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Historia DC Venezuela, COPEI

 


LOS 80 AÑOS DE Copei

Gehard Cartay Ramírez



Una minoría desafiante


El partido social cristiano Copei, fundado el 13 de enero de 1946, arriba a sus ochenta años de fundado.

La trayectoria del partido, desde entonces, revela la corajuda acción de sus fundadores por convertirlo, peldaño a peldaño, en un partido de masas, algo que lograrán 20 años después. Rafael Caldera, Pedro del Corral, Lorenzo Fernández, José Antonio Pérez Díaz, Luis Herrera Campíns, Mauro Páez Pumar y Edecio La Riva, entre otros, constituirán el grupo germinal.

Será una minoría desafiante cuando se elija la Constituyente de 1947, en la que Caldera cumplirá un papel estelar. En 1948 el joven líder copeyano enfrentará a Rómulo Gallegos en una desigual disputa por la presidencia, alcanzando el 22,4% de los votos frente al 74,4% obtenido por el ilustre escritor como candidato de AD. Durante el también llamado trienio adeco (1945-1948), la lucha será violenta y agresiva entre AD, Copei y Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jóvito Villalba. Pero aquel combate frente a AD, por difícil que pudo ser, impidió que se implantara un sistema político influenciado por el PRI mejicano, a mediados de los años cuarenta, tentación que entonces atrajo a AD.

En noviembre de 1948 los anteriores socios militares de Betancourt derrocan a Gallegos. En 1950, luego del magnicidio contra el presidente de la Junta Militar, coronel Carlos Delgado Chalbaud, quienes lo suceden mantienen a regañadientes su promesa de convocar una nueva Constituyente. Ilegalizados AD y el PCV, serán URD y Copei los que participen con una campaña electoral desbordante en todo el país. Al final, URD gana esas elecciones en 1952 -Copei queda de segundo-, pero el coronel Pérez Jiménez desconoce los resultados y se hace nombrar presidente de la República, iniciando así una nueva dictadura militar. Villalba es desterrado, mientras un grupo reducido de copeyanos se pliega al régimen. Más tarde, Caldera será acosado y finalmente detenido por la policía política hasta que, a comienzos de 1958, logra salir al exilio, protegido por la Nunciatura Apostólica.


Camino a la mayoría


Pérez Jiménez será derrocado el 23 de enero de 1958 por una rebelión militar que tuvo el apoyo de los partidos que se mantenían en la clandestinidad. Se realizan elecciones presidenciales en diciembre de ese año. Gana Betancourt, seguido por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal y Rafael Caldera. Copei baja al tercer lugar.

Inmediatamente se forma un gobierno de coalición entre AD, URD y Copei, bajo los lineamientos del Pacto de Puntofijo. Copei será leal a este acuerdo hasta el final, a diferencia de URD que lo abandonará tempranamente en agosto de 1960, encandilado por la llamada Revolución Cubana. Fue fundamental el papel cumplido por Copei para mantener aquella democracia inestable y asediada desde la extrema derecha y la extrema izquierda.

En 1963, el gobierno coaligado fue a la contienda con dos candidatos presidenciales: Raúl Leoni por AD y Caldera por Copei. Ganó el primero y el abanderado copeyano llegó de segundo. Entre ambos sumaron más de la mitad de los votos emitidos entonces.

A partir de 1968, con la elección de Rafael Caldera como presidente de Venezuela, Copei se convirtió en la alternativa electoral frente a AD. Fue la primera vez que un líder opositor derrotaba electoralmente al candidato del gobierno, sin llegar al poder por la puerta trasera del golpe de Estado. A partir de entonces hubo en los años siguientes alternancia entre ambos partidos: Carlos Andrés Pérez ganó en 1973, Luis Herrera Campíns en 1978 y Jaime Lusinchi en 1983. La polarización AD-Copei se mantuvo en 1988 con la victoria de CAP, pero se acabó en 1993, con la segunda llegada de Caldera a la presidencia, por encima de los dos partidos.

Otra gran contribución de Copei a la democracia venezolana fue la de haber formado ideológica y políticamente, a través de un instituto fundado en los años sesenta por Arístides Calvani, a miles de dirigentes jóvenes, sindicalistas, profesionales y sectores de clase media, como pocas veces antes pudo hacerlo partido alguno en Venezuela y en el continente.


Obra de gobierno


Los dos gobiernos socialcristianos de Caldera (1969-1974) y Herrera Campíns (1979-1884) dejaron una obra importante para la conciliación, la modernización y el progreso de Venezuela, independientemente de sus errores. Examinarla íntegramente necesitaría mucho más espacio, por lo que apenas citaremos algunos datos.

En la primera gestión del presidente Caldera hubo un logro trascendente: la política de pacificación, que permitió -luego de su derrota política y militar- la incorporación al debate democrático de quienes se habían alzado en armas en contra de las instituciones democráticas. El proceso de negociaciones fue confiado a una comisión encabezada por el cardenal Quintero, y quienes se acogieron al mismo fueron indultados y reintegrados a la lucha cívica.

Al lado de esta iniciativa histórica, se construyeron importantes obras públicas (hospitales, universidades, liceos, autopistas, carreteras, vialidad urbana, viviendas, etc.) y otros logros fundamentales como la nacionalización del gas y la política de reversión petrolera, anticipo de su nacionalización, así como en materia agropecuaria e industrial. Tuvo, sin embargo, serios problemas con las universidades autónomas.

Por su parte, el gobierno del presidente Herrera también realizó una obra material considerable en instalaciones hospitalarias, educativas, culturales, deportivas, electricidad, vialidad, transporte público (ejecución de la primera etapa del Metro de Caracas), fortalecimiento de PDVSA y sus refinerías, viviendas populares, etc., aunque con algunos lunares indeseados en política económica y deuda externa. Pero, en general, el suyo fue un gobierno que respetó los derechos humanos, mantuvo la paz y promovió el diálogo y el entendimiento.


Auge y decadencia


Copei fue un partido que desde su fundación hasta las elecciones de 1988 mantuvo una curva ascendente en su votación, salvo algún descenso en 1983.

Este crecimiento sostenido se debió a las candidaturas de su máximo líder en 1947, 1958, 1963 y 1968, cuando fue electo presidente de la República por primera vez, y continuó con Lorenzo Fernández en 1973, incluso perdiendo frente a CAP; Luis Herrera Campíns, quien ganaría los comicios en 1978; (En 1983, cuando Lusinchi venció a Caldera la votación descendió cerca de 200.000 votos) y Eduardo Fernández, aun habiendo sido derrotado por Pérez en 1988. En 1993, frente a un cuadro multipolar y con la candidatura de Caldera por fuera, el nominado copeyano Oswaldo Álvarez Paz vio reducidos sus votos a un poco más de la mitad obtenida por Copei cinco años antes. Pero junto a las victorias de 1968 y 1978, el siguiente momento culminante del partido socialcristiano fue en 1992 cuando ganó 11 gobernaciones, derrotando a AD.

Luego de aquello, Copei inició su declive. Sin embargo, ese es un proceso que tenía antecedentes significativos: la lucha por la candidatura presidencial entre Lorenzo Fernández y Herrera Campíns en 1973 afectó la unidad emocional y se produjo la derrota frente a CAP. Luego vinieron los desencuentros entre el gobierno del presidente Herrera y la dirección del partido, todo lo cual afectó la candidatura de Caldera en 1983. Más tarde, se produjo el enfrentamiento entre Caldera y Eduardo Fernández por la candidatura presidencial de 1988. Entonces ganó el segundo, pero el líder fundador se fue a la reserva.

En 1993, luego de unas exitosas primarias, Álvarez Paz obtendrá la nominación presidencial de Copei, pero, al final, la candidatura independiente de Caldera alcanzará la victoria. Cinco años más tarde se profundizaría la debacle copeyana. Sus autoridades habían cortejado y hecho suya la candidatura independiente de la alcaldesa Irene Sáez, a quien todas las encuestas daban como ganadora en 1998. Esa candidatura se desinfló en poco tiempo, dando paso a la polarización entre Hugo Chávez y Henrique Salas Römer, a quien -a última hora- decidió apoyar la cúpula socialcristiana. Lo demás es historia conocida: Copei no ha vuelto a lanzar candidato propio desde 1993, y a partir del 2000 ha apoyado siempre al abanderado que la mayoría de la oposición ha escogido.

Desde hace algo más de una década, al judicializarse su conflicto interno y poner en manos del TSJ la decisión final, este ha terminado designando sus autoridades, siempre en la línea de favorecer a quienes el régimen considera sus aliados dentro de Copei.  



 

Fundación COPEI: Directivas

 



Las directivas fundacionales de COPEI  (1946)






El Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), fue fundado en el local de la Lavandería Ugarte en la parroquia de La Candelaria, en Caracas, el 13 de enero de 1946. Un nombre provisional que quedó en el corazón de los venezolanos al realizarse las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente y para la legitimación de todos los órganos del Poder Público, ya vigente la Constitución de 1947. Fruto de un largo esfuerzo de construcción de una alternativa demócrata-cristiana en nuestro país, porque tiene como antecedentes la Unión Nacional Estudiantil (1936), y Acción Electoral (1938), que se integrará al Movimiento de Acción Nacionalista (1942).


La directiva provisional quedó conformada así: 


Presidente: Pedro del Corral.

Vicepresidente: Carlos Otto Vásquez.

Secretario General: José Antonio Pérez Díaz.

Secretario de Acción Política: Rafael Caldera.

Vocales: Lorenzo Fernández, Eduardo Fleury Cuello, J.F. Blassini, Benito Galíndez, Edecio La Riva, Mauro Páez Pumar, Clarita Rodríguez, Graciela Vásquez y Agustín Romero. 


Gehard Cartay precisa que Jaime Castillo Pinto fue designado seretario de Finanzas y Mauro Páez Pumar, secretario de Propaganda, aclarando: “Caldera no ejercerá cargos directivos dada su condición de Procurador General, pero su firma si figurará en el Acta Constitutiva del Partido”.


Al celebrarse la I Convención Nacional del novel partido, en septiembre de 1946, la directiva quedó configurada así:

Presidente: Pedro del Corral.

Vicepresidente: Lorenzo Fernández.

Secretario General: José Antonio Pérez Díaz.

Secretario de Acción Política: Rafael Caldera.

Vocales: Edecio La Riva Araujo, Luis Herrera Campíns y Graciela Vásquez.

Suplentes: Eduardo Fleury Cuello, Mauro Páez Pumar, Rogelio Valladares,Ambrosio Perera, Ana de Pineda,Henry Castillo Pinto y Benito Galindez.


El Tribunal Disciplinario Nacional:


Principales: Celestino Aza Sánchez, Juan José Mendoza, Julio César Leáñez Recao, Lola Bertorelli, Pedro Pérez Perazzo, Pedro José Dib, Marco Antonio Angeli.


Suplentes: Oswaldo Silveira, Justo Simón Velásquez, Carlos Eduardo Viana, Rafael J. Alfonzo, Eduardo Tamayo, Hernán Avendaño y Víctor Baptista. 


Apuntemos a dos circunstancias que, al parecer, no se estilan en los tiempos que corren: por una parte, el partido no surge repentinamente de la nada, sino es el producto de un paciente proceso de maduración del ideario y de la acción demócrata-cristiana en Venezuela. Por otra, inmediatamente se convierte en una expresión institucional, con instancias de conducción y de garantía del cumplimiento de los estatutos. 



Fuentes:


Gehard Cartay (2000) “Política y partidos modernos en Venezuela. Las nuevas tendencias”, Fondo Editorial Nacional / José Agustín Catalá, Caracas.


Paciano Padrón (1981) “COPEI. Documentos fundamentales 1946”. Ediciones Centauro, Caracas, 1981.

Gráfica: https://rafaelcaldera.com/fotos/1916-1946/. 




Fundación COPEI: Discurso de Rafael Caldera

 



Ganar la Patria: una responsabilidad mancomunada


                       (Discurso fundacional de Rafael Caldera, el 13 de enero de 1946)


Compañeros y amigos del "COPEI":


Está reciente, pero es necesario machacarlo insistentemente, el recuerdo de la noche inolvidable del 18 de octubre: la profunda tensión espiritual que en todos los hogares de Venezuela se sentía en aquella memorable oportunidad. No creo que haya habido ningún venezolano que hubiera podido dormir aquella, noche, el pueblo no sabía con certeza de lo que se trataba, pero sentía una profunda conmoción interna. Su instinto infalible comprendía que se estaba cumpliendo algo trascendental. Era una transformación radical lo que ocurría; no un simple tiroteo, no un cuartelazo anónimo como algunos interesados quisieron presentarlo. Se sentía algo distinto a todo lo anterior. Se sentía llegada una oportunidad acariciada profundamente por todos los venezolanos honrados desde hacía mucho tiempo. Y ese sentimiento, como la mayor parte de los sentimientos humanos, tenía un aspecto dual: una inquietante angustia, y un profundo optimismo traducido en el júbilo popular más intenso que esperarse pudiera, y que no se atrevieron a negar ni aun aquellos que en las propias horas en que se rendía el presidente, todavía vilipendiaban a los héroes de la democracia venezolana, que habían jugado su vida, su honor y la tranquilidad de sus familias en una aventura decisiva. (Aplausos).


El pueblo se lanzó a la calle por la revolución; y los cartelones preparados, y los discursos repetidos a través de la radio policial por quienes desnaturalizaban sus funciones excitando al odio de las clases, por quienes pedían a todos los venezolanos una posición de anarquía espiritual y moral, no pudieron apabullar el sentimiento del pueblo, no pudieron con toda su propaganda, impedir que los hombres humildes corrieran a las calles a empuñar el fusil y dar sus vidas con ignorada valentía, por una causa que no se conocía pero que se sentía patriota y generosa. (Aplausos).


Ese doble sentimiento de fe y de inquietud


Ese doble sentimiento de fe y de inquietud, de optimismo y de angustia, de esperanza en las realizaciones que exigía el momento, e inquietud ante el tremendo interrogante de si no iría a sepultarse una oportunidad que no se volvería a repetir, ese doble sentimiento tenemos que mantenerlo vivo. Tenemos que mantener la fe en la revolución para que ella pueda cumplir sus promesas. Tenemos que mantener la inquietud en todos los sectores, porque el fracaso de este momento revolucionario sepultaría por varias generaciones toda esperanza de salvación en Venezuela. (Aplausos).


Y el problema lo comprendemos todos. De que lo comprendemos da fe esta Asamblea preparada en muy poco tiempo, prueba evidente del deseo vivo en cada uno de los presentes de sumarse a un movimiento que tiende a plasmar el porvenir de la Patria y a mantener vivos aquel optimismo y aquella inquietud. Porque a eso precisamente ha venido "COPEI". A decirle a cada venezolano que es por la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, por la acción mancomunada y solidaria de todos los sectores sociales, como puede salvarse este momento histórico. A decirle que la desidia, la indiferencia, el egoísmo, harían pasar el golpe del 18 de octubre como un golpe de audacia feliz que no logró cumplir una transformación radical en nuestra Patria. (Aplausos).


A decirle que sólo la colaboración, el esfuerzo, la responsabilidad solidaria de todos y cada uno de nosotros en la empresa, puede hacer que la Revolución del 18 de octubre sea el comienzo definitivo de una era de trabajo, de normalidad, de decencia, de respeto a las instituciones, que permitan cumplir en pocos años la obra que se ha venido postergando por un siglo. (Aplausos).


Todos, absolutamente todos, seremos responsables


Y en este sentido, todos, absolutamente todos, tenemos una responsabilidad política. Hay que decirlo claramente: el apoliticismo en Venezuela, en el momento actual, es una deserción.


No estoy pretendiendo que el comerciante abandone su empresa, que el industrial olvide su fábrica, que el obrero deje de prestar su labor diaria a la reconstrucción del país; eso sería una traición mayor. Pero dentro de la atención propia y de la propia actividad, manteniéndolas y superándolas, si cabe, para corresponder a las esperanzas del momento, tenemos que mantener también una viva, actuante, generosa preocupación por la organización social. Porque, señores, ya tenemos experiencia elocuente. El obrero no encuentra trabajo, no encuentra justicia, no tiene redención ni esperanza, si la organización política está corrompida. El industrial no puede desarrollar sus proyectos, el agricultor, el criador, el comerciante, no pueden encontrar confianza en sus actividades, el profesional no puede lograr el cumplimiento satisfactorio de sus propias e individuales preocupaciones, si existe un orden político alterado, que utiliza los recursos nacionales para el sostenimiento de una camarilla, para el enriquecimiento de los favoritos y para la tergiversación de las obligaciones administrativas. Ni es posible lograr que el estudiante sienta el optimismo de una Patria, ni pueda responsabilizarse en su tarea, si la política no marcha. Y cuando hablo de los estudiantes quiero repetir claramente, porque aquí hay muchos universitarios, lo que explicó el compañero bachiller Páez Pumar. En el "COPEI" tenemos muchos estudiantes inscritos: estudiantes de las diversas fracciones estudiantiles, que con entusiasmo y generosidad han venido a trabajar en nuestras filas. Pero no pensamos llevar la política a la Universidad, pues entendemos que lo estudiantil es una función nacional que está por encima de las diferencias de matices, y que las luchas de los estudiantes como ciudadanos, tienen que realizarse en la calle, de las puertas sagradas de la Universidad hacia afuera, para que se mantenga adentro un solo espíritu y una sola verdad. (Aplausos).


Y vosotras, mujeres, ¿creéis posible que vuestro hogar pueda encontrar la tranquilidad y la alegría, creéis posible que se puedan educar vuestros hijos por la senda de la rectitud y del bien, creéis posible que se pueda pensar en una Patria serena y pacífica, y próspera como la deseáis para cada uno de vuestros hijos, si la política y el ejercicio del poder se desnaturalizan, si desde arriba se combate con la inmoralidad todo intento de regeneración de la Patria, si desde las alturas del poder se obstaculiza toda iniciativa honrada, y si en vez de sembrarse un ambiente de honradez lo que se hace es preparar semillas constantes de inquietudes, de zozobras, de revoluciones, de luchas, de destrucción? No es posible contar con hogares sanos, no es posible pensar en una Patria próspera, no es posible aspirar un ambiente donde decorosamente cada uno de nosotros pueda entregarse a su tarea, si no tenemos un orden político legítimo, un orden político sano y respetuoso por el que debemos luchar. (Aplausos).


Es Venezuela misma quien debe señalar el rumbo


El momento exige una transformación. Esa transformación es de nosotros: somos nosotros quienes podemos cumplirla. No podemos mantenernos en la incuria para dejar que las cosas marchen bien o mal, según la buena voluntad ocasional del gobernante de turno. Es Venezuela misma, todos sus hombres responsables, quienes deben señalar el rumbo. Somos todos, los que tenemos que hacer definitivo este camino, los que tenemos que cumplir una mutación definitiva para que podamos trabajar, construir, construir infatigablemente nuestra destruida nacionalidad. Necesitamos un régimen sincero, un régimen genuinamente democrático y tenemos que construirlo nosotros a través de la sinceridad.


La democracia no puede existir con un solo partido. La democracia no puede existir sin el juego libre de las opiniones. La democracia no puede existir si acecha en cada uno de nosotros la preocupación de que agruparnos, de que expresar nuestras convicciones es exponernos a insultos, es exponernos a la agresión de quienes tratan de sembrar un ambiente fatal para la democracia venezolana; de quienes con su prédica diaria, tendiendo a que ningún ciudadano honrado esté tranquilo con su honradez, buscan un ambiente que prepare y permita la dictadura social, objetivo fundamental de sus aspiraciones.


Por eso señores, porque creo en la necesidad de una democracia sincera, porque creo en la urgencia de que se abra campo limpio y decente a la discusión de los problemas ciudadanos, por eso es que he aceptado la responsabilidad de clausurar este acto. He meditado mucho sobre si yo debía venir aquí, a esta Asamblea de carácter político, a decir las palabras que estoy pronunciando. Circunstancial y transitoriamente, e inmerecidamente también, estoy desempeñando un alto cargo en la maquinaria política del país: quizás esa circunstancia debía impedir que me presentara a esta tribuna. Pero creo indispensable que se vea y se palpe la posibilidad de que a las altas filas políticas no vayan los hombres de un solo partido político; creo que ningún servicio mayor puedo prestar en este instante a mi Patria y al Gobierno establecido, sino el de hacer que suene y que se oiga, y que se sepa, que en las altas esferas políticas, cumpliendo allá su deber como venezolano integral, cabe un hombre afiliado a una agrupación política distinta de la que está manteniendo la responsabilidad del poder. (Aplausos).


Los promotores del "COPEI" creemos que el momento actual exige el implantamiento definitivo de ciertas mínimas conquistas. Que la discusión de problemas relativos a la posición ideológica de cada uno de nosotros, tiene que postergarse. Es necesario consolidar el orden, consolidar la posibilidad de que la democracia venezolana exista. Individuos de las más variadas ideologías y de las más variadas posiciones debemos coincidir, por ejemplo, en la aspiración de que se acabe el robo en las esferas administrativas. (Aplausos). Que al enemigo se le aplauda, deseamos eso, y al amigo se le castigue y se le recrimine, para que por encima de las banderas y de los compromisos personales, se imprima en toda la colectividad la convicción profunda de que los dineros de la Nación, a la Nación pertenecen, de que esos dineros no son el patrimonio personal que se disfruta y se maneja al antojo de los gobernantes. (Aplausos).


Nosotros consideramos urgente el que la democracia se establezca a base de instituciones y por eso hemos apoyado y apoyamos la conquista, ya hoy definitivamente lograda, de la incompatibilidad entre las funciones ejecutivas y legislativas: porque no es posible mantener la mentira de un poder soberano como el legislativo, mediatizado y dirigido, con grave daño hasta de la misma administración. Y nosotros creemos que es necesario abrir el cauce de la discusión con toda la energía posible, arrostrando el granizo de los ataques por mampuesto. Hacer que en Venezuela se vea con el respeto más sacramental y absoluto la expresión de las honestas opiniones. Y sobre todo, señores, creemos urgente en el momento actual hacer un llamado para que cese la lucha anárquica entre los diversos sectores, porque así no se puede construir. Es necesario que el obrero y el patrono discutan sus problemas, pero en un ambiente de serena tranquilidad. Los obreros saben que en nosotros tendrán los defensores constantes de sus mejores reivindicaciones. Que es en defensa de sus propios derechos que sostenemos que no es por el vilipendio de un sector hacia el otro, por donde puede llegarse a la solución de sus problemas. Creemos que todos los venezolanos debemos sentirnos por alguna vez una sola familia. Que los individuos de las diversas regiones, el andino, por ejemplo, que representa una región plena de reservas imperecederas para el país (y no me ruborizo en reconocerlo aunque no soy andino) y el occidental y el oriental y el insular y el central, todos debemos sentir que por encima de nuestras propias aspiraciones, caras, legítimas, porque son aspiraciones naturales de beneficio de la región nativa, estamos unidos sin reticencias, sin restricciones mentales y con el solo objeto de hacer una Venezuela como la que todos debemos estar empeñados en crear. (Aplausos).


Nosotros no queremos divisiones


Nosotros queremos sinceridad. Sinceridad en el Gobierno, sinceridad en los partidos, sinceridad en el pueblo. He tenido la satisfacción de oir en estos mismos días, de labios de políticos distinguidos de diversos sectores, la afirmación de que debemos desterrar el concepto de que política es engaño, de que política es traición. De que debemos implantar la convicción de que un genuino político es el hombre que tiene una idea, que profesa esa idea, que la echa a andar a los cuatro vientos de la opinión y que es capaz de jugarse su bienestar y su tranquilidad en defensa de esa convicción.(Aplausos).


Nosotros pensamos que sin la sinceridad colectiva la estabilidad es imposible. Diez años de experiencia nos demuestran que no puede mantenerse un régimen a base del engaño; que no puede sostenerse una democracia que no se practica, que no puede preconizarse una honradez que no se cumple. La insinceridad es la ruina de los regímenes hipócritas, y tarde o temprano marchan forzosamente al precipicio. (Aplausos).


Nosotros por los ideales de la Patria damos la cara abiertamente. No nos importa la calumnia. Ningún recurso nos importa de propaganda que se ejerza en contra de nosotros. Queremos inculcar en la conciencia de cada venezolano la verdad que estamos diciendo, de que es urgente trabajar, preocuparse, de que esta oportunidad perdida sería por mucho tiempo la ruina colectiva. Por eso estamos organizando este "COPEI". Es un principio de organización. Es un Comité de Organización Política Eleccionaria Independiente que marcha hacia la estructuración de fuerzas nuevas en el país. Queremos sembrar en todos los campos y ciudades estas ideas, sin egoísmo, sin restricciones. No vemos con temor el que se formen otros grupos: los queremos, los estimulamos. Estamos ansiosos de entrar a la emulación honrada y limpia: queremos que florezcan en los diversos sectores de opinión, diversos grupos políticos, para que poco a poco se vaya superando la conciencia política del país. Se irán depurando los campos, se irán calificando los hombres por su honradez y por su decisión en la defensa de los ideales. Y de esa evolución que nosotros debemos apresurar, pero no precipitar jamás, surgirán los grandes grupos políticos, los grandes partidos que puedan darle a Venezuela como a otros países, una etapa de tanquilidad, de orden y progreso. (Aplausos)


Y la etiqueta que nos den no nos preocupa


Y la etiqueta, la etiqueta que nos den, esa etiqueta en realidad no nos preocupa. Derecha, izquierda, centro, progreso, son palabras que se repiten sin sentirlas. Son palabras que a menudo se dicen sin saber qué es lo que significan. ¿Qué quiere decir derecha? Para unos, derecha es defensa de la tradición, defensa de ciertos principios fundamentales en la vida de los pueblos. Si eso fuera así, nosotros seríamos derechistas. Para otros, derecha es negación de progreso, injusticia con el trabajador, mantenimiento de métodos caducos. Si eso fuera así nosotros seríamos izquierdistas. ¿Qué es izquierda? Para unos, la izquierda es el progreso, es la reforma, el bienestar de los pueblos, ¿quién sería más izquierdista que nosotros si la interpretación fuera esa? Para otros es destrucción, es lucha, es fomento del espíritu de combate de unos contra otros. Si eso fuera así, ninguno de nosotros sería amigo de ese concepto de izquierdismo. Quizás en cierta manera nuestro programa podría corresponder al de centro, no en el concepto de mosaico de abigarrados egoísmos, sino en el sentido de reconocimiento de la necesidad de que se imparta justicia por igual para unos grupos y para otros, de que se acerquen todos los sectores nacionales. Pero tampoco queremos llamarnos así. Como no nos preocupa tampoco la etiqueta que quiera acordársenos en la terminología de "reaccionarios" y "progresistas".


Los grupos comunistas se empeñan especialmente en esta terminología. Reacción, para los comunistas, es anticomunismo. Progreso, para los comunistas, es filocomunismo.


Ya lo dijo un compañero en la defensa del ideario del "COPEI" en fecha muy reciente. Para nuestros enemigos no importaba que un hombre tuviera la más negra historia política, no importaba que un hombre representara en el poder el abuso y el robo más desenfrenado: si mantenía una actitud complaciente para los grupos comunistas se le llamaba progresista. No importaba la honradez; y no importaba que algunos individuos como yo y perdóneseme en gracia a la defensa, esta personal alusión-, lucháramos casi desde nuestra infancia por obtener las mejores reivindicaciones para los obreros, no importaba que se luchara para que cristalizara una Legislación del Trabajo que es una de las mejores de América; no importaba que se combatieran el abuso y el robo, no importaba que se pidiera el voto para la mujer y la incompatibilidad de las funciones legislativas y ejecuti- vas: si éramos anticomunistas éramos reaccionarios, pues reacción se consideraba todo obstáculo bueno o malo que se opusiera en la marcha del partido comunista. Nosotros no creemos en esos calificativos. En justicia creemos que progresista es el hombre que quiere el mejoramiento, el cambio, el progreso material y social de nuestra Patria. Que reaccionario es el que añora la vuelta al pasado, la reacción hacia los métodos antiguos, la resurrección del General Gómez con sus métodos de gobierno que se pensaron definitivos en la estructura social. Si se aplica este justo criterio, nosotros podemos medir nuestro progresismo con el falso progresismo de aquellos que se dedicaron a arrojar incienso a los pies de los gobernantes y a apoyar los abusos y la arbitrariedad, y a sostener un régimen que marchaba a pasos agigantados hacia el regreso de lo más detestable y lo más corrompido, y lo más repudiado por todos los venezolanos en la historia política del país. (Aplausos).


Nosotros no queremos divisiones


Nosotros no queremos divisiones. No somos un grupo de "derechas" ni de "izquierdas", ni de "centro"; no somos una agrupación "reaccionaria" ni "progresista". No queremos dividir a los venezolanos en buenos y malos, con barreras infranqueables. Queremos medir la posición de cada uno, pesar su capacidad de comprender la necesidad de sacrificios que impone el momento actual. Queremos hacer de todos los venezolanos una sola familia, una familia que discute, con ardor pero con serenidad, los derechos de cada uno de sus hijos, que pone siempre por encima de la discusión los intereses del grupo familiar. Queremos reforma social, la queremos, una reforma profunda, sentida y practicada por todos. Queremos paz social, esa paz que significa solidaridad, conciencia nacional, comprensión, ya que en pleito constante, infecundo, no haríamos sino acabar los pocos recursos humanos que nos quedan. Predicamos la necesidad de compactarnos, precisamente para que podamos resolver problemas que ya otros pueblos de América resolvieron hace más de cincuenta años, y que nosotros, en este perpetuo tirarnos de las greñas no hemos querido ni sabido resolver. (Aplausos).


El trabajo realizado por los promotores del "COPEI" representa hoy un resultado plenamente satisfactorio. Tenemos el derecho de estar contentos por el éxito de esta magnífica y compacta Asamblea. Pero no lo queremos para mera satisfacción: lo queremos para estímulo. Ya lo dijo el Vicepresidente del "COPEI" y lo señalaron otros oradores: este es el comienzo de una labor, el comienzo de una responsabilidad. Tenemos que ganar la Patria para la Patria. Tenemos que trabajar con energía. Merecen nuestro agradecimiento los señores de la Comisión Organizadora de esta Asamblea. Han sacrificado muchos intereses personales y han desatendido en mucho sus negocios; han sido capaces de todos los esfuerzos, con entusiasmo verdaderamente juvenil para obtener este resultado. Pero su ejemplo más que todo debe servirnos para formalizar nuestro compromiso. Tenemos, amigos y miembros del "COPEI", una grave tarea. La Revolución de octubre se salvará si no la dejamos perder por la senda infecunda de nuestros anteriores golpes de Estado. Si queremos salvar este golpe hermoso realizado por un grupo de jóvenes abnegados, si queremos corresponder a la responsabilidad que un grupo de ciudadanos han echado sobre sus hombros, es necesario que nosotros hagamos nuestra la Revolución, hagamos nuestros los propósitos, los ideales formulados por la Revolución, que no podrían hallarse más hermosos en nuestra historia política. Hagamos nuestra la preocupación de esta hora. Si la hacemos, la Revolución será de todos los venezolanos y habremos salvado a la Patria. Pero si para mal de la Patria fracasara, tendríamos que decir, sin que nada nos sirviera de excusa, que hemos sido nosotros mismos los asesinos de nuestra propia madre. (Grandes y prolongados aplausos).

(Versión taquigráfica de Juan Vicente Rodríguez).


Fuentes: 

Paciano Padrón (1981) “COPEI. Documentos fundamentales 1946”, Ediciones Centauo, Caracas, 1981: pp. 61-78.


Fotografía: Discurso fundacional de Rafael Caldera. 1946. Enero, 13. A su lado, Gonzalo García Bustillos, José Antonio Pérez Díaz y Edecio La Riva Araujo: https://rafaelcaldera.com/fotos/1916-1946/. 





Fundación de COPEI: Reseña de obras del Centro de Estudios de la Experiencia Social Cristiana en Venezuela

   




Fundación de COPEI: posturas responsablemente documentadas


Muy a principios de los años ochenta del siglo pasado fue creado el Centro de Estudios de la Experiencia Social Cristiana en Venezuela que contó con todo el aval y respaldo de COPEI. Dirigido por Paciano Padrón, por entonces diputado al Congreso de la República y miembro del Comité Nacional del partido, cumplió con una trabajo muy productivo al compilar una rica documentación histórica, generar diferentes foros y publicar múltiples títulos relacionados con la historia de la organización.


La compilación de Paciano, a la que le  hizo una extraordinaria introducción, prologada por Eduardo Fernández, es una indispensable para la comprensión de los orígenes del partido: “COPEI. Documentos fundamentales 1946” Ediciones Centauro, Caracas, 1981), cuenta con el discurso pronunciado por Rafael Caldera el 13 de enero de 1946 al clausurar la asamblea constitutiva de COPEI, la Plataforma Electoral de COPEI aprobada en su Primera Convención Nacional de septiembre de 1946, Esencia y Finalidades de COPEI, aprobado en igual fecha, COPEI Ante unas Elecciones Desiguales que fue el discurso de clausura de la campaña electoral de octubre de 1946 por Caldera, y COPEI Firme en su Puesto de Lucha, que fue un manifiesto del Comité Nacional de noviembre del mismo año. 


De acuerdo con el pie de imprenta, estos documentos fueron tomados de un impreso tipográfico de 1947 y hoy, con la situación en la que se encuentra el sistema bibliotecario y hemerográfico del país, no son fáciles de localizar sus versiones originales. Por ello, aumenta el valor de esta compilación que patrocinó el Centro de Estudios referido. 

A las nuevas generaciones quizá les impresione la paciente explicación que daba COPEI de sus posturas, metas, propósitos y programas, porque en la era digital parece posible reducir todo a una consigna promovida en las redes sociales, incluyendo los más elementales errores de sintaxis en las breves oraciones. Y es que un partido doctrinario, ideológico y programático sintió necesario explicar su visión del país, el diagnóstico de sus males, los objetivos y el modo de cumplirlos de acuerdo con sus principios. COPEI responsablemente documentó cada posición asumida en la vida nacional, hubo la indispensable sensatez que también le abrió los senderos de la credibilidad en el país.


Permítannos agregar otro detalle: la versión taquigráfica de los discursos fundacionales de COPEI fue de Juan Vicente Rodríguez. Esto es, empleó una técnica de la escritura rápida que puede alcanzar velocidades de 200 palabras por minuto, siendo fiel la transcripción que puede revisar y corregir el orador antes de la publicación. Por aquellos años, obviamente no había la tecnología digital de ahora. 




Acta Fundacional

 

ACTA DE FUNDACIÓN DE COPEI

 

En Caracas, a los trece días del mes de enero de 1946, los suscritos, políticamente hábiles, reunidos previa convocatoria en el edificio Ugarte de esta ciudad, situado de Cruz a Candilito, parroquia de Candelaria, hemos realizado la Asamblea Constitutiva del Comité de Organización Política Electoral Independiente “COPEI”.

 

El orden de la Asamblea fue el siguiente:


Palabras de salutación, Dr. Carlos Otto Vásquez, Contestación a nombre de la Asamblea, Dr. Pedro del Corral. En representación de los Estudiantes, Dr. Mauro Páez Pumar. Representante Obrero, Sr. Ramón Pineda. Por invitación de la dirección de debates una dama se dirigió a la Asamblea.

Seguidamente el Dr. José Antonio Pérez Díaz, Director de Organización, habló sobre las proyecciones del COPEI.

Luego se prescindió a la lectura de los estatutos y a la elección de Directiva, que quedó integrada así:

Presidente, Pedro del Corral; Vicepresidente, Carlos Otto Vásquez; Secretario General, José Antonio Pérez Díaz; Secretario de Acción Popular, Rafael Caldera; Vocales, Lorenzo Fernández, Eduardo Fleury Coello, J. F. Blasini, Benito Galíndez, Edecio La Riva, Mauro Páez Pumar, Clarita Rodríguez, Graciela Vásquez y Agustín Romero.

Para terminar, hizo uso de la palabra el Dr. Rafael Caldera, para exponer la doctrina ideológica del movimiento.


En prueba de ello damos fe en la ciudad de Caracas, en la misma fecha, 13 de enero de 1946.