Historia de Venezuela - Ildelfonso Riera Aguinagalde

 “ILDELFONSO RIERA AGUINAGALDE, IDEAS DEMOCRISTIANAS Y LUCHAS DEL ESCRITOR”




 Gehard Cartay Ramírez



 

Tal vez poco conocido, Ildelfonso Riera Aguinagalde (1834-1882) fue un político, médico, ideólogo y escritor caroreño, nacido el primero de febrero de 1834, a quien algunos han señalado como precursor de las ideas demócratas cristianas en Venezuela, a mediados del siglo XIX.


Esta biografía suya, publicada en 1991 por la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia y escrita por el historiador y periodista, también caroreño, Luis Oropeza Vásquez, retrata a un personaje impar que, además, fue combatiente en la Guerra Federal al lado de los generales Juan Crisóstomo Falcón y Ezequiel Zamora, será luego gobernador provisional de Barquisimeto, diputado a la Constituyente de 1864, Ministro de Relaciones Exteriores en 1869 y 1877 y de Hacienda en 1979. Murió en París el 24 de marzo de 1882, a los 48 años de edad.


El libro en comento, aparte de su subtítulo, trae algunas informaciones que presentan al personaje como un fiel practicante católico, creyente igualmente en la necesidad de aplicar algunos principios del cristianismo en la acción política y de gobierno, es decir, como alguien que hoy podría ser catalogado como un demócrata cristiano.


“Él creía -sostiene Oropeza Vásquez- que los verdaderos cristianos deben estar al servicio de las mejores causas sociales, luchar por la redención de los pueblos, víctimas de las injusticias, de la incultura y de la explotación. En la doctrina cristiana, que debe nutrir la savia vital del verdadero catolicismo, está la fuente de la redención popular”.


Agrega el autor que el pensamiento de Riera Aguinagalde “busca cauces renovadores, plantea a veces profundos cambios sociales, políticos y económicos, como si hablara en esta inquietante y avanzada segunda mitad del siglo XX”. Igualmente, nuestro ilustre personaje, creía que “el cristianismo está llamado a librar las mejores batallas por los oprimidos, si sabe ser leal a sus propósitos de redención y a su elevado concepto de la dignidad humana”.








Riera Aguinagalde fue un acucioso estudioso de las encíclicas papales y otros documentos de la Iglesia Católica y, si bien es cierto que aún en su tiempo vital no se había formulado formalmente la Doctrina Social de la Iglesia -lo que hará el Papa León XIII a finales del siglo XIX-, no lo es menos que ya entonces se habían venido publicando varios pronunciamientos de la jerarquía católica sobre la cuestión social.


Este libro constituye un interesante material de consulta histórica sobre algunos antecedentes importantes del pensamiento demócrata cristiano en Venezuela, aparte de biografiar a un personaje singular de la Venezuela del siglo XIX.





Historia DC Venezuela - Campaña electoral 1958

 

CALDERA EN EL ZULIA


Rafael Caldera, discurso, 1958.

Rafael Caldera durante un discurso en la campaña presidencial de 1958.

Foto tomada de rafaelcaldera.com



Luis Herrera Campíns

La presencia de Rafael Caldera, candidato presidencial nacional lanzado por la VII Convención del Partido Socialcristiano COPEI, en el Estado Zulia, reviste gran importancia en la actualidad política y cultural de Venezuela.

Caldera ha ido al Zulia en campaña electoral, a dejar en todos los espíritus su palabra de concordia y de fe en los destinos superiores e históricos de Venezuela. Como dirigente y como político, Caldera es un modelo de equilibrio, un prodigio de serenidad. A temprana edad ha alcanzado honores y respeto que muchas veces, en la mayor parte de los casos, se logran después de una larga vida, luego de un lento proceso de decantación. Caldera tiene la virtud del análisis y de ahí la extraordinaria admiración que despiertan sus enfoques en los cuales contempla desde los planos y aspectos generales fácilmente captables por cualquier mente hasta detalles al parecer intrascendentes, a los que les descubre su desapercibida importancia. A la facultad analítica une la facilidad sintética. Decir mucho en pocas palabras. No perder tiempo en perífrasis, sino ir en forma directa al meollo de los asuntos, a los entretelones causales de los hechos y fenómenos sociales. Tarea difícil es de ordinario resumir pensamiento creador en pocos vocablos, darle profundidad a la frase. Inclusive, prosistas sobresalientes requieren castigar severamente su estilo para comunicarle características sintéticas. Pero en Caldera, fuera de esas dos grandes cualidades, hay una tercera excepcional: la brillantez, ponerle fino toque de elegancia a lo tratado. Por eso, Caldera es claro. Porque camina sin andar a tientas, razonando cada paso, tocando terreno firme de argumentación en la marcha. Yo recuerdo que un día, durante la Constituyente bajo el régimen de la Junta Revolucionaria de Gobierno, salía contentísimo de su actuación en un debate con Andrés Eloy Blanco, el inigualable parlamentario venezolano. “A mí me cuesta —dijo— construir una metáfora o hacer una figura retórica. Pero, en cambio, para la discusión poseo esa cualidad, que muchos podrán calificar de jesuítica, de saber hasta donde, en la penumbra, llega la luz y dónde comienza la sombra”...


Fuera de los móviles políticos de la visita de Rafael Caldera al Zulia, porción nacional donde goza de dilatado prestigio y a la que quiere y admira por mil razones, hay también, causas de tipo universitario que lo hicieron acelerar la realización de una gira retardada desde hace tanto tiempo. Caldera ha de recibir el título de Profesor Honorario de la Universidad del Zulia. Quizá, si su intención no ha cambiado en las últimas horas, el tema de su discurso versará sobre la importancia y la integración de las regiones en la vida nacional y en el Estado, un tema apasionante muy pocas veces analizado con total serenidad, calma absoluta, mente fría y ánimo desapasionado.

Para Caldera no hay satisfacciones superiores a las que ha obtenido en el campo fértil de la Universidad. Ese título honorario que se ha dignado conferirle el cuerpo rector del Alma Máter zuliana lo ha llenado de orgullo, de entusiasmo, de alegría. Luchador estudiantil en pro de la Reforma Universitaria por largos años, en los 16 que lleva de catedrático universitario ha seguido conservando el espíritu de la Universidad. Caldera puede renunciar a su profesión, al ejercicio constante de que es tan devoto, pero nunca a sus cátedras. Caldera concibe la Universidad como una vivencia. Formado en las fuentes que abrevó y contribuyó a la vez a acrecentar don Andrés Bello, pasión de su vida lo constituye el desvelo universitario. De la cátedra, tiene Caldera un concepto moderno, amplio y ágil. El no es el profesor modoso, que se precia del orden liceísta a, b, c, de su exposición. Siendo metódico, no utiliza procedimientos escolares en la exposición de las asignaturas a su cargo.

Hay una manera de enseñar que consiste en señalar los conocimientos, machacarlos en la mente del alumno, insistir sobre ellos en un orden perfecto. Hay profesores con subtítulos y subrayados, en exceso metódicos. Esta no es la manera docente de Rafael Caldera. Los puntos del programa los expone en forma general, con su inmenso poder de análisis, a veces con una elocuencia tan arrebatada que los “buenos” estudiantes de apuntes para el caletre casero se desesperan por la rapidez oral de su exposición. Lo formidable de Caldera como profesor no sólo es la maestría y profundidad con que trata los temas, sino la amplitud de horizontes que busca abrir en el espíritu de los estudiantes. Lo que sugiere, lo que insinúa, lo que relaciona, lo que asocia, las inquietudes que despierta. El conocimiento que se adquiere en la Universidad debe ser una panorámica sobre la problemática del hombre y del saber. La Universidad no forma sabios; señala los caminos que debe recorrer el esfuerzo personal para alcanzar la sabiduría. La Universidad viene a ser eso: norma de vida, tanto para la dignidad como para el conocimiento.

Así, en forma apresurada, he querido escribir estos comentarios para mis queridos amigos del Zulia, encantados con la visita de Caldera. En una tierra generosa y previsora como la zuliana, la palabra y las enseñanzas de Caldera encuentran abonado terreno de inteligentes espíritus y despiertos corazones. Maestro de dignidad en un país donde a menudo se comercia con las convicciones y hasta con la honradez, al entrar de nuevo en contacto con el pueblo zuliano, estoy seguro de que Caldera habrá reforzado su fe en los destinos nacionales y recibido alientos para una empresa donde campean por sobre cualquier otro concepto la noción de servicio, la revalorización del espíritu y su proyección social.



Artículo publicado en "Panorama", periódico zuliano,  el 19-10-58. Luego reproducido en "LUIS HERRERA CAMPÍNS - Palenque - Retrospectiva de un compromiso con Venezuela", publicación del Fondo Editorial IRFES,  compilación de Guillermo Yepes Boscán. Maracaibo, 1979




Historia DC Venezuela

 

CAMPAÑA ELECTORAL DE 1947: UNA FOTOGRAFÍA SINGULAR



FOTO TOMADA DE LA PÁGINA WEB RAFAELCALDERA.COM



Campaña electoral de 1947: atravesando un río llanero -seguramente en Portuguesa, a juzgar por la placa de uno de los vehículos- y a bordo de una balsa, en esta vieja y borrosa fotografía, aparecen, de izquierda a derecha, Rafael Caldera, candidato presidencial de Copei, Eduardo Tamayo Gascue, Luis Herrera Campíns, Rafael Angel Cartaya y Rodolfo José Cárdenas, entre los identificables. 


Historia de Venezuela

 


La dura transición de 1958




 

La caída de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958 dio inicio a lo que ahora se llama una transición política. Antes, en otras circunstancias históricas, se había dado con Eleazar López Contreras para salir del gomecismo en 1936, y con la Junta Revolucionaria de Gobierno -derivada de los sucesos del 18 de octubre de 1945- para avanzar hacia el establecimiento de la democracia representativa. Sin embargo, en 1958, con todos los elementos que los científicos sociales contemporáneos citan para caracterizar a las transiciones, teníamos un pueblo crecientemente organizado y movilizado, partidos que eran convincentemente tales, unas Fuerzas Armadas que necesitaban reinstitucionalizarse, una industria petrolera vigorosa y un país predominantemente urbano.

 

No bastaba con la sustitución de Pérez Jiménez, sino era indispensable el concurso de un liderazgo fortalecido para caminar hacia la efectiva democratización el país, en respaldo de la Junta de Gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal que debió afrontar una grave situación social (por ello, el Plan de Emergencia), una difícil coyuntura petrolera (las restricciones voluntarias de Estados Unidos para importar el crudo), y una dura resistencia de grupos, logias, movimientos y otras expresiones reaccionarias y autoritarias.

 

COPEI prestó toda la cooperación posible, en un ambiente de unidad nacional, para afrontar situaciones muy ásperas, peligrosas y definitivamente violentas. Significaba una constante movilización de toda su dirigencia en Caracas y en todas las localidades del país para que sus líderes personalmente asumieran la responsabilidad de respaldar y sostener a la Junta de Gobierno. Y, como podemos apreciar e la gráfica, Rafael Caldera, no dudaba en prestar su apoya frente a cualquier coyuntura por muy grave que fuesen los riesgos, al igual que todos los demócrata-cristianos del país. Vemos al yaracuyano junto a otros referentes de los partidos democráticos junto a Larrazábal en un acto de apoyo a su gestión transicional que fue de una complejidad que bien merece la atención de los transitólogos de la actualidad. El orador en ese momento es Jóvito Villalba. 

 

En dos oportunidades harto dramáticas, COPEI estuvo con esta transición, como en julio y en septiembre de 1958 cuando se alzaron nada más y nada menos que el ministro de la Defensa, Jesús María Castro León, o una serie de oficiales encabezados por Juan de Dios Moncada Vidal, entre otros, en una faena que resultó sangrienta.