Historia de Venezuela, Luis Herrera Campíns

 

EL 23 DE ENERO Y EL ENTENDIMIENTO

 

 


Luis Herrera Campíns

 

Así como en los niños y en los jóvenes, en los pueblos hay que hacer ejercicios de memoria. Esta facultad del intelecto necesita entrenamiento para que pueda prestar provechos y beneficios personales o colectivos. Se debe enseñar a leer y a estudiar para que se aprenda y aprehenda lo fundamental, lo que tiene carácter esencial, lo que es trascendente, necesario o útil y los esfuerzos de fijación no se pierdan en cuestiones secundarias que no valen la pena. Los pueblos tienen que aprender a vivir la historia que cada día escriben en el proceso de superación, en la búsqueda sosegada o intranquila de caminos que encaucen hacia metas positivas y definidas sus aspiraciones, ideales y anhelos. De ahí que el papel de los conductores tenga que esmerarse en el señalamiento de la debida interpretación que deba darse a los hechos para que la conducta posterior derive enseñanzas útiles y le permita idóneamente adecuarse a las circunstancias y las exigencias históricas.

Tendemos ordinariamente los venezolanos, como muchos otros pueblos, a olvidar con demasiada rapidez. Parece como si la vida se nos fuera en simples emociones o en motivaciones sentimentales que desaparecen casi sin dejar huellas. En los últimos años hemos olvidado, por ejemplo, el significado de fechas de una trascendencia política y nacional sobresaliente. El 18 de octubre de 1945, que marca una etapa de deslinde entre la vieja concepción de la política y la forma nueva de emprenderla, casi ni se recuerda, inclusive por parte de quienes fueron actores en papel protagonista, que se sitúan como si quisieran hacer olvidar aquel acontecimiento que rompió con los epígonos gomecistas que aún perduraban en el trasfondo de la administración pública y que incorporó a la totalidad del pueblo a la preocupación por la política y por la marcha del gobierno y que le brindó la oportunidad ansiada de participar activamente en la conducción nacional del sistema democrático. Con el 23 de enero pasa cosa similar. Aquella estupenda jornada de conjunción nacional escenificada en 1958 se hizo para derrocar una tiranía ya cuarteada por las tropelías y la yugulación de las libertades ciudadanas. Entonces se probó cuánto se puede hacer cuando hay un objetivo unificador, una meta en cuya consecución concurren todas las voluntades con disposición para alcanzarla.

De esta conjunción de esfuerzos y propósitos se deriva lo que se dio en llamar "el espíritu del 23 de enero", o sea, la insistencia en lo común antes que en lo diferente, el situarse todos en la línea de coincidencia con olvido de las discrepancias innegables existentes. Esa actitud puede caracterizarse como "entendimiento" o como "comprensión", según se prefiera uno u otro término. Lo que dejó ver, y allí está la pedagogía nacional no desechable de esa importante lección, es que los venezolanos tenemos excelente potencialidad para el entendimiento cuando queremos entendernos y no nos dejamos ganar por las tentaciones de la discordia.

Pero sucede que los entendimientos de gran amplitud en este país han sido de naturaleza transitoria, frente a una situación determinada y concreta, en una emergencia fácilmente agotable en el tiempo. Hemos carecido de la noción del entendimiento a largo plazo para empresas que requieran constancia, dedicación y entrega constante. Entre unirnos y separarnos, entre coincidir y discrepar se nos han pasado brillantes oportunidades para el desarrollo y para la tarea de construir en todos los aspectos que la realidad pide, un país distinto. Lo menudo ha entorpecido la acción común posible y cuando se trata de revalorizar las enseñanzas del ayer cercano, se lo hace de tal modo que se desvirtúa su sentido, significado y proyección. Por eso los socialcristianos hemos tenido una actitud marginada de participación en los actos con que se celebró este año el 23 de enero, porque en ellos privaron objetivos políticos demasiado estrechos y se buscó una combinación que aglutinara solamente a quienes se deseaba aglutinar. Entonces se establecen recelos con relación a la fecha festejada, inclusive hacia atrás, aunque ningún demócrata trate de olvidar la trascendencia que tuvo en la historia nacional. Lo malo es que esas fechas tratan de ser aprovechadas sectariamente y así se hace un mal irremediable a la buena fe y a la buena voluntad común.

Hoy en día la conjunción de esfuerzos que debemos hacer ha de orientarse hacia dos fines básicos: la pacificación sincera, para que la gente pueda vivir sin zozobras en una tranquilidad democrática que invite al trabajo y a la creación y el desarrollo integral de nuestros recursos para vencer la negligencia de otras épocas, superar el atraso y obtener el mayor bienestar social. Para estos propósitos, los venezolanos de hoy tenemos que preparar nuestro espíritu, como si se tratara de un nuevo 23 de enero, es decir, la afloración de las coincidencias por encima de lo que nos distancia y nos separa. Una gran empresa requiere grandes esfuerzos y magníficas voluntades acordes. Cuando hemos querido, hemos logrado este anhelo.


Panorama, 6 de enero de 1965 (Publicado asimismo en “Palenque” – Fondo Editorial Irfes, Maracaibo 1979.)


No hay comentarios.:

Publicar un comentario