Luis Herrera Campíns: Frente a 1958

 


Sobre un esclarecido documento




 

Al finalizar 1957 concluía el gobierno provisional de Marcos Pérez Jiménez que, por cierto, se consideraba representante legítimo de las Fuerzas Amadas, según los términos acordados por la Asamblea Nacional Constituyente electa fraudulentamente en 1952. El último año del dictador fue muy particular, pues, mintiéndose a sí mismo, tuvo la ilusión de un absoluto control del país que presuntamente le agradecía su fortaleza y prosperidad mientras en Estados Unidos de América se incrementaba la aplicación del programa de restricciones voluntarias de las importaciones petroleras, afectando obviamente a Venezuela, por lo que el gobierno decidió otorgar nuevas concesiones, e ideó una fórmula para burlar el mandato constitucional que paradójicamente él mismo se dio con la Carta Magna de 1953.

Por supuesto, el régimen no permitía elección libre alguna y no se le ocurrió otra fórmula que la de un plebiscito que le permitiría a Pérez Jiménez prolongar la dictadura militar, por lo menos, hasta 1963. Deseándolo viable, aumentó la censura y la represión tratando de acallar las voces del descontento, tendiendo a creer la opinión pública que el gobierno de facto sobreviviría con cualquier maniobra que se le ocurriera, subestimando las oportunidades que ofrecía el fin del quinquenio post-constituyente.

Detrás de los barrotes, en la  calle, o en el exilio, la oposición comenzó a debatir en torno a la realidad de una coyuntura que parecía prometedora, pero requería de argumentos muy específicos y concretos para acordar la táctica más adecuada en atención a una estrategia acertada, algo que requería de un exacto conocimiento de la situación y de una extraordinaria madurez política como los demostrados por Luis Herrera Campíns, un joven dirigente democratacristiano con apenas 32 años de edad, quien había pasado de la prisión al exilio, y quien escribiera un ensayo premonitorio: “Frente a 1958 (Material de discusión política electoral venezolana)” [Ediciones HERCAMDI, Caracas-Roma, 1957].

En efecto, Herrera Campíns suscribe un documento muy bien estructurado y fundado en torno a lo que estimó como una inminente crisis del régimen dictatorial, considerando 1958 como un año de inflexión.  Observa el autor el aumento de la represión, las circunstancias que atraviesa la oposición y su “desesperante timidez”, y el grado de dependencia petrolera, cuya renta beneficia a las élites que sostienen al Gobierno.

Realiza un conjunto de propuestas que, por entonces, no eran tan obvias como supusimos años después: la necesidad de un acuerdo unitario de la oposición, que requería de conversaciones y contactos previos entre partidos con viejas rivalidades, añadido a ello el acercamiento con emisarios del régimen para explorar una salida negociada; asimismo estima que las elecciones pendientes conforman una “rendija” para presionar por las garantías constitucionales, en lugar de una puerta franca y abierta; se inclina por una transición de pasos progresivos,  pregonando la organización social por encima del caudillismo; propone un programa mínimo común de las distintas fuerzas políticas. Y, aunque el documento no se hizo viral por entonces, no se pudo difundir masivamente, por lógicos motivos, sin duda ejerció una importante influencia en los cuadros de conducción de la oposición constituida en Junta Patriótica en junio de 1957; recuérdese que el documento en cuestión fue publicado en abril del mismo año.

Herrera Campíns calibró diferentes opciones, como una reforma constitucional, un nuevo golpe de Estado, las elecciones generales, la posibilidad de una candidatura civil o militar de la dictadura; evalúa las oportunidades perdidas, los comicios estadounidenses, la responsabilidad histórica de los partidos, la abstención y deserción, el poder del sufragio y, luego, registró las condiciones necesarias para un candidato de la unidad, proponiendo el nombre de Rafael Caldera. Como se sabe, el plebiscito fue una maniobra disparatada que efectivamente desencadenó importantes consecuencias para dar al traste con la dictadura militar, pero es sin duda llamativo el proceso de discusión entre los actores políticos dentro y fuera del país, así como la brillantez y perspicacia analítica del joven dirigente democratacristiano portugueseño.



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