Mostrando las entradas con la etiqueta JRC. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta JRC. Mostrar todas las entradas

Bernardo Level Osuna, Biografía, Historia DC Venezuela, JRC

 


¡HERMANO BERNARDO!  BERNARDO LEVEL OSUNA (1931-2013)


  

Con el Papa san Juan Pablo II


Jorge Sucre


Sin duda alguna, Bernardo Level Osuna fue un hermano para mí, y para muchos otros compañeros socialcristianos y para todo aquel que tuvo la fortuna de conocerlo. 

¡Qué gran ser humano!

Nacido en Caracas, fue alumno de los jesuitas en el Colegio San Ignacio de Loyola, abogado y doctor en Derecho, poseyendo desde muy joven una clara vocación internacionalista.

Todavía estudiante, trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1957 representó a Venezuela en un congreso de Pax Romana celebrado en San Salvador, dedicado a la religiosidad de la juventud. Posteriormente, se desempeñó en el Ministerio del Trabajo como jefe de la oficina de relaciones con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con sede en Ginebra (Suiza), ciudad a la cual viajó en varias oportunidades en representación de Venezuela en las asambleas anuales de dicho organismo.

Desde su época de estudiante se identificó con el movimiento socialcristiano en Venezuela, admirando, entre otros, a líderes como Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns. Llegó a ser secretario de Relaciones Internacionales de la Juventud Revolucionaria Copeyana y, posteriormente, del partido COPEI.



Junto al Dr. Rafael Caldera, en su casa Puntofijo, de regreso del exilio luego de la gesta del 23 de enero de 1958.


En mayo de 1962 fue secretario general de organización del Primer Congreso Mundial de la Unión Internacional de Jóvenes Demócratas Cristianos (UIJDC) y del Segundo Congreso de la Juventud Demócrata Cristiana de América (JUDCA), celebrados ambos en el Hotel Humboldt, en el Ávila, Caracas. En dicha reunión fue designado secretario general de la JUDCA.


Delegados de Venezuela al I Congreso de la UIJDC: José Rodríguez Iturbe y Eduardo Fernández. De pie, a la derecha, Jorge Sucre.


Con muy limitados recursos ejerció tal función, correspondiéndole asistir a una reunión celebrada en Santiago de Chile que se hizo coincidir con la toma de posesión de la Presidencia de la República por don Eduardo Frei Montalva, persona con la cual posteriormente cultivó amistad. En esa ocasión aprovechó para visitar Lima, Quito y Bogotá a fin de estrechar relaciones personales con demócratas cristianos de esos países. En 1965, manejando pocos recursos, se las arregló para visitar demócrata cristianos desde Panamá hasta México.



Jorge Sucre y Bernardo Level en Santiago de Chile en octubre de 1964, asistiendo a la toma de posesión presidencial de Eduardo Frei Montalva, y a un evento de la JUDCA.



Su vocación internacionalista era claramente infatigable.

Fue un visitante permanente de los cursos que periódicamente se celebraban en el Instituto de Formación y Estudios Demócratas Cristianos (IFEDEC), dirigido por el Dr. Arístides Calvani, y por su amigo y compañero de estudios el Dr. Enrique Pérez Olivares (nacido también en 1931), con el propósito de conocer y tomar contacto con los jóvenes demócratas cristianos procedentes de toda América.

También cumplió labor parlamentaria: Entre 1979 y 1984 se desempeñó como diputado principal de COPEI por el Distrito Federal.

Persona de elevada calidad humana: inteligente, honesto, humilde, discreto, alegre, con un fino sentido del humor y caritativo (siempre tenía una limosna a mano para dársela discretamente a quien la necesitara). En fin, siempre solidario y generoso con sus familiares y amigos; en definitiva, todo un demócrata cristiano ejemplar.

Dejo para el final un hermoso mensaje de otro hermano socialcristiano, Haroldo Romero, el pasado 20 de agosto, en sentida respuesta a un mensaje mío recordando a nuestro Hermano Bernardo, en el día que se recuerda a san Bernardo de Claraval:

"Bernardo Level, honesto, franco, de buena sonrisa y oído sereno. Siempre guiado por el servicio al prójimo y la superación de los obstáculos. Su presencia inspiraba confianza y su hablar reflejaba la bondad de sus intenciones.
Buen amigo, cristiano de convicción, ejerció siempre el servicio al prójimo.


Invocamos hoy tu presencia, ayuda y colaboración para superar la triste hora; y convencidos estamos de nuestro encuentro por siempre en la voluntad de El Señor".

Así sea.



Biografía, Historia DC Venezuela, Rubén Darío González, JRC, FTC

Rubén Darío González: Espejo sindical, juvenil,

político y de la vida

 

Por: Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz

18 de abril de 2023

 

I. Introducción

 

·       Contexto de la iniciativa de Saraliliam Lizarraga

·       Honra a los líderes juveniles, incluyendo a Rubén Darío González

·       Breve descripción de la biografía elaborada por Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz

·       Objetivo de la compilación

 

II. Juventud y formación

 

·       Nacimiento y origen de Rubén Darío González

·       La JOC, Labor del Padre Manuel Aguirre Eloguiarra y Arístides Calvani

·       Creación de los Círculos Obreros de Caracas (C.O.C.)

 

III. Compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral

 

·       Vinculación de Rubén Darío González a la acción sindical

·       Formación en el IFEDEC y el INES

·       Participación en la Juventud Revolucionaria Copeyana (J.R.C.), Frente de Trabajadores Copeyanos (F.T.C.), en la CTV y en la CLAT

 

IV. Vida personal y legado

 

·       Matrimonio y familia de Rubén Darío González

·       Fallecimiento y legado para las próximas generaciones

 

V. Conclusión

 

·       Importancia de conocer la vida y obra de Rubén Darío González

·       Reflexión sobre su compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral.

 

Introducción:

 

En el contexto de la iniciativa de Saralilian Lizarraga de revitalizar la Juventud Revolucionaria Copeyana, se honra, entre otros objetivos de importancia, a los líderes juveniles que han partido a otras latitudes, entre ellos, Rubén Darío González. Este hombre, que en su juventud formó parte de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC, desempeñó un papel crucial en momentos difíciles para la juventud y en la definición del pensamiento socialcristiano.

 

Abdón Vivas Terán y Johnny Diaz Apitz, quienes estuvieron cerca de Rubén, han elaborado esta pequeña semblanza de su vida y obra como líder en la JRC y más tarde en el movimiento sindical venezolano.

 

Esta breve biografía presenta su trayectoria de compromiso con la Democracia Cristiana y su paso por la Juventud Obrera Católica (JOC,) donde sus ideales cristianos arraigaron profundamente y lo llevaron a comprometerse con la liberación integral.

 

Gracias a su participación en los Círculos Obreros de Caracas y su formación sindical, Rubén se convirtió en un destacado líder en el movimiento sindical socialcristiano. Esta compilación busca acercar a las próximas generaciones al conocimiento de la vida y obra de este querido y noble amigo y compañero a quien el destino no le permitió más tiempo en su vida útil como ciudadano de bien.

 

II. Juventud y formación

 

Rubén Darío González, conocido como tal, aunque formalmente su nombre completo era: Rubén Santiago Santiago, nació en Santiago de Trujillo, Municipio Urdaneta, un pueblo ubicado a 70 kilómetros de la capital del Estado Trujillo, el 4 de mayo de 1944. Sus padres eran Ercilia Santiago y Rubén González, aunque por desavenencias con su padre, fue inscrito en el registro civil con el doble apellido por su madre y por el pueblo en el que nació, quedando como Rubén Santiago Santiago.

 

III. Compromiso con la Democracia Cristiana y la liberación integral

 

En la década de 1940, destacaba la labor del Padre Manuel Aguirre Eloguiarra, quien se dedicaba a crear un movimiento sindical inspirado en la fe cristiana. Junto al Dr. Arístides Calvani, quien venía trabajando activamente desde 1945 con el Padre Manuel Aguirre, se creó una estructura que serviría como base para un futuro movimiento sindical obrero.

 

 


Rubén Darío González

 

 

El Padre Manuel Aguirre, iniciador de los Círculos de Estudios de la Doctrina Social Católica, se interesó por las actividades del Padre Leopoldo Brentano, quien dirigía los Círculos "Los Operarios". Prefirió orientarse por el camino del Padre Brentano y consiguió estructurar un movimiento sindical partiendo de la familia obrera y sus actividades cotidianas, para brindarles un ambiente donde reunirse y expresar sus aspiraciones.

 

Así, se comenzaron a elaborar los estatutos del Círculo Obrero de Caracas, en los que intervinieron varios abogados. Finalmente, el 5 de julio de 1945 se reunieron en San José del Ávila un grupo de trabajadores que venían laborando con el Padre Manuel Aguirre Eloguiarra, y se aprobaron los estatutos de los Círculos Obreros de Caracas (C.O.C.), que luego se registraron como una entidad legal.

 

Para 1962, los Círculos Obreros de Caracas ya habían preparado a jóvenes y Rubén Darío González, con apenas 18 años de edad, se vinculó al llegar desde el Estado Trujillo a la capital, incorporándose activamente en las actividades del padre Manuel Aguirre en su sede, ubicada inicialmente entre Cuartel Viejo y Altagracia en una casa del centro de Caracas y posteriormente en las esquinas de Balconcito a Truco N.º 79, junto a Rafael Rodríguez Acosta y Johnny Diaz Apitz, quienes además de sus estudios, estaban participando en las actividades de la Juventud Obrera Católica (JOC).

 

Fue allí donde Elio Aponte González, Dagoberto González y el Dr. Arístides Calvani animaron a estos jóvenes a incorporarse a la acción sindical y comenzaron a formarlos en el Instituto de Formación de la Democracia Cristiana (IFEDEC) y en el Instituto Nacional de Estudios Sociales (INES), creado en 1961 y dirigido por el Dr. Arístides Calvani.

 

Rubén Darío González, por su parte, se incorporó de lleno al trabajo de la Juventud Revolucionaria Copeyana (J.R.C.), participando activamente en sus actividades y en paralelo con el Frente de Trabajadores Copeyanos (F.T.C).

 

IV. Vida personal y legado

 

Rubén Darío González contrajo matrimonio con Gloria Lilue Bittar el 1 de septiembre de 1963 en la Iglesia de la Parroquia Altagracia. Tuvieron tres hijos: Rubén Darío Santiago Lilue, Alejandro Darío Santiago Lilue y Olga Marina Santiago Lilue.

 

En octubre de 1962, Rubén Darío participó en la III Asamblea Nacional del F.T.C., donde fue electo secretario de Doctrina de ese Organismo Funcional. También se unió al trabajo de la JRC, donde conoció a Abdón Vivas Terán, líder estudiantil con quien trabajó en la juventud copeyana.

 

En la IV Convención Nacional Juvenil en Caracas en octubre de 1965, Rubén Darío fue elegido Subsecretario Nacional Juvenil de la Juventud Revolucionaria Copeyana, acompañando a Vivas Terán, quien fue elegido secretario nacional Juvenil. A los pocos meses de haber sido electos, en una decisión injusta por parte del Comité Nacional de COPEI, fueron destituidos por haber tenido posiciones que consideraban justan en materia ideológica y en materia de respeto a la libertad de expresión de los dirigentes juveniles en cuanto a temas que fueran de su interés exponer.

 

Sostenemos que aquella decisión de las autoridades nacionales de COPEI fue exagerada, injusta e ilegal, de acuerdo con los Estatutos del Partido y las normas establecidas en la Constitución Nacional En respuesta a esa destitución sorpresiva, algunos dirigentes juveniles de COPEI encabezados por Rubén Darío González, dirigieron una importante comunicación a Don Pedro del Corral Presidente de COPEI, en la cual mantenían una posición crítica hacia la democracia interna del partido y la falta de igualdad de oportunidades para todos los militantes y dirigentes. Los autores de ese documento, promovido por los dirigentes liderados por Rubén Darío González, enfatizan la importancia de la libertad ideológica y el debate en el partido, y hacen un llamado a una reforma del Programa General. Además, denunciaron la destitución de los compañeros sin permitirles el derecho a la defensa, y critican la creación de una tipología del delito ideológico, que podría conducir a una inquisición peligrosa y explosiva. En resumen, la crítica presentada es a la falta de democracia interna y la falta de igualdad de oportunidades en COPEI, así como una denuncia de la expulsión injusta de compañeros y la creación de una tipología del delito ideológico.

 

Al quedar vacante, en la Juventud Revolucionaria Copeyana por lo ya narrado, en 1966, con motivo la celebración del V Congreso Latinoamericano de Trabajadores en Panamá, Rubén Darío González incursionó en las actividades sindicales a nivel latinoamericano y fue electo Miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Latinoamericana de Sindicatos Cristianos (CLASC), que más tarde se convirtió en la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT). En el VI Congreso Latinoamericano celebrado en Bogotá en 1971, también participó activamente.

 

Rubén Darío González jugó un papel importante en el campo latinoamericano y viajó a distintos países de la región de América del Sur y Centroamérica, así como el Caribe. La CLASC surgió en 1954 en Santiago de Chile como una acción impulsada por la Confederación Internacional Sindical Cristiana (CISC), destinada a promover el sindicalismo cristiano en la región. Su proceso de conformación da cuenta tanto de una debilidad organizativa inicial como de la estrategia que se dieron para llegar a conformar un colectivo importante en términos cuantitativos y cualitativos.

 

En 1971, la CLASC pasó a llamarse Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) y amplió su arco de representación más allá de identidades religiosas. Rubén Darío jugó un papel importante y trascendental en todo este proceso. La CLAT logró instalarse con mayor fuerza en Venezuela, Ecuador, República Dominicana, Colombia y otros países de la zona del Caribe, y su mayor influencia estuvo entre los sectores campesinos y urbanos pobres de los países menos desarrollados.

 

Durante un encuentro en el que participó Rubén Darío González, se discutió sobre la construcción de una sociedad de nuevo tipo, no capitalista, y se planteó la idea del "Socialismo Comunitario" como una opción política e histórica para la clase trabajadora. La propuesta se basaba en la idea de poner el poder político y económico en manos de los y las trabajadoras y el pueblo organizado, inspirado en el humanismo cristiano.

 

Después de este encuentro, Rubén Darío González viajó a Chile por unos meses para cumplir misiones en el campo latinoamericano y especializarse en las actividades políticas y sindicales de ese país. A su regreso, se reincorporó nuevamente a las actividades sindicales y fue elegido miembro del directorio nacional del Frente de Trabajadores Copeyanos en la IV Asamblea Nacional del FTC en octubre de 1966.

 

En 1974 se inauguró la Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL), que complementó las actividades de formación, investigación, documentación y divulgación de la CLASC. Rubén Darío González contribuyó con sus conocimientos, al montaje de este proceso de formación debido a su experiencia como dirigente en el Comité Ejecutivo y en Buró Político de la CLAT.

 

En la V Asamblea Nacional del FTC en enero de 1971, Rubén Darío González fue elegido Subsecretario Sindical Nacional del FTC y, además, secretario nacional de Relaciones Internacionales por su magnífica labor en las actividades sindicales y políticas y sus conocimientos adquiridos en el campo internacional. También fue el iniciador de la Central de Servicio Sindicales, SERVISIN, y fue elegido presidente de la directiva para ese entonces y fue el director del departamento de Recursos Financieros del movimiento.

 

En abril de 1974, el Comité Unitario de Sindicalistas Cristianos (CUSIC) se convirtió en el Movimiento Nacional de Trabajadores para la Liberación (MONTRAL), liderado por Dagoberto González y Rubén Darío González. En su primera Junta Directiva fundadora del MONTRAL, Rubén Darío González representó al FTC y asumió la dirección del Departamento de Recursos Financieros.

 

Este movimiento coordinaba los esfuerzos de distintas ramas existentes, incluyendo el Movimiento Magisterial Socialcristiano (M.M.S.C.), CODESA, el Movimiento Agrario Social Cristiano (M.A.S.C) y la Central Nacional Campesina (C.N.C.) y esta contaba con los asesores: Dr. Arístides Calvani, José Rodríguez Sáez y Felipe Montilla.

 

Durante el periodo en que Rubén Darío González formó parte del Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC), se llevaron a cabo importantes acontecimientos que marcaron la historia del movimiento sindical venezolano.

 

En el VII Congreso Nacional de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), que se celebró del 25 de abril al 1º de mayo de 1975 en el Parque Central de Caracas, el FTC se consolidó como la segunda fuerza sindical del país, superando al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y siendo parte del Comité Ejecutivo de la CTV a través de la Secretaría de Estudios Técnicos y Contractuales, liderada por Rubén Darío González.

 

La VI Asamblea Nacional del FTC se llevó a cabo el 22 de noviembre de 1975 para el periodo 1975-1979. Según el nuevo Reglamento Orgánico del FTC, las Asambleas Nacionales quedaron encargadas de ser el organismo cuya única función era la elección de los miembros del directorio nacional. En este evento Rubén Darío González fue ratificado como Subsecretario Sindical Nacional, acompañando nuevamente a Dagoberto González como secretario Sindical Nacional.

 

Pero Rubén Darío González, con su capacidad de trabajo que tenia de hombre inquieto e intenso, incursionó como periodista asimilado. Es que, para la escritura, tenía una capacidad excepcional.

 

Es esta inquietud que lo llevó a crear un Periódico el cual tenía como nombre: “Periódico FRENTE”. Junto con Johnny Diaz Apitz y los dos actuando como director y subdirector, llegaron a imprimir por algunos años, unos 100 ejemplares, que meses a meses eran impresos en 10 mil ejemplares y este se convirtió en un órgano de información, orientación y formativo.

 

V. Conclusión

 

La Juventud Revolucionaria Copeyana y El movimiento sindical venezolano e internacional, al cual le sirvió con tanta dedicación y mística, sufrió una gran pérdida el 27 de junio de 1977, cuando Rubén Darío González falleció repentinamente. Rubén había sido una de las promesas más destacadas del movimiento, habiendo jugado un papel importante en el desarrollo y consolidación de la Juventud Revolucionaria Copeyana y luego en el campo sindical a través del FTC, en la CTV y en la CLAT, una de las principales fuerzas sindicales de Venezuela y de América Latina.

Rubén sintió malestar y decidió ir a chequearse. Los médicos, lamentablemente, descubrieron un cáncer que se había dispersado por diferentes órganos de su cuerpo. Esta situación lo llevó a un estado depresivo, y desafortunadamente falleció ante una determinación trágica tomada de su parte.

La partida de Rubén con apenas 37 años dejó un gran vacío en la Juventud Revolucionaria Copeyana y del movimiento sindical y en la lucha por los derechos laborales en Venezuela.

Su legado y su memoria perdurarán en la JUVENTUD REVOLUCIONARIA COPEYANA (J.R.C.) y en el movimiento sindical, en la lucha por un mundo más justo y equitativo.


Historia DC Venezuela, JRC

La I Convención Nacional de la JRC: Hilarión Cardozo

 




Caída la dictadura perezjimenista, salieron de la clandestinidad y regresaron los líderes forzados al exilio. Toda la sociedad venezolana estaba en movimiento para evitar el retroceso político en un año, como 1958, lleno de naturales incertidumbres.

 

Las agitadas inquietudes juveniles de entusiastas planteamientos y decididas acciones, fueron debidamente canalizadas por los partidos en rápida reconstrucción. Adscritas a los diferentes partidos nacionales, realmente las juventudes socialcristiana, socialdemócratas y marxista, exhibían una mayor consistencia que la urredista y de otras entidades todavía incipientes que esperaban por medirse en unos libres comicios.

 

La Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), fundada por Luis Herrera Campíns, Eduardo Tamayo, Rodolfo José Cárdenas y Valmore Acevedo en 1947, no tuvo ocasión de regularizarse como tal en el seno del partido, gracias a las difíciles y duras circunstancias que atravesó la Venezuela de entonces hasta llegar el golpe de Estado de 1948. Sin embargo, por el testimonio de El Gráfico y de otros medios, fungió Herrera Campíns como secretario juvenil nacional de COPEI con una intensa lucha estudiantil que después lo arrojó a la cárcel y al destierro.

 

Es tal el impulso organizacional y político que adquiere la JRC que para 1959 es capaz de convocar la I Convención Nacional.

 

En un período que solamente Acción Democrática y COPEI celebran sus convenciones juveniles nacionales, la revista SIC de Caracas, en mayo de 1959, comenta: “La más efectivamente revolucionaria e independiente fue la de COPEI. Sin estridencia, con vigorosa claridad en los conceptos y una férrea lógica en sus conclusiones, supieron decir no a la propaganda farandulera de la Juventud Comunista y del festival (comunista) de la Juventud en Viena. El sereno vigor de la Juventud Copeyana es un índice más de la madurez con el que el COPEI actúa en la política nacional”. Así, gana por consenso la I Convención Nacional Juvenil del partido demócrata-cristiano, Hilarión Cardozo teniendo al margariteño José de la Cruz Fuentes como subsecretario.

 

La gráfica, reproducida por Horacio Marqués para un reportaje de Luis Arismendi con motivo del 25° aniversario de Copei, publicado por El Universal de Caracas en 1971, única a algunos de los protagonistas del evento juvenil como Régulo Arias, José Rodríguez Iturbe, Carlos Rodríguez Ganteaume, entre otros. Por cierto, la preferimos en la versión original de la prensa, ya que el procesamiento de la IA la altera significativamente.


78 Aniversario de la JRC

 


78° aniversario de la JRC




Muy pocas veces nuestras cátedras de historia y de sociología política se han ocupado de las juventudes políticamente organizadas en Venezuela a pesar de la trascendencia que tuvieron para el país y para los partidos de adscripción.  La lucha sostenida a favor de la libertad y de la democracia en las distintas etapas de nuestra vida republicana, tuvo por escenario natural el liceo y la universidad. Diferenciada la naturaleza de la sociedad civil respecto a la sociedad política, los partidos asumieron la necesidad de estructurar la más juveniles de sus vocaciones y voluntades políticas, e, inevitablemente, alrededor de tres meses después de creada la Juventud Comunista de Venezuela que nunca solía distinguir entre una y otra naturaleza, surgió la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC) para darle espacio, bandera y representación a los cada vez más amplios sectores juveniles democráticos, respondiendo así a un fenómeno demográfico asociado a la expansión urbana desde mediados del siglo pasado.

El 24 de diciembre de 1947 Luis Herrera Campíns, Rodolfo José Cárdenas, Valmore Acevedo Amaya y Eduardo Tamayo Gascue, le dieron concreción a la idea, nacimiento y denominación definitiva de la juventud del partido demócrata-cristiano, cuyo peso político e histórico aumentará paulatina y significativamente. Fue duro y difícil el tránsito por los años cincuenta en medio de la dictadura perezjimenista, pero aún más en la década siguiente, al defender la institucionalidad democrática dentro y fuera de las aulas, convirtiéndose en la vanguardia política, ideológica y emocional del partido: el liderazgo estudiantil de los demócrata-cristianos contuvo eficaz y corajudamente a las fuerzas insurreccionales castro-comunistas en liceos y universidades que, más de las veces, daban tregua a sus dramáticas diferencias y discrepancias internas para unirse y enfrentar a la JRC que pronto tuvo una derivación apropiada con la Democracia Cristiana Estudiantil (DCE, en liceos) y la Democracia Cristiana Universitaria (DCU, en universidades). Es en el seno de la JRC donde cobra una mayor actualidad el debate ideológico, aportando al partido matices y tendencias (Astronautas, Araguatos y Avanzados) que se harán célebres; y la JRC se convirtió en el motor emocional del partido al propulsarlo electoralmente, incorporada a la intensa faena del proselitismo entusiasta, esperanzado y esperanzador en todas las elecciones.

Entre varias de las perspectivas con las que se puede abordar la historia y las realizaciones jotaerrecistas, por cierto, portadoras de un sentido e identidad sin equivalentes en las otras juventudes partidistas, luce importante destacar el pleno ejercicio de la democracia interna que explica su existencia hasta mediados de los años noventa. E, incluso, podemos corroborar que un gran porcentaje de la dirigencia adulta a nivel local, regional y nacional, provenía de la temprana militancia y formación en la JRC; este dato se mantendrá aunque el dirigente adquiera responsabilidades de partido, o se incorpore definitivamente a otros organismos funcionales como el magisterio, los trabajadores, el frente femenino, el movimiento agrario, y los profesionales y técnicos.

Apuntemos, por otra parte, que los jotarrecistas celebraron con regularidad sus convenciones o asambleas internas, establecido el límite máximo de 30 años de edad para elegir o hacerse elegir en las instancias de conducción de cualquier nivel.  La inequívoca legitimidad y legitimación de su liderazgo, permitió contar con el reconocimiento y la respectiva representación en el Comité Nacional del partido, ejercida por el secretario general de la JRC, electo igualmente con un directorio juvenil que, a su vez, nombraba al secretariado administrativo, cuyas actividades estaban expresadamente contempladas en el propio reglamento orgánico de la entidad juvenil.

Por último, merece mencionarse que hubo un paulatino desarrollo institucional fácil de identificar con la selección del liderazgo juvenil. La accidentada etapa constituyente de la JRC, en el apogeo dictatorial, tuvo de hecho a Luis Herrera Campíns y al resto del equipo que le acompañó como secretario juvenil y directorio, incorporándose figuras estelares de las luchas juveniles como Hilarión Cardozo y José de la Cruz Fuentes. Al igual que en todas las instancias del partido, en la JRC se reunía semanalmente el directorio respectivo para la discusión política, el secretariado y el equipo de cada secretaría para los asuntos administrativos y operacionales, haciéndose un hábito definir y desarrollar una agenda para la discusión, añadida la evaluación del trabajo realizado y las propuestas de otros.

Un breve recuento de las Asambleas Nacionales de la JRC, luego de la caída de la dictadura perezjimenista:

I Convención Nacional de la JRC: eligió como secretario general a Hilarión Cardozo.

II Convención Nacional: reelecto Hilarión Cardozo.

III Convención Nacional: Eduardo Fernández es el secretario general en 1963, quedando electo luego (por el viaje al exterior de Eduardo), un nuevo equipo con Álvaro Páez Pumar como secretario general, en un Pleno Nacional realizado en 1964.

IV Convención Nacional: electo Abdón Vivas Terán en 1965, quedando encargado luego Oswaldo Álvarez Paz en 1966, hasta 1968.

V Convención Nacional: electo José Ramón Solano en 1968.

VI Convención Nacional: electo Julio César Moreno en 1971, quedando encargado luego Donald Ramírez hasta 1975.

VII Convención Nacional: electo Donald Ramírez en 1975.

VIII Convención Nacional: electo Agustín Berríos en 1979.

IX Convención Nacional: electo César Pérez Vivas en 1984.

X Convención Nacional: electo Vladimir Petit Medina en 1989.

XI Convención Nacional: electo José Gregorio Graterol en 1994.

Como referimos, la renovación del liderazgo jotarrecista siempre estuvo asociado a la realización puntual, real y convincente de sus procesos eleccionarios. Y la última vez que ocurrió, fue en 1994.



Historia DC Venezuela - JRC

 


Historia DC Venezuela - La Juventud Revolucionaria Copeyana


 



Esta foto es de 1971. Fue en un curso de formación de la JRC en San Félix, estado Bolívar. Gehard Cartay habla y a su lado están Julio César Moreno y Leopoldo Quintana. Tiempos inolvidables de lucha y convicciones.




Historia DC Venezuela - JRC

 


Una juventud para el cambio




                                                               Luis Barragán

                                                                     

                                A Julio César Moreno León, in memoriam

 

Apenas, comenzábamos a cursar la primaria en la Venezuela que hizo muchísimo con el petróleo promediado en US $ 1,80 el barril, cuando concluyó, el 31 de octubre de 1965, en Caracas, la IV Convención Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Lejos de todo afán proselitista, corriendo ya otras aguas por debajo de puentes muy distintos, nos inspira únicamente un interés histórico: el evento partidista tuvo una extraordinaria e inusitada trascendencia que convirtió al organismo funcional no sólo en la columna vertebral del partido desde la particularísima y arriesgada década de los sesenta, sino que definitivamente legitimó, reivindicó y jerarquizó a las juventudes política y socialmente más allá de las aulas.

Por entonces, la Guerra Fría igualmente llegaba a las inmediaciones del satélite lunar, extenuaba el proceso de descolonización africana que antes había mostrado mejores ímpetus, tropas estadounidenses invadían a República Dominicana, o, entre nosotros, se veía por vez primera en la televisión local a Los Beatles.  Edecio La Riva Araujo y Rodolfo José Cárdenas protagonizaban una pública y dura polémica incluso perteneciendo a la misma entidad partidista, mientras que el también parlamentario – aunque independiente – Alfredo Tarre Murzi, denunciaba la existencia de una seria conspiración de derecha. Importado desde la temeraria dictadura cubana que había colocado al planeta en las fauces de una conflagración nuclear, el guerrillerismo había sido derrotado política y militarmente, y recién implementaban la línea táctica de “Paz Democrática” que aprobó el VII pleno del comité central del Partido Comunista de Venezuela tras su X congreso.

 

UNA JUVENTUD ESENCIAL

La JRC empinaba su presencia cada vez más en la escena pública, gracias a las distintas condiciones en el orden teórico, social, partidista, mediático y místico que conjugó en medio del combate cívico. Los socialcristianos muchas veces superaban con creces a una disciplinada Juventud Comunista (JC) arrastrada por la insurrección armada; Acción Democrática (AD) había quedado mutilada al conformar sus cuadros más brillantes el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de un historial crecientemente decadente, asimismo diluida lastimosamente Vanguardia Juvenil Urredista.





El compromiso jotarrecista de entonces, tradujo el formidable impacto generado por autores de inspiración cristiana (Maritain, Sturzo, La Pira, Mounier, Lepp, Lacroix, Lebret, entre otros), al igual que los planteamientos esgrimidos principalmente hacia el sur del continente por partidos afines, en torno a una vía no capitalista al desarrollo; valga acotar, el Concilio Vaticano II concluirá mes y días después. La IV Convención de la JRC bien recoge el debate ideológico en curso, a través del documento denominado “JRC: una juventud para el cambio”, finalmente aprobado, presentado por los “avanzados” sin que tengamos evidencia del contenido y destino de otro documento, de los “astronautas”, de largo título: “Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC”. Será en la V Convención de 1968 que los “araguatos” presenten un documento de características semejantes al de sus adversarios.

Los jóvenes socialcristianos contaron con una sólida presencia y representación social que les garantizaba una mayor independencia e influencia política, pues, en numerosos liceos y universidades ganaban los comicios estudiantiles, por ejemplo, forzando la unión de la JC y el MIR para impedir el triunfo de la JRC en la Universidad Central de Venezuela; además, trataban de abrir camino propio entre los trabajadores. Esa presencia e influencia ejerció un peso importante respaldando al puntofijismo que sobrevivió exitosamente a la violencia desatada de izquierda y derecha asombrosamente compaginadas.

La JRC actuó en un partido organizado, disciplinado y de vocación histórica que expuso un alto nivel de institucionalidad y democracia interna, celebrando regularmente sus elecciones, conformando y regulando las instancias de conducción capaces de deliberar y de decidir colegiadamente en el campo de sus competencias, con todos los errores, fallas e incomprensiones que pueden alegarse.  La juventud aportó, al liderazgo del partido, nombres como el de Hilarión Cardozo, así como una intensa experiencia compartida llena de debates ideológicos, que, demostrando madurez y perfiles novedosos, interiormente generó sendos grupos como los “araguatos”, junto a los ya mencionados “avanzados” y “astronautas”. En próximas notas trataremos las características esenciales de las tres grandes tendencias de la juventud socialcristiana.

Estupenda fuente de noticias, atrajo la atención de los periodistas especializados y, en no pocos casos, el conocimiento y trato personal de la dirigencia jotarrecista.

Tratamos de factores y condiciones que propulsaron a la JRC, la hicieron un elemento vital del partido y un referente ineludible en el movimiento estudiantil en defensa de la libertad y de la democracia. Y no era de extrañar el surgimiento de un poderoso sentido místico que supo manifestar Régulo Arias Moreno al darle letra a un espléndido himno de mil jornadas: “Juventud victoriosa”.

DEMOCRACIA Y VITALIDAD INTERNA

Inevitable el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la JRC, se hizo un organismo igualmente complejo como el partido, aparecidas las mencionadas tendencias en una pugna que agudizaba los contrastes y las tonalidades reales y aparentes, interesadas o no, respecto a lo ideológico y en relación a las autoridades partidistas adultas. El día de ya citada IV Convención, Caldera se apersonó y, naturalmente, habló a los convencionistas en defensa del ideario demócrata-cristiano, haciendo precisiones, formulando consejos, con mucho aplomo y paciencia y cuidadosa severidad.

“JRC: una juventud para el cambio”, mecanografiado a varias manos,  analizó la situación política del país señalando la crisis de la democracia liberal burguesa,    clamó por un cambio social inmediato, reivindicó la revolución personalista y comunitaria, denunciando la democracia formal, con propuestas – por entonces – muy osadas, como la de nacionalizar la industria petrolera y otras del sector energético, la reforma del Congreso Nacional y la eliminación de las Asambleas Legislativas, una audaz reforma agraria o la modificación de nuestra división político-territorial. Y, obviamente, propuestas de acción administrativa, las relaciones internacionales, la política laboral, y el relacionamiento con el partido.  El documento fue propuesto por los “avanzados”: Abdón Vivas Terán; Rubén Darío González, Julio César Pineda y Adel Muhammad, miembros del directorio nacional previo; José Ramón Solano, secretario nacional de Formación; Carlos Julio González, secretario nacional de Organización; Julio César Moreno, secretario nacional de Educación Media, y Rafael Domínguez Daly, secretario nacional adjunto de Educación Media.

Pactaron los “avanzados” y “astronautas”, frente a los “araguatos”, y de la votación nominal y secreta de 169 de los 172 delegados principales, la dirección nacional juvenil quedó integrada por: Abdón Vivas Terán (secretario general) y Rubén Darío González (subsecretario general), con 82 votos favorables, y un directorio “araguato” representado por Rafael Peña, Alfredo Rojas, Erick Becker, José González Puerta, Germán López Méndez, Carlos Rivas, Rafael Blanchard, Pedro Nikken, y empatados en la novena vocalía Joaquín Marta Sosa y Guillermo Betancourt. La “avanzada” propuso originalmente, además, a Adel Muhammad, José Ramón Solano, Milton Granados, Carlos Julio González, Julio César Pineda, Julio César Moreno, Gema Belandia, Rafael Domínguez Daly y Oliver Belisario; los “araguatos” postularon a Álvaro Páez Pumar (secretario general) y a Oswaldo Álvarez Paz (subsecretario general), quienes obtuvieron 80 votos, y los “astronautas” nominaron originalmente a Joaquín Marta Sosa (secretario general) y Saúl Rivas (subsecretario general), con Rafael Iribarren, Germán Ahrensburg, José Vitale, Gustavo Escobar, Pedro L. Castellanos, Antonio Barroeta, Ibrahím Sánchez, Alejandro Alfonzo y Rubén Colina.

De acuerdo a los datos reportados por Néstor Mora para El Nacional del 2 de noviembre de 1965, las fuerzas estuvieron equilibradas; además, el informe del secretario juvenil saliente, Páez-Pumar, no fue aprobado. El resultado fue paradójico, al hacerse relativa la victoria de Vivas Terán y González (acotemos, líder laboral), frente a un directorio que le era adverso.

ALGO MÁS QUE LA REMINISCENCIA

Una aproximación histórica y sociológica, nos permite inferir la novedad de un acto institucional que influyó por varias décadas al partido que fue COPEI, y permite también deducir las diferencias entre la presente época en relación a otras más remotas en torno a las juventudes políticamente organizadas y los partidos realmente existentes, la correspondiente política pública, las subculturas juveniles del momento.

Ir más allá de la reminiscencia, nos fuerza previamente a vivenciarla y a cruzar sus umbrales. Y, por ello, apelamos a los versos de don Fernando Paz Castillo, como una llave para abrir la puerta del recorrido faltante:

“Un día ya no seremos todos …

Acaso bajo los árboles apacibles de una plaza

de pueblo bañada por el sol,

que se ha quedado dormido entre las ramas,

mientras los jóvenes de entonces se diviertan,

confidencialmente, casi sin decir palabras,

recordaremos nuestras vidas,                                    

como quien recuerda por una nota, una estrofa olvidada”.