nacional del Frente de Trabajadores Copeyanos en la IV Asamblea Nacional del FTC en octubre de 1966.

 

En 1974 se inauguró la Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL), que complementó las actividades de formación, investigación, documentación y divulgación de la CLASC. Rubén Darío González contribuyó con sus conocimientos, al montaje de este proceso de formación debido a su experiencia como dirigente en el Comité Ejecutivo y en Buró Político de la CLAT.

 

En la V Asamblea Nacional del FTC en enero de 1971, Rubén Darío González fue elegido Subsecretario Sindical Nacional del FTC y, además, secretario nacional de Relaciones Internacionales por su magnífica labor en las actividades sindicales y políticas y sus conocimientos adquiridos en el campo internacional. También fue el iniciador de la Central de Servicio Sindicales, SERVISIN, y fue elegido presidente de la directiva para ese entonces y fue el director del departamento de Recursos Financieros del movimiento.

 

En abril de 1974, el Comité Unitario de Sindicalistas Cristianos (CUSIC) se convirtió en el Movimiento Nacional de Trabajadores para la Liberación (MONTRAL), liderado por Dagoberto González y Rubén Darío González. En su primera Junta Directiva fundadora del MONTRAL, Rubén Darío González representó al FTC y asumió la dirección del Departamento de Recursos Financieros.

 

Este movimiento coordinaba los esfuerzos de distintas ramas existentes, incluyendo el Movimiento Magisterial Socialcristiano (M.M.S.C.), CODESA, el Movimiento Agrario Social Cristiano (M.A.S.C) y la Central Nacional Campesina (C.N.C.) y esta contaba con los asesores: Dr. Arístides Calvani, José Rodríguez Sáez y Felipe Montilla.

 

Durante el periodo en que Rubén Darío González formó parte del Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC), se llevaron a cabo importantes acontecimientos que marcaron la historia del movimiento sindical venezolano.

 

En el VII Congreso Nacional de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), que se celebró del 25 de abril al 1º de mayo de 1975 en el Parque Central de Caracas, el FTC se consolidó como la segunda fuerza sindical del país, superando al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y siendo parte del Comité Ejecutivo de la CTV a través de la Secretaría de Estudios Técnicos y Contractuales, liderada por Rubén Darío González.

 

La VI Asamblea Nacional del FTC se llevó a cabo el 22 de noviembre de 1975 para el periodo 1975-1979. Según el nuevo Reglamento Orgánico del FTC, las Asambleas Nacionales quedaron encargadas de ser el organismo cuya única función era la elección de los miembros del directorio nacional. En este evento Rubén Darío González fue ratificado como Subsecretario Sindical Nacional, acompañando nuevamente a Dagoberto González como secretario Sindical Nacional.

 

Pero Rubén Darío González, con su capacidad de trabajo que tenia de hombre inquieto e intenso, incursionó como periodista asimilado. Es que, para la escritura, tenía una capacidad excepcional.

 

Es esta inquietud que lo llevó a crear un Periódico el cual tenía como nombre: “Periódico FRENTE”. Junto con Johnny Diaz Apitz y los dos actuando como director y subdirector, llegaron a imprimir por algunos años, unos 100 ejemplares, que meses a meses eran impresos en 10 mil ejemplares y este se convirtió en un órgano de información, orientación y formativo.

 

V. Conclusión

 

La Juventud Revolucionaria Copeyana y El movimiento sindical venezolano e internacional, al cual le sirvió con tanta dedicación y mística, sufrió una gran pérdida el 27 de junio de 1977, cuando Rubén Darío González falleció repentinamente. Rubén había sido una de las promesas más destacadas del movimiento, habiendo jugado un papel importante en el desarrollo y consolidación de la Juventud Revolucionaria Copeyana y luego en el campo sindical a través del FTC, en la CTV y en la CLAT, una de las principales fuerzas sindicales de Venezuela y de América Latina.

Rubén sintió malestar y decidió ir a chequearse. Los médicos, lamentablemente, descubrieron un cáncer que se había dispersado por diferentes órganos de su cuerpo. Esta situación lo llevó a un estado depresivo, y desafortunadamente falleció ante una determinación trágica tomada de su parte.

La partida de Rubén con apenas 37 años dejó un gran vacío en la Juventud Revolucionaria Copeyana y del movimiento sindical y en la lucha por los derechos laborales en Venezuela.

Su legado y su memoria perdurarán en la JUVENTUD REVOLUCIONARIA COPEYANA (J.R.C.) y en el movimiento sindical, en la lucha por un mundo más justo y equitativo.


Rafael Caldera, Libros, Historia DC Venezuela, Especificidad de la Democracia Cristiana

 


Especifidad de la Democracia Cristiana,

de Rafael Caldera




 

Gehard Cartay Ramírez

 

Publicado por primera vez en 1976 y editado luego en diversos idiomas, este libro de Rafael Caldera constituye, sin duda alguna, una obra de referencia en cuanto al pensamiento y los principios ideológicos de la Democracia Cristiana y sus partidos políticos, expuestos -como bien se sabe- por uno de sus líderes más conocidos internacionalmente.

Como lo explica el autor en la nota introductoria de la primera edición su empeño al escribir esta obra obedeció a la necesidad de precisar los alcances de los principios demócratas cristianos porque a veces se confunden con un “capitalismo bautizado” o con un “marxismo bautizado”. Y la Democracia Cristiana no es ninguna de las dos cosas, sino “un pensamiento propio y distinto”.

Dentro de esa misma preocupación, Caldera advirtió en la introducción de la décima edición castellana, en 1987, que como “el pensamiento demócrata cristiano no es una teoría económica -aun cuando en materia económica sostiene principios muy definidos y precisos-”, algunos demócratas cristianos incurren “en el error de adoptar con entusiasmo revolucionario las orientaciones de la economía socialista, o a inclinarse decididamente, con peligroso espíritu conservador, hacia las recetas neoliberales que tanta resonancia han dado a los Chicago boys”.

Caldera hace un detenido análisis sobre la expresión Democracia Cristiana y, en consecuencia, profundiza sobre sus elementos democráticos y cristianos, separándolos siempre de los elementos religiosos que comporta el cristianismo como tal y que, en modo alguno, puede ser conceptuado como una ideología política. Seguidamente, el dos veces presidente de Venezuela analiza el proceso histórico de formación de los partidos demócratas cristianos y su especificidad ideológica, así como su organización como movimientos políticos nacionales y sus estructuras internacionales.

Finaliza el libro insistiendo en el carácter indubitable y claro de la Democracia Cristiana como un movimiento alternativo frente a los partidos sustentados en la doctrina marxista y socialista o de inspiración liberal capitalista.




Historia de Venezuela, Historia DC Venezuela, Asamblea Constituyente 1947

 

COPEI en la Constituyente de 1947





Todo proceso constituyente está caracterizado por el más intenso y plural de los debates, pero - exceptuando el de 1811 y el de 1830 - hasta 1947 el país no conocía del libre ejercicio de las ideas para crear una Constitución y canalizarla a través de una institución surgida del sufragio universal, directo y secreto. La Asamblea Nacional Constituyente (ANC), cuyas sesiones fueron radiadas a todo el país, fue una experiencia inédita que no solo puso a prueba la capacidad política para movilizar y atraer a los electores en medio del ventajismo adeco, sino también la capacidad de pensar e idear al país a través de propuestas muy concretas que debían canalizar los representantes electos en medio de la discusión fuera o dentro del Capitolio Federal.

 

Acción Democrática se hizo con la mayoría de la ANC, pero la profundidad y la fogosidad de los representantes copeyanos pudo en buena medida atajar cualquier abuso de esa mayoría forzada a razonar y defenderse en todas las mociones.

 

Prontamente, Rafael Caldera liderizó a la oposición, y tiene mucha razón Rodolfo José Cárdenas al observar que la ANC de 1947 fue “el Congreso más importante que ha tenido Venezuela desde que es República”, quejándose con justicia de que “no existe un estudio político” sobre la entidad de un año tan crucial.

 

“En la Constituyente – dice Cárdenas –también se dibujaron algunos de los grandes líderes políticos, diferentes a Rafael Caldera. Allí cuajó la turbulencia dantoniana de Edecio La Riva; la seriedad analítica de Desiderio Gómez Mora; la dialéctica de Lorenzo Fernández; el juicio apacible de Miguel Ángel Landáez; sin contar con la cátedra eclesiástica que tan alto colocaron Sánchez Espejo, José León Rojas y Pulido Méndez”.

 

En medio de desencuentros apasionados, incluso con los representantes comunistas, los copeyanos nunca perdieron su ecuanimidad y circunspección. Varias veces, en las sesiones plenarias o en las de las distintas comisiones de trabajo hubo problemas, diferencias y también agresiones verbales que a veces incluso podían pasar a las físicas. Pero a los demócrata-cristianos se les reconoció al mismo tiempo por una actitud de firmeza y de prudencia. Por ejemplo, la imagen recoge un “aspecto de la Comisión General de la Constituyente” que abordaba en ese momento la fórmula de elección de los parlamentarios en el futuro, apreciándose de izquierda a derecha: Raúl Ramos Giménez (AD), Lorenzo Fernández y Gómez Mora (COPEI), Zárraga Tellería (Independiente).

 

Referencias:

Reproducción (1947) tomada de El Gráfico, Caracas, 1° de junio (Procesada por IA).

Rodolfo José Cárdenas (1988) “COPEI en la Constituyente. La tentación totalitaria de Acción Democrática”, Hijos de E. Minuesa, Madrid: pág. 37.


Luis Herrera Campíns, Historia DC Venezuela



El primer gabinete del presidente Herrera Campíns

 




 

El tren ministerial promedio del siglo XX venezolano fue de un número

modesto de despachos en el caso de compararlo con los excesos

burocráticos de la presente centuria. Al iniciar nuestra vida republicana en

el XIX, por muchos años fueron tres las Secretarías que nos distinguieron

(Interior, Exterior, y Guerra y Marina), dando paso a una multiplicación

lógica en correspondencia con el Estado Nacional que caminó hacia su

consolidación. Eran tiempos de una simplificación ministerial ya que, a

modo de ilustración, el ministerio de Fomento atendía también los asuntos

petroleros que después justificaron la creación del despacho de Minas e

Hidrocarburos y, más tarde, su conversión en Energía y Petróleo. Hasta el

primer gobierno de Rafael Caldera hubo el número adecuado de

ministerios que tendió a crecer con el primer gobierno de Carlos Andrés

Pérez, pero inequívocamente batió todo récord bajo el socialismo del siglo

XXI.

 

Presidente electo en diciembre de 1978, Luis Herrera designa su primer

gabinete de acuerdo a la Gaceta Oficial N° 31.694 del 12 de marzo de

1979, compuesto por:

 

Relaciones Interiores: Rafael Andrés Montes de Oca

Relaciones Exteriores: José Alberto Zambrano Velasco

Hacienda: Luis Ugueto

Defensa: Fernando Paredes Bello

Fomento: Manuel Quijada

Educación: Rafael Fernández Heres

Sanidad y Asistencia Social: Alfonso Benzecri

Agricultura y Cría: Luciano Valero

Trabajo: Reinaldo Rodríguez Navarro

Transportes y Comunicaciones: Vinicio Carrera

Justicia: José Guillermo Andueza

Energía y Minas: Humberto Calderón Berti

Ambiente y Recursos Naturales No Renovables: Carlos Febres Poveda

Desarrollo Urbano: Orlando Orozco

Información y Turismo: José Luis Zapata

Juventud: Charles Brewer-Carías

Ministro de Estado Jefe de Cordiplán: Ricardo Martínez

Ministro de Estado para la Cultura: Guillermo Yepes Boscán

Ministro de Estado para la Ciencia: Raimundo Villegas

Ministro de Estado para la Asesoría Parlamentaria: Ceferino Medina

Castillo

Ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia: Luis Alberto

Machado

Ministro de Estado presidente del Fondo Inversiones de Venezuela:

Leopoldo Díaz Bruzual

Ministro de Estado para la Participación de la Mujer en el Desarrollo:

Mercedes Pulido de Briceño

Ministerio de Estado para la Cultura de Venezuela: Luis Pastori

Ministro de Estado para el Impulso del Progreso Oriental: Nerio Neri Mago

Secretaría de la Presidencia: Gonzalo García Bustillos

Gobernador del Distrito Federal: Enrique Pérez Olivares


Historia DC Venezuela, Enrique Pérez Olivares, Formación política

 


Pedagogía de la Democracia Cristiana





Enrique Pérez Olivares (1931-2012), fue un destacado jurista venezolano, egresado de la Universidad Central de Venezuela con especialización en derecho mercantil y administrativo por la Universidad de Roma.  Decano de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, ejerció la docencia en esa misma casa de estudios desde 1958 hasta jubilarse como Profesor Agregado en 1988. Asimismo fue ministro de Educación y gobernador del Distrito Federal en los gobiernos de Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns. 

Los últimos años de su vida los dedicó a la enseñanza, fundando y ejerciendo el rectorado de la Universidad Monteávila. No obstante, deseamos llamar la atención en torno a la absoluta franqueza de su compromiso socialcristiano traducido, por ejemplo, en una directa contribución a la fundación del IFEDEC junto a Arístides Calvani, donde impartió muchísimas horas de clase, concibiendo un clásico esquema de desarrollo del pensamiento demócrata-cristiano que facilitó la pedagogía de la corriente política e ideológica universal, que se proyectaría fuertemente en América Latina. 

En efecto, su “Introducción a la democracia cristiana” fue mimeografiada innumerables veces, siendo resultante de los cursos impartidos en el IFEDEC y no sólo a la militancia venezolana, sino a la de otros países que recibieron nuestro apoyo solidario en dicha casa de estudios.

El ejemplar que traemos a colación se encuentra en la biblioteca de la Universidad Católica Andrés Bello, cuya portada nos hemos permitido fusionar con una fotografía de Enrique Pérez Olivares probablemente de mediados de la década de los sesenta del XX, gracias a la IA.

Comentemos, por una parte, que el breviario trata de los principios políticos, metapolíticos y para la acción. Una estupenda condensación que admitía cualquier desarrollo de acuerdo a las realidades en el ámbito venezolano y en el de otros países. Por ello, la eficacia del pedagogo que fue Pérez Olivares, permitiendo flexibilizar unos supuestos que, sin necesidad de dogmatizarlos, resultaron fundamentales para una más adecuada interpretación política e ideológica. 

Y, por otra parte, el ejemplar en cuestión, de 109 páginas, fue editado en Caracas en 1965 por la secretaría nacional de Formación de COPEI, cuyo titular era Hilarión Cardozo, teniendo por adjunto a Pedro Paúl Bello y, al frente de los departamentos de Formación, de Estudios e Investigaciones y de Divulgación, a Pedro Raúl Villasmil, Rafael Fernández y Luis Delgado, respectivamente.