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Fundación COPEI: Discurso de Rafael Caldera

 



Ganar la Patria: una responsabilidad mancomunada


                       (Discurso fundacional de Rafael Caldera, el 13 de enero de 1946)


Compañeros y amigos del "COPEI":


Está reciente, pero es necesario machacarlo insistentemente, el recuerdo de la noche inolvidable del 18 de octubre: la profunda tensión espiritual que en todos los hogares de Venezuela se sentía en aquella memorable oportunidad. No creo que haya habido ningún venezolano que hubiera podido dormir aquella, noche, el pueblo no sabía con certeza de lo que se trataba, pero sentía una profunda conmoción interna. Su instinto infalible comprendía que se estaba cumpliendo algo trascendental. Era una transformación radical lo que ocurría; no un simple tiroteo, no un cuartelazo anónimo como algunos interesados quisieron presentarlo. Se sentía algo distinto a todo lo anterior. Se sentía llegada una oportunidad acariciada profundamente por todos los venezolanos honrados desde hacía mucho tiempo. Y ese sentimiento, como la mayor parte de los sentimientos humanos, tenía un aspecto dual: una inquietante angustia, y un profundo optimismo traducido en el júbilo popular más intenso que esperarse pudiera, y que no se atrevieron a negar ni aun aquellos que en las propias horas en que se rendía el presidente, todavía vilipendiaban a los héroes de la democracia venezolana, que habían jugado su vida, su honor y la tranquilidad de sus familias en una aventura decisiva. (Aplausos).


El pueblo se lanzó a la calle por la revolución; y los cartelones preparados, y los discursos repetidos a través de la radio policial por quienes desnaturalizaban sus funciones excitando al odio de las clases, por quienes pedían a todos los venezolanos una posición de anarquía espiritual y moral, no pudieron apabullar el sentimiento del pueblo, no pudieron con toda su propaganda, impedir que los hombres humildes corrieran a las calles a empuñar el fusil y dar sus vidas con ignorada valentía, por una causa que no se conocía pero que se sentía patriota y generosa. (Aplausos).


Ese doble sentimiento de fe y de inquietud


Ese doble sentimiento de fe y de inquietud, de optimismo y de angustia, de esperanza en las realizaciones que exigía el momento, e inquietud ante el tremendo interrogante de si no iría a sepultarse una oportunidad que no se volvería a repetir, ese doble sentimiento tenemos que mantenerlo vivo. Tenemos que mantener la fe en la revolución para que ella pueda cumplir sus promesas. Tenemos que mantener la inquietud en todos los sectores, porque el fracaso de este momento revolucionario sepultaría por varias generaciones toda esperanza de salvación en Venezuela. (Aplausos).


Y el problema lo comprendemos todos. De que lo comprendemos da fe esta Asamblea preparada en muy poco tiempo, prueba evidente del deseo vivo en cada uno de los presentes de sumarse a un movimiento que tiende a plasmar el porvenir de la Patria y a mantener vivos aquel optimismo y aquella inquietud. Porque a eso precisamente ha venido "COPEI". A decirle a cada venezolano que es por la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, por la acción mancomunada y solidaria de todos los sectores sociales, como puede salvarse este momento histórico. A decirle que la desidia, la indiferencia, el egoísmo, harían pasar el golpe del 18 de octubre como un golpe de audacia feliz que no logró cumplir una transformación radical en nuestra Patria. (Aplausos).


A decirle que sólo la colaboración, el esfuerzo, la responsabilidad solidaria de todos y cada uno de nosotros en la empresa, puede hacer que la Revolución del 18 de octubre sea el comienzo definitivo de una era de trabajo, de normalidad, de decencia, de respeto a las instituciones, que permitan cumplir en pocos años la obra que se ha venido postergando por un siglo. (Aplausos).


Todos, absolutamente todos, seremos responsables


Y en este sentido, todos, absolutamente todos, tenemos una responsabilidad política. Hay que decirlo claramente: el apoliticismo en Venezuela, en el momento actual, es una deserción.


No estoy pretendiendo que el comerciante abandone su empresa, que el industrial olvide su fábrica, que el obrero deje de prestar su labor diaria a la reconstrucción del país; eso sería una traición mayor. Pero dentro de la atención propia y de la propia actividad, manteniéndolas y superándolas, si cabe, para corresponder a las esperanzas del momento, tenemos que mantener también una viva, actuante, generosa preocupación por la organización social. Porque, señores, ya tenemos experiencia elocuente. El obrero no encuentra trabajo, no encuentra justicia, no tiene redención ni esperanza, si la organización política está corrompida. El industrial no puede desarrollar sus proyectos, el agricultor, el criador, el comerciante, no pueden encontrar confianza en sus actividades, el profesional no puede lograr el cumplimiento satisfactorio de sus propias e individuales preocupaciones, si existe un orden político alterado, que utiliza los recursos nacionales para el sostenimiento de una camarilla, para el enriquecimiento de los favoritos y para la tergiversación de las obligaciones administrativas. Ni es posible lograr que el estudiante sienta el optimismo de una Patria, ni pueda responsabilizarse en su tarea, si la política no marcha. Y cuando hablo de los estudiantes quiero repetir claramente, porque aquí hay muchos universitarios, lo que explicó el compañero bachiller Páez Pumar. En el "COPEI" tenemos muchos estudiantes inscritos: estudiantes de las diversas fracciones estudiantiles, que con entusiasmo y generosidad han venido a trabajar en nuestras filas. Pero no pensamos llevar la política a la Universidad, pues entendemos que lo estudiantil es una función nacional que está por encima de las diferencias de matices, y que las luchas de los estudiantes como ciudadanos, tienen que realizarse en la calle, de las puertas sagradas de la Universidad hacia afuera, para que se mantenga adentro un solo espíritu y una sola verdad. (Aplausos).


Y vosotras, mujeres, ¿creéis posible que vuestro hogar pueda encontrar la tranquilidad y la alegría, creéis posible que se puedan educar vuestros hijos por la senda de la rectitud y del bien, creéis posible que se pueda pensar en una Patria serena y pacífica, y próspera como la deseáis para cada uno de vuestros hijos, si la política y el ejercicio del poder se desnaturalizan, si desde arriba se combate con la inmoralidad todo intento de regeneración de la Patria, si desde las alturas del poder se obstaculiza toda iniciativa honrada, y si en vez de sembrarse un ambiente de honradez lo que se hace es preparar semillas constantes de inquietudes, de zozobras, de revoluciones, de luchas, de destrucción? No es posible contar con hogares sanos, no es posible pensar en una Patria próspera, no es posible aspirar un ambiente donde decorosamente cada uno de nosotros pueda entregarse a su tarea, si no tenemos un orden político legítimo, un orden político sano y respetuoso por el que debemos luchar. (Aplausos).


Es Venezuela misma quien debe señalar el rumbo


El momento exige una transformación. Esa transformación es de nosotros: somos nosotros quienes podemos cumplirla. No podemos mantenernos en la incuria para dejar que las cosas marchen bien o mal, según la buena voluntad ocasional del gobernante de turno. Es Venezuela misma, todos sus hombres responsables, quienes deben señalar el rumbo. Somos todos, los que tenemos que hacer definitivo este camino, los que tenemos que cumplir una mutación definitiva para que podamos trabajar, construir, construir infatigablemente nuestra destruida nacionalidad. Necesitamos un régimen sincero, un régimen genuinamente democrático y tenemos que construirlo nosotros a través de la sinceridad.


La democracia no puede existir con un solo partido. La democracia no puede existir sin el juego libre de las opiniones. La democracia no puede existir si acecha en cada uno de nosotros la preocupación de que agruparnos, de que expresar nuestras convicciones es exponernos a insultos, es exponernos a la agresión de quienes tratan de sembrar un ambiente fatal para la democracia venezolana; de quienes con su prédica diaria, tendiendo a que ningún ciudadano honrado esté tranquilo con su honradez, buscan un ambiente que prepare y permita la dictadura social, objetivo fundamental de sus aspiraciones.


Por eso señores, porque creo en la necesidad de una democracia sincera, porque creo en la urgencia de que se abra campo limpio y decente a la discusión de los problemas ciudadanos, por eso es que he aceptado la responsabilidad de clausurar este acto. He meditado mucho sobre si yo debía venir aquí, a esta Asamblea de carácter político, a decir las palabras que estoy pronunciando. Circunstancial y transitoriamente, e inmerecidamente también, estoy desempeñando un alto cargo en la maquinaria política del país: quizás esa circunstancia debía impedir que me presentara a esta tribuna. Pero creo indispensable que se vea y se palpe la posibilidad de que a las altas filas políticas no vayan los hombres de un solo partido político; creo que ningún servicio mayor puedo prestar en este instante a mi Patria y al Gobierno establecido, sino el de hacer que suene y que se oiga, y que se sepa, que en las altas esferas políticas, cumpliendo allá su deber como venezolano integral, cabe un hombre afiliado a una agrupación política distinta de la que está manteniendo la responsabilidad del poder. (Aplausos).


Los promotores del "COPEI" creemos que el momento actual exige el implantamiento definitivo de ciertas mínimas conquistas. Que la discusión de problemas relativos a la posición ideológica de cada uno de nosotros, tiene que postergarse. Es necesario consolidar el orden, consolidar la posibilidad de que la democracia venezolana exista. Individuos de las más variadas ideologías y de las más variadas posiciones debemos coincidir, por ejemplo, en la aspiración de que se acabe el robo en las esferas administrativas. (Aplausos). Que al enemigo se le aplauda, deseamos eso, y al amigo se le castigue y se le recrimine, para que por encima de las banderas y de los compromisos personales, se imprima en toda la colectividad la convicción profunda de que los dineros de la Nación, a la Nación pertenecen, de que esos dineros no son el patrimonio personal que se disfruta y se maneja al antojo de los gobernantes. (Aplausos).


Nosotros consideramos urgente el que la democracia se establezca a base de instituciones y por eso hemos apoyado y apoyamos la conquista, ya hoy definitivamente lograda, de la incompatibilidad entre las funciones ejecutivas y legislativas: porque no es posible mantener la mentira de un poder soberano como el legislativo, mediatizado y dirigido, con grave daño hasta de la misma administración. Y nosotros creemos que es necesario abrir el cauce de la discusión con toda la energía posible, arrostrando el granizo de los ataques por mampuesto. Hacer que en Venezuela se vea con el respeto más sacramental y absoluto la expresión de las honestas opiniones. Y sobre todo, señores, creemos urgente en el momento actual hacer un llamado para que cese la lucha anárquica entre los diversos sectores, porque así no se puede construir. Es necesario que el obrero y el patrono discutan sus problemas, pero en un ambiente de serena tranquilidad. Los obreros saben que en nosotros tendrán los defensores constantes de sus mejores reivindicaciones. Que es en defensa de sus propios derechos que sostenemos que no es por el vilipendio de un sector hacia el otro, por donde puede llegarse a la solución de sus problemas. Creemos que todos los venezolanos debemos sentirnos por alguna vez una sola familia. Que los individuos de las diversas regiones, el andino, por ejemplo, que representa una región plena de reservas imperecederas para el país (y no me ruborizo en reconocerlo aunque no soy andino) y el occidental y el oriental y el insular y el central, todos debemos sentir que por encima de nuestras propias aspiraciones, caras, legítimas, porque son aspiraciones naturales de beneficio de la región nativa, estamos unidos sin reticencias, sin restricciones mentales y con el solo objeto de hacer una Venezuela como la que todos debemos estar empeñados en crear. (Aplausos).


Nosotros no queremos divisiones


Nosotros queremos sinceridad. Sinceridad en el Gobierno, sinceridad en los partidos, sinceridad en el pueblo. He tenido la satisfacción de oir en estos mismos días, de labios de políticos distinguidos de diversos sectores, la afirmación de que debemos desterrar el concepto de que política es engaño, de que política es traición. De que debemos implantar la convicción de que un genuino político es el hombre que tiene una idea, que profesa esa idea, que la echa a andar a los cuatro vientos de la opinión y que es capaz de jugarse su bienestar y su tranquilidad en defensa de esa convicción.(Aplausos).


Nosotros pensamos que sin la sinceridad colectiva la estabilidad es imposible. Diez años de experiencia nos demuestran que no puede mantenerse un régimen a base del engaño; que no puede sostenerse una democracia que no se practica, que no puede preconizarse una honradez que no se cumple. La insinceridad es la ruina de los regímenes hipócritas, y tarde o temprano marchan forzosamente al precipicio. (Aplausos).


Nosotros por los ideales de la Patria damos la cara abiertamente. No nos importa la calumnia. Ningún recurso nos importa de propaganda que se ejerza en contra de nosotros. Queremos inculcar en la conciencia de cada venezolano la verdad que estamos diciendo, de que es urgente trabajar, preocuparse, de que esta oportunidad perdida sería por mucho tiempo la ruina colectiva. Por eso estamos organizando este "COPEI". Es un principio de organización. Es un Comité de Organización Política Eleccionaria Independiente que marcha hacia la estructuración de fuerzas nuevas en el país. Queremos sembrar en todos los campos y ciudades estas ideas, sin egoísmo, sin restricciones. No vemos con temor el que se formen otros grupos: los queremos, los estimulamos. Estamos ansiosos de entrar a la emulación honrada y limpia: queremos que florezcan en los diversos sectores de opinión, diversos grupos políticos, para que poco a poco se vaya superando la conciencia política del país. Se irán depurando los campos, se irán calificando los hombres por su honradez y por su decisión en la defensa de los ideales. Y de esa evolución que nosotros debemos apresurar, pero no precipitar jamás, surgirán los grandes grupos políticos, los grandes partidos que puedan darle a Venezuela como a otros países, una etapa de tanquilidad, de orden y progreso. (Aplausos)


Y la etiqueta que nos den no nos preocupa


Y la etiqueta, la etiqueta que nos den, esa etiqueta en realidad no nos preocupa. Derecha, izquierda, centro, progreso, son palabras que se repiten sin sentirlas. Son palabras que a menudo se dicen sin saber qué es lo que significan. ¿Qué quiere decir derecha? Para unos, derecha es defensa de la tradición, defensa de ciertos principios fundamentales en la vida de los pueblos. Si eso fuera así, nosotros seríamos derechistas. Para otros, derecha es negación de progreso, injusticia con el trabajador, mantenimiento de métodos caducos. Si eso fuera así nosotros seríamos izquierdistas. ¿Qué es izquierda? Para unos, la izquierda es el progreso, es la reforma, el bienestar de los pueblos, ¿quién sería más izquierdista que nosotros si la interpretación fuera esa? Para otros es destrucción, es lucha, es fomento del espíritu de combate de unos contra otros. Si eso fuera así, ninguno de nosotros sería amigo de ese concepto de izquierdismo. Quizás en cierta manera nuestro programa podría corresponder al de centro, no en el concepto de mosaico de abigarrados egoísmos, sino en el sentido de reconocimiento de la necesidad de que se imparta justicia por igual para unos grupos y para otros, de que se acerquen todos los sectores nacionales. Pero tampoco queremos llamarnos así. Como no nos preocupa tampoco la etiqueta que quiera acordársenos en la terminología de "reaccionarios" y "progresistas".


Los grupos comunistas se empeñan especialmente en esta terminología. Reacción, para los comunistas, es anticomunismo. Progreso, para los comunistas, es filocomunismo.


Ya lo dijo un compañero en la defensa del ideario del "COPEI" en fecha muy reciente. Para nuestros enemigos no importaba que un hombre tuviera la más negra historia política, no importaba que un hombre representara en el poder el abuso y el robo más desenfrenado: si mantenía una actitud complaciente para los grupos comunistas se le llamaba progresista. No importaba la honradez; y no importaba que algunos individuos como yo y perdóneseme en gracia a la defensa, esta personal alusión-, lucháramos casi desde nuestra infancia por obtener las mejores reivindicaciones para los obreros, no importaba que se luchara para que cristalizara una Legislación del Trabajo que es una de las mejores de América; no importaba que se combatieran el abuso y el robo, no importaba que se pidiera el voto para la mujer y la incompatibilidad de las funciones legislativas y ejecuti- vas: si éramos anticomunistas éramos reaccionarios, pues reacción se consideraba todo obstáculo bueno o malo que se opusiera en la marcha del partido comunista. Nosotros no creemos en esos calificativos. En justicia creemos que progresista es el hombre que quiere el mejoramiento, el cambio, el progreso material y social de nuestra Patria. Que reaccionario es el que añora la vuelta al pasado, la reacción hacia los métodos antiguos, la resurrección del General Gómez con sus métodos de gobierno que se pensaron definitivos en la estructura social. Si se aplica este justo criterio, nosotros podemos medir nuestro progresismo con el falso progresismo de aquellos que se dedicaron a arrojar incienso a los pies de los gobernantes y a apoyar los abusos y la arbitrariedad, y a sostener un régimen que marchaba a pasos agigantados hacia el regreso de lo más detestable y lo más corrompido, y lo más repudiado por todos los venezolanos en la historia política del país. (Aplausos).


Nosotros no queremos divisiones


Nosotros no queremos divisiones. No somos un grupo de "derechas" ni de "izquierdas", ni de "centro"; no somos una agrupación "reaccionaria" ni "progresista". No queremos dividir a los venezolanos en buenos y malos, con barreras infranqueables. Queremos medir la posición de cada uno, pesar su capacidad de comprender la necesidad de sacrificios que impone el momento actual. Queremos hacer de todos los venezolanos una sola familia, una familia que discute, con ardor pero con serenidad, los derechos de cada uno de sus hijos, que pone siempre por encima de la discusión los intereses del grupo familiar. Queremos reforma social, la queremos, una reforma profunda, sentida y practicada por todos. Queremos paz social, esa paz que significa solidaridad, conciencia nacional, comprensión, ya que en pleito constante, infecundo, no haríamos sino acabar los pocos recursos humanos que nos quedan. Predicamos la necesidad de compactarnos, precisamente para que podamos resolver problemas que ya otros pueblos de América resolvieron hace más de cincuenta años, y que nosotros, en este perpetuo tirarnos de las greñas no hemos querido ni sabido resolver. (Aplausos).


El trabajo realizado por los promotores del "COPEI" representa hoy un resultado plenamente satisfactorio. Tenemos el derecho de estar contentos por el éxito de esta magnífica y compacta Asamblea. Pero no lo queremos para mera satisfacción: lo queremos para estímulo. Ya lo dijo el Vicepresidente del "COPEI" y lo señalaron otros oradores: este es el comienzo de una labor, el comienzo de una responsabilidad. Tenemos que ganar la Patria para la Patria. Tenemos que trabajar con energía. Merecen nuestro agradecimiento los señores de la Comisión Organizadora de esta Asamblea. Han sacrificado muchos intereses personales y han desatendido en mucho sus negocios; han sido capaces de todos los esfuerzos, con entusiasmo verdaderamente juvenil para obtener este resultado. Pero su ejemplo más que todo debe servirnos para formalizar nuestro compromiso. Tenemos, amigos y miembros del "COPEI", una grave tarea. La Revolución de octubre se salvará si no la dejamos perder por la senda infecunda de nuestros anteriores golpes de Estado. Si queremos salvar este golpe hermoso realizado por un grupo de jóvenes abnegados, si queremos corresponder a la responsabilidad que un grupo de ciudadanos han echado sobre sus hombros, es necesario que nosotros hagamos nuestra la Revolución, hagamos nuestros los propósitos, los ideales formulados por la Revolución, que no podrían hallarse más hermosos en nuestra historia política. Hagamos nuestra la preocupación de esta hora. Si la hacemos, la Revolución será de todos los venezolanos y habremos salvado a la Patria. Pero si para mal de la Patria fracasara, tendríamos que decir, sin que nada nos sirviera de excusa, que hemos sido nosotros mismos los asesinos de nuestra propia madre. (Grandes y prolongados aplausos).

(Versión taquigráfica de Juan Vicente Rodríguez).


Fuentes: 

Paciano Padrón (1981) “COPEI. Documentos fundamentales 1946”, Ediciones Centauo, Caracas, 1981: pp. 61-78.


Fotografía: Discurso fundacional de Rafael Caldera. 1946. Enero, 13. A su lado, Gonzalo García Bustillos, José Antonio Pérez Díaz y Edecio La Riva Araujo: https://rafaelcaldera.com/fotos/1916-1946/. 





Luis Herrera Campíns

 

Palabras de José Antonio Rodríguez en el Acto de Premiación del Concurso Literario Centenario Luis Herrera Campíns




Con la entrega de los premios a los ensayos sobre la vida y obra de Luis Herrera Campíns estamos cerrando el año de celebración del Centenario de este venezolano de excepción, protagonista de nuestra más reciente historia republicana.

 

          Estamos llegando al final de esta noble jornada con el sabor del éxito alcanzado, con un equipo de trabajo que siempre tuvo de común denominador la excelencia; cohesionados todos con las ideas claras de dejar en alto la vida y la gestión política de un hombre de profundas raíces democráticas, militante del humanismo cristiano, adverso a la reelección presidencial; con un empeño extraordinario de sacar a los venezolanos adelante a través de la educación y la cultura; y de una razonada y crítica visión de una economía que solo estaba bien maquillada por las finanzas petroleras.

 

          El equipo humano convocado para hacer del conocimiento de las nuevas generaciones venezolanas los elementos fundamentales para analizar la gestión presidencial de LHC siempre tuvo claro lo controversial y complejo de su época, su aguda personalidad y su arraigo a la necesidad de hacer de la democracia una forma de gobierno perfectible, que sería mejor en la medida que aupara la organización social del pueblo con la pluralidad ideológica necesaria para hacer más efectivo y eficiente el sistema democrático como la forma superior de gobierno en libertad.

 

          Los premios que hoy entregamos son producto de una convocatoria realizada al mundo estudiantil por una parte y al sector que denominamos la audiencia general por la otra, como parte de una estrategia de motivación a dos grupos que sintieran que competían en igualdad de condiciones. El proceso de convocatoria, selección de trabajos, su evaluación y veredicto final es impecable: por una parte se creó una plataforma tecnológicamente  de última generación para atender las 135 personas que se inscribieron desde 19 estados del país, representando 23 instituciones educativas; de 18 profesiones diferentes; y donde más del 50 por ciento de estos inscritos oscilan entre 20 y 40 años de edad; y  así permitir a un jurado de lujo poder leer y evaluar 50 ensayos que fueron escrutados por Elías Pino Iturrieta, Edgardo Mondolfi y José Rodríguez Iturbe. Tres venezolanos intelectualmente impecables de dilatada vida académica dentro y fuera de Venezuela.

 

          Los temas investigados por los participantes del concurso de ensayos son tan variados como acertados. Elías Pino, quien hablará en nombre del jurado, podrá ahondar más en esos detalles.

 

          Los escritos ganadores y los no ganadores van a ser publicados totalmente en nuestra página web en formato digital, tanto en la web de la Comisión Centenaria como en la página web de JAR Politólogos y Asociados. Los trabajos hoy premiados, 6 en su totalidad, serán consignados en copia dura a esta Biblioteca Central de nuestra máxima casa de estudios en las próximas semanas. Señor Rector Victor Rago Albujas, eternamente agradecidos con Ud. por brindarnos su presencia y este magno local.

 

          Cerrar el año Centenario de LHC en la UCV es un acto que garantiza a nuestra universidad su presencia de ser custodia de la historia de Venezuela. Por una parte, es importante recordar que LHC es egresado de esta casa de estudios como abogado; que es de igual importancia recordar hoy, en este recinto universitario, que la educación fue la primera y más importante prioridad de su Gobierno.

 

          Dejamos a través de nuestro trabajo invalorables testimonios de la historia de Venezuela recogidos en formato de la más moderna tecnología que nunca podrán ser alterados ni borrados de la memoria histórica de Venezuela. Las nuevas generaciones saben que tienen una referencia documental a mano para estudiar y entender periodos de nuestra historia que, con actores distintos, fue ética y políticamente más elevada que la que estamos viviendo a diario.

 

Distinguidos amigos y amigas:

 

Con sentimientos encontrados de alegría y tristeza me permito señalar con este acto del día de hoy, la conclusión por parte de esta comisión centenaria de los actos conmemorativos de los Cien Años de nuestro estadista Luis Herrera Campíns; no sin antes agradecer públicamente y ofrecer mi sentido reconocimiento a la familia Herrera Urdaneta, encabezada por nuestra queridísima  señora Betty, quien no ha podido acompañarnos físicamente hoy; mi reconocimiento a los miembros de la Comisión Centenaria encabezada por Humberto Calderón Berti nuestro presidente; a Pilarica Romero, eje fundamental en la implantación de todas las decisiones que adoptamos en la etapa de planificación hace un poco más de 3 años; a Ciro Chapón Pérez, Director Ejecutivo de JAR Politólogos y Asociados, y a todos los que colaboraron directamente en la realización exitosa del trabajo que hoy celebramos; en España a Eduardo Carrillo Salazar, secretario Ejecutivo de la Comisión.

 

A todo nuestro equipo audiovisual y a nuestra Community Manager jefe, María Gabriela Vera Rodulfo, por la producción y edición de tan maravillosos videos.

 

Nuestro reconocimiento a la Federación de Centros Universitarios de la UCV, en la persona de su presidente Miguel Ángel Suárez, de los Centros de Estudiantes de La Escuela de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCV en la persona del bachiller Ilán Chacón, y a los Centros de estudiantes de La Escuela de Comunicación Social en la persona de su Presidente, la bachiller Alejandra Zamora, y al presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Estudios políticos y Administrativos de nuestra casa de estudios bachiller Israel David Rodríguez, por la organización del ciclo de Foros “Luis Herrera Campíns, una visión desde la Academia”, mediante los cuales pudimos abordar los temas controvertidos de la gestión presidencial de LHC con la decantación y el sosiego que brinda el paso de los años: control de cambios de 1983; los medios de comunicación social frente a las regulaciones de la propaganda de licores, cigarrillos y presencia de los niños en las pantallas televisivas como una forma moderna de explotación, además del periodismo como trinchera política; finalmente en la Facultad de Derecho el tema del concepto de Estado de Derecho para el presidente Herrera Campíns durante su gestión presidencial.

 

Mención especial quiero hacer a mi esposa Sylvia, quien no conoció en vida al presidente Herrera y quien tampoco es proveniente de la vida política de los demócratas cristianos, y quien, muy por el contrario, y pese a sus simpatías con otra ideología política, fue mi mayor soporte y animadora para cumplir yo con las tareas propias del fundador de esta comisión centenaria. Su extraordinaria capacidad y elegancia de anfitriona sin igual, permitió abrir las puertas de nuestro hogar a todas las personalidades a quienes hizo falta atender para cumplir con nuestra tarea.

Distinguidos invitados:

 

          Con la satisfacción de haber cumplido nuestra misión con excelencia y dedicación me permito cerrar esta jornada con el lema que hicimos nuestro durante este año de conmemoración: Nadie ni nada puede derrotar el trabajo.

 

¡Muchas Gracias!




Mensaje Fundacional Dr. Pedro del Corral

 



PALABRAS DEL DR. PEDRO DEL CORRAL EN LA ASAMBLEA CONSTITUTIVA DE COPEI

 

Señores miembros de la Junta Directiva Provisional del Comité de Organización Política Electoral Independiente:

 

Señoras, Señoritas, Señores:

 

Quiero interpretar el sentimiento unánime de todos los asistentes a esta Asamblea Constitutiva, al expresar en palabras de optimismo y de fe, el mejor éxito de nuestra Organización que se define en el presente y se proyecta en el porvenir con rasgos inconfundibles de auténtico venezolanismo.

No es menester, para hablarle a nuestro pueblo, confeccionar huecas palabrerías que se las lleva el viento, ni retóricos malabarismos insustanciales. Lo que se necesita es estar muy cerca y realmente de nuestro pueblo y decirle en palabras sencillas y sentidas, que son las que más convencen, qué es lo que nos proponemos, cuál es el objetivo que perseguimos en esta hora crucial de responsabilidades patrias, en esta hora de sus grandes destinos.

Y así lo hemos hecho al formular las BASES y el primer Manifiesto de COPEI.

Yo quisiera que todos los asistentes a este acto pudiésemos llevarnos impresa en lo más hondo y puro de nuestro espíritu, la sensación gratísima de haber cumplido con un sagrado mandato de buenos venezolanos, porque, no por otra causa, hemos venido aquí, sino para fundamentar los principios, para estructurar nuestra ética partidista, para echar las raíces de esta obra generosa y sana de nuestra Organización.

El COPEI vive y seguirá viviendo, a despecho de unos poquísimos malintencionados, que no pudiendo argumentar lógica y razonadamente contra las ideas de los que no piensan ni sienten como ellos, rehúyen la responsabilidad del debate gallardo, descendiendo en ocasiones al plano de lo risible y de lo burlesco…Pero pésele a esos pocos gratuitos malquerientes, COPEI seguirá adelante, perpetuándose como una fuerza moderadora y comedida en el ambiente político, serena y armonizadora pero también severa ante los injustos desmanes, gracias a sus mejores postulados de integración nacional, aunque tengamos que rendir duras batallas, porque la mística de esta Organización nos dará los mayores bríos para proseguir entusiasmados la labor iniciada hace apenas unas semanas; y así tendremos la satisfacción de contribuir por nuestra parte a las más caras realizaciones por nuestra amada Patria.

¡Señores del Comité Provisional, Compañeros! Habéis rendido en tan corto lapso una labor fructífera, porque habéis trabajado tesoneramente, incansablemente, dinámicos y fervorosos por nuestro ideal, con amor y valor de hombres decididos a interesar las más puras y sanas reservas de la opinión pública; y a fe mía que ya lo habéis logrado. Eso sólo bastaría para rendiros aplausos de reconocido compañerismo. Habéis llegado hasta ofrecernos este hermoso acto -triunfo promisor- de nuestra Asamblea Constitutiva, lo que ya es una elocuente demostración, intensa, animadora de nuestro Comité. Gracias compañeros. Es una cuenta clara, limpia, la que ofrecéis; pero tened presentes que es una primera jornada rendida felizmente; y que, tras ella, pueden venir muchas otras, mancomunadamente libradas, siempre hacia el mayor éxito.

Y para finalizar, repito lo que hace poco decía: la hora de graves responsabilidades resuena por todos los ámbitos de nuestra tierra, es un grito clamoroso que nos llama y nos obliga. No hay tiempo para perder en esta oportunidad prometedora que estamos viviendo todos a la hora presente.

¡Éxito, triunfo y adelante! Debe ser una de las consignas fundamentales, nutricia, vitalizadora de COPEI. Y que el buen Dios nos cohesione, nos estimule y nos acrezca.

 

Caracas, 13 de enero de 1946.

 

Discurso que después de pronunciado le fue entregado por su autor al Dr. José Antonio Pérez Díaz, primer secretario general de COPEI, en cuyo poder permaneció el texto, inédito, durante 37 años. Le fue devuelto por Pérez Díaz a don Pedro del Corral, en hermoso gesto y en el propio lugar donde se fundara el Partido, el 13 de enero de 1983, en ocasión de develarse una placa conmemorativa del histórico acontecimiento.