Dagoberto González Ascanio (1929–2004)
“El compromiso
no es con el poder, sino con la verdad, la justicia y la dignidad humana.” — Dagoberto González Ascanio
Johnny Díaz Apitz
¡Tipógrafo, linotipista, locutor, líder
socialcristiano, sindicalista, parlamentario de carrera y servidor del bien
común!
El venidero 7 de agosto se conmemora el 97 aniversario
del nacimiento de Dagoberto González Ascanio, un hombre cuya vida fue una
ofrenda de fe, justicia y compromiso con el pueblo venezolano.
El 19 de abril de 2004, a los 75 años de edad,
Dagoberto González Ascanio partió a la Casa del Padre, uniéndose para siempre a
nuestro Señor, a quien sirvió con fe, coherencia y entrega a lo largo de toda
su vida.
Dagoberto encontró en su esposa, Olympia, una
compañera leal, amorosa e inseparable durante toda su vida.
Su matrimonio fue un ejemplo de unión sólida, fe
compartida y entrega mutua. Juntos formaron un hogar profundamente cristiano y
comprometido con los valores del bien común.
Fruto de ese amor nacieron sus cinco hijos, quienes
fueron su mayor orgullo y alegría: Dagoberto Rafael de Jesús, Miguel Feliciano
“Kiko”, Olimpia Auxiliadora, Ignacio Adolfo “Nacho” y Arístides Augusto. En
ellos sembró los principios que guiaron su vida: la fe, la honestidad, el
servicio y la dignidad humana.
Su legado, tejido entre la palabra, la acción y la
esperanza, permanece como faro ético en tiempos de confusión y desmemoria.
Fe militante y vocación de servicio
Desde su juventud, Dagoberto abrazó una espiritualidad
activa, profundamente enraizada en el Evangelio y en la dignidad humana. Fue
fundador de la Juventud Obrera Católica (JOC), junto a su hermano Feliciano
González —posteriormente obispo de Maracay—, y colaborador cercano del padre Jenaro
Aguirre y de Arístides Calvani en la fundación del Movimiento Familiar
Cristiano.
Junto a su gran amigo y maestro Arístides Calvani
—ahora ambos unidos en la eternidad—, Dagoberto fue arquitecto de una visión
sindical profundamente distinta a la existente por entonces. Bajo la férrea
represión de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, no pudieron concretar
plenamente el movimiento sindical que soñaban; sin embargo, trabajaron con
coraje en la clandestinidad para construir estructuras de formación, conciencia
y organización, que más adelante serían pilar del resurgimiento del movimiento
sindical democrático en Venezuela tras la caída del régimen.
Su alianza fue más que política: fue una siembra de
valores que dio frutos cuando la libertad volvió a florecer.
Asimismo, su devoción a la Virgen del Carmen heredada
de sus padres y su fe inquebrantable en el poder transformador del Evangelio
guiaron cada paso de su vida pública y privada.
Sindicalismo ético y lucha democrática
Dagoberto fue formador en los Círculos Obreros de
Caracas y miembro activo del Comité Sindical Unificado, desde donde contribuyó
a la organización de los trabajadores en la lucha contra la dictadura de Marcos
Pérez Jiménez, en las jornadas históricas que desembocaron en el 23 de enero de
1958.
Como dirigente de la Confederación de Trabajadores de
Venezuela (CTV), fundador del Frente de Trabajadores Copeyanos (FTC) y
secretario sindical nacional del partido COPEI, promovió con fuerza la
educación obrera, la participación democrática y la defensa de los derechos
laborales con una visión profundamente humanista y solidaria.
En el plano continental, fue fundador y líder de la
Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) —antes CLASC— junto a Emilio Máspero
y otros referentes del sindicalismo cristiano latinoamericano.
Su voz resonó en foros internacionales como símbolo de
la dignidad obrera y la unidad de los pueblos de América Latina.
Fue nombrado como secretario general de la ITDC,
(Internacional de Trabajadores Demócratas Cristianos).
Legislador íntegro y arquitecto de la democracia
Como diputado y senador por el Distrito Federal,
Dagoberto se distinguió por su honestidad, su claridad doctrinaria y su defensa
firme de los valores democráticos.
Participó activamente en la redacción de la
Constitución de 1961, piedra angular de la era democrática venezolana, y tuvo
un papel clave en comisiones parlamentarias como Asuntos Sociales, Contraloría,
y Administración y Servicios.
Su labor legislativa fue siempre guiada por una
convicción inquebrantable: la política debe servir al bien común, no al poder.
Resiliencia en la tormenta
En sus últimos años, Dagoberto vivió con dolor el
desmantelamiento de las instituciones democráticas que ayudó a construir.
La irrupción del chavismo en 1998 y los comienzos de
la destrucción de su patria, la exclusión de COPEI de los espacios políticos, y
el ataque sostenido contra organizaciones como la CLAT, la CTV, la CGT y
CODESA, y su propio FTC, que con tanto esfuerzo construyó en sus comienzos,
marcaron una etapa de mucha desazón.
No obstante, nunca renunció a sus principios. Su fe,
aunque herida, se mantuvo firme.
Su testimonio, aunque silenciado por algunos, sigue
convocando a los que creen en la justicia sin atajos y en la dignidad sin
concesiones.
Legado vivo
Dagoberto González fue mucho más que un líder
sindical, político y legislativo.
Fue un hombre de familia, un católico, apostólico y
romano practicante, un servidor del bien común.
Su vida encarnó el compromiso, la integridad y la
esperanza activa.
Hoy, su memoria nos interpela:
¿Qué hacemos con el legado que nos dejó?

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