In
Memoriam: Fernando Chumaceiro
Ramón
José Medina
Conocí a Fernando Chumaceiro a finales de los años 70
del siglo pasado, siendo él presidente de Corpozulia y yo Consultor Jurídico
del Ministerio de Fomento, por lo que actuamos en conjunto para abordar temas
administrativos competencia de ambos organismos. A partir de esos encuentros
comenzó a gestarse una amistad que duró más de 40 años.
Coincidimos luego en actividades políticas y
electorales. Durante su gestión como alcalde de Maracaibo mantuvimos estrecha
relación sobre todo en el campo presupuestario de la Alcaldía desde la Comisión
de Finanzas de la Cámara de Diputados.
Posteriormente, fundamos la revista Viernes, junto a
Oswaldo Álvarez Paz, Armando Durán, Manuel Felipe Sierra y Leopoldo Castillo.
Hacia mediados de los años 90 fuimos designados
miembros de la Junta Directiva del Banco Occidental de Descuento, para entonces
una sólida institución bancaria, donde semanalmente nos reuníamos en Maracaibo.
Ello permitió que durante todo ese tiempo compartiéramos estrechas experiencias
profesionales y personales. Después, de su mano llegaron otros que se fueron
agregando al grupo de amigos: su hermano Armando y su hijo Andrés.
Hoy nos enfrentamos a su desaparición física con un
profundo sentimiento que navega entre la tristeza por su ausencia y la más
sincera gratitud por lo que nos legó. El viernes nos reunimos no solo para
despedirlo y elevar una oración por su descanso eterno, sino también para
celebrar el inmenso privilegio de haber compartido muchas veces en la vida con
él, un hombre extraordinario, más bien digo yo, un hidalgo caballero de estos
tiempos.
Hablar de Fernando es evocar la figura del «buen
ciudadano» en su máxima expresión. Fue un hombre de inteligencia preclara, de
trabajo incansable y de una visión que transformó realidades.
Quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de cerca
sabemos bien que su verdadera grandeza no se mide por los altos cargos que
ocupó ni por los innumerables reconocimientos que recibió. Su valor real
residía en su profunda calidad humana; en ser ese amigo leal, un hombre
generoso de conversación franca, enriquecedora y fino humor, siempre dispuesto
a tender una mano y a compartir sus experiencias con total humildad.
Nacido en su amada Maracaibo un 12 de julio de 1931,
Fernando se formó como abogado y doctor en derecho en la Universidad del Zulia.
Pero su vocación no se quedó atrapada en los
tribunales; se extendió a las aulas universitarias como docente y a las páginas
de los periódicos como columnista de agudos artículos.
Para él, la cátedra era la forma más pura de
humanismo, la manera idónea de, como él mismo decía, “devolver todo lo que
había recibido”.
Su vida entera estuvo marcada por una genuina
preocupación por «el otro» y por el firme propósito de hacer siempre un
esfuerzo por mejorar la calidad de la vida de los ciudadanos a quienes sirvió.
Como funcionario público y empresario, dejó una huella
imborrable que hoy es referencia en todo nuestro país de rectitud moral,
honestidad, servicio y eficiencia.
Su trayectoria es el reflejo de que la política y la
gerencia pueden —y deben— ejercerse con las manos limpias y el corazón puesto
en la gente.
Recordamos con admiración sus inicios como concejal y
su paso como Diputado al Congreso Nacional en 1969. Después, asumió la
presidencia de Corpozulia durante 14 años, convirtiéndose en el gran impulsor
del desarrollo de esa región.
Bajo su mirada visionaria nacieron obras estructurales
que marcaron un antes y un después: la creación de CarboZulia, el puente sobre
el río Limón, el parador turístico de Sinamaica, el Campamento Carbonífero de
Guasare, la Sociedad Financiera de Occidente, el Centro Vitícola y el Centro de
Inversiones Carboníferas y de Siderúrgicas.
Pero la historia le tenía reservado un lugar de honor
imborrable en el corazón de su ciudad natal.
En 1989, el pueblo lo eligió con el voto directo,
universal y secreto como el primer alcalde de Maracaibo.
Fernando Chumaceiro no llegó al puesto para ocupar un
sillón; llegó a construir la ciudad del futuro.
Con una gestión impecable, transparente y abocada a
solucionar problemas, extendió la red de gas, organizó la economía informal,
ordenó la recolección de desechos sólidos e ideó la red maestra de transporte.
Instituciones vitales como Metromara, PoliMaracaibo, el Catastro de la ciudad y
la Fundación de Apoyo a la Economía Popular son el testimonio vivo de su
legado.
Su visión moderna de Maracaibo trascendió fronteras.
Logró el financiamiento del Banco Mundial para
transformar nuestros corredores viales, recuperó el Paseo del Lago para el
disfrute de todos y resguardó con celo nuestro patrimonio histórico. Incluso,
su sensibilidad social plasmada en el programa de clínicas móviles le valió el
reconocimiento internacional de las Naciones Unidas.
Él creía fielmente que la ciudad es la casa de todos,
y que, por lo tanto, afirmaba “todo ciudadano tiene la obligación de hacer un
esfuerzo para que la ciudad mejore”. Nos enseñó, con el ejemplo, que la
verdadera trascendencia se siembra en el corazón de los demás.
Otra faceta relevante de la vida de Fernando
Chumaceiro fue su amor por el Zulia, región-Estado como la llamaba, y desde la
zulianidad dio una batalla contra el centralismo, sobre el cual decía: “El
peor daño que el centralismo le ha causado al Zulia es haber destruido
lentamente su capacidad de iniciativa, de una comunidad activa y creadora como
lo fue en otros tiempos pasó a ser pasiva y expectante, atenta a las soluciones
que el poder central diseñara y pusiera en práctica. De artífice de sus propias
soluciones pasó a ser gestora de otras soluciones que otros niveles
territoriales de gobierno debían proporcionarle…” afirmaba “Si la
democracia no acaba con el centralismo, el centralismo acabará con la
democracia. Esa consigna que utilizábamos y seguimos proclamando diariamente,
parece haberse convertido en realidad, a la luz del tipo de democracia que
ahora tenemos. Mas centralista y presidencialista que nunca antes. La
democracia actual parece más bien un teatro de titiriteros”. Estas, sus
palabras, resultaron premonitorias en cuanto a la decadencia de nuestra
democracia.
Haciendo eco de las palabras del poeta Antonio
Machado, podemos decir con absoluta certeza que Fernando Chumaceiro “fue un
hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
Su conducta personal intachable, su lucha frontal
contra la pobreza y su defensa inquebrantable de los valores cívicos lo
convierten en un faro moral que seguirá iluminando al Zulia y a toda Venezuela.
A pesar de tantas glorias públicas, Fernando jamás
perdió el norte.
Para él, su tesoro más grande y su mayor orgullo
siempre fue la familia que formó con Olguita, su compañera de vida y sus hijos.
Asimismo, mantuvo una inquebrantable fe cristiana que transmitió a sus
familiares y amigos.
Hoy, elevamos nuestra voz al Cielo para pedirle a Dios
que lo reciba en su infinita misericordia, que premie sus extraordinarias obras
y le conceda el descanso eterno. Rogamos también al Creador que le otorgue
fortaleza y consuelo a su hermosa familia, para que encuentren paz en el
inmenso amor que él les brindó y en el orgullo de un legado que jamás morirá.
Ramón José Medina - abogado


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