Bibliografía: Humanismo Cristiano
Bajo el sello de Editorial Pomaire,
Rodolfo José Cárdenas publicó “El humanismo cristiano” (Caracas, 1992) de 558
páginas, fruto de una profunda recapitulación del pensamiento doctrinario que
lo ocupó -al igual que lo hizo en otras materias- en los años ochenta y
noventa, cuyos libros permanecen aún inéditos. Recordemos que el autor
(1927-2017), abogado por la Universidad de Salamanca en la que estudió durante
su exilio español, hizo el doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad
Central de Venezuela, y ya en la democracia tuvo un intenso desempeño
parlamentario, luego jefe de la Oficina Central de Información (OCI) y
presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA) en el
primer gobierno de Rafael Caldera, para ser asimismo ministro de Ciencia y
Cultura, y gobernador del Distrito Federal en el gobierno de Luis Herrera
Campíns.
En el extenso prólogo que hace a la obra
en cuestión, Herrera Campíns señala: “El autor, RJC, ha sido
fundamentalmente un político de garra, de pluma y tribuna, poseído siempre por
una gran inquietud intelectual, por el estudio de las ideologías y por la
producción y divulgación de conceptos que promovieron la reflexión a todos los
socialcristianos y, en especial, a los militantes jóvenes. Quiere que eviten la
tentación de caer en el adormecimiento intelectual y en el regazo aprisionante
del pragmatismo, opuestos al cultivo del ideal”.
Observación acertada la del expresidente
de la República, pues Cárdenas siempre expresó su preocupación por los más
jóvenes en un partido de jóvenes, e, incluso, como fértil columnista de
opinión, frecuentó el tema y, con mayor razón, en la década de los sesenta,
década de grandes y terribles contradicciones, pero de estupendas y útiles
polémicas.
Otra característica que deseamos señalar,
es la de una amistad leal y consecuente, el respeto y reconocimiento hacia
otros a pesar de los matices y diferencias expresadas en determinadas
circunstancias, porque – además de su esposa – dedica el libro a Rafael Caldera
(“humanista cristiano, con amistad, admiración y respeto”); a José
Antonio Pérez Díaz, Luis Herrera Campíns y Edecio La Riva Araujo (“hermanos
sembradores en la faena común”). Y es que, a propósito de La Riva Araujo,
militantes de un mismo partido y miembros de una misma bancada parlamentaria,
sostuvieron a mediados de 1965 una dura polémica pública que evidentemente no
hizo mella alguna en la amistad que ambos se profesaban, constituyendo una clave
del ejercicio político claramente incomprendido en el presente siglo.
Cárdenas trata del problema del hombre, y
desarrolla el temario colocándolo ante la naturaleza, el conocimiento, la
ética, la religión, la muerte, la sociedad, el Estado, el trabajo, la economía,
el derecho, la cultura, la ciencia, la estética, la historia y la política.
Dirá en las páginas finales: “Hay grandes líderes históricos que poseen algo
de todo, un gran poder intelectual, una recia personalidad, un control de los
órganos del poder, etc. Estos son los grandes capitanes de la historia”.
Bibliografía: El combate político
RODOLFO JOSÉ CÁRDENAS: Del combate juvenil
La década de los sesenta tiene particulares características: por ejemplo, la juventud alcanza un protagonismo desconocido en otros países a través de las masivas protestas universitarias a propósito de la guerra de Vietnam, más allá de la música rock que le ha dado un inusitado impulso a la industria discográfica. En Venezuela, la irrupción de los jóvenes fue muy antes en el escenario político con generaciones que combatieron las dictaduras al mismo tiempo que plantearon ideas novedosas en contraste con las más viejas y tradicionales en decadencia.
Por supuesto, la juventud demócrata-cristiana había sobrevivido en el concierto de las juventudes políticas por fuerza de sus públicas convicciones doctrinarias e ideológicas y una presencia contundente en las universidades y liceos del país, mientras que se evaporaban otras juventudes como la de URD y la de AD, que se convirtió en el MIR unida a la Juventud Comunista en la aventura insurreccional. A través de sus actuaciones parlamentarias, artículos de opinión y folletos, Rodolfo José Cárdenas, miembro el Comité Nacional de COPEI, no dejó de ventilar los grandes asuntos ideológicos, de incentivar al nuevo liderazgo político. Así, en 1965 nace la primera edición de un libro ameno y sobrio de título suficientemente revelador: “El combate político. Solo para líderes nuevos” (Editorial Doña Bárbara, Caracas).
Recibido con entusiasmo, prologado por Luis Herrera Campíns, versó en su primera parte sobre el encuentro con la política, la partitocracia, la dictadura y la reconquista democrática, la democracia formal, el partido en ascenso. La segunda, los siete pecados capitales del partido democrático, el partido ideológico, la dirección partidista, el perfil del liderazgo, la estructura internacional. En la tercera, los indeseables, la oligarquía intocable, los disfrutantes, los miserables, los incontenibles. Y, la cuarta, el Estado en América Latina, la educación, la ciencia, la reforma urbana y el reto de los líderes nuevos.
De acuerdo a la prensa de la época, el impacto e influjo del libro fue considerable. Contribuyó en buena medida a la atención y orientación de los jotarrecistas que crecían considerablemente en el medio estudiantil, dándoles banderas de unidad y de profundidad ideológica. Además, ayudaba a la propia comprensión del partido como instrumento de lucha que exigía disciplina, sacrificio, entrega y compromiso.
Biografía Rodolfo José Cárdenas
RODOLFO JOSÉ CÁRDENAS
Gehard Cartay Ramírez
Rodolfo José Cárdenas, Abogado y Doctor en Derecho por la Universidad Central de Venezuela y la Universidad de Salamanca, España, dirigente político, intelectual, escritor, parlamentario, orador, periodista e historiador, nació en San Cristóbal, estado Táchira el 27 de octubre de 1927.
Sus estudios primarios los cursó en Táriba, la secundaria en el Colegio Sucre, en Colón, y en los Liceos La Salle y Simón Bolívar de San Cristóbal. Desde muy joven ejerció el periodismo en los semanarios Copei del Táchira y Copei Nacional, de los que fue director.
Cárdenas fue un político intelectual y un brillante exponente de la generación intermedia de Copei, aunque también figuró entre los líderes de la primera hora socialcristiana. En 1948, junto a Luis Herrera Campíns y otros compañeros, será uno de los fundadores de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC).
Ya en Caracas fue colaborador del diario El Gráfico, órgano de su partido, y de la mayoría de los periódicos capitalinos. Una vez en el exilio, a mediados de los años cincuenta, fue también fundador de TIELA (Triángulo Internacional Europa Las Américas), vocero de la oposición social cristiana venezolana contra la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Al regresar a Venezuela será hecho preso y el 23 de enero de 1958 lo encontrará junto a otros socialcristianos, como Hilarión Cardozo y Pedro Pablo Aguilar, en los calabozos de la Cárcel del cerro del Obispo en Caracas. Rodolfo José Cárdenas pasó en total tres años en prisión.
En 1958 y 1963 fue elegido diputado por su natal estado Táchira. En 1968 repitió nuevamente como diputado, pero por el estado Lara. Entonces, como lo escribiera Rafael Caldera, “Rodolfo José Cárdenas llegó a ser uno de los diputados más brillantes, uno de los periodistas más incisivos y cáusticos, uno de los conductores políticos más discutidos de la actualidad nacional” (Prólogo del libro Las trece virtudes, editado en 1968). Entre 1958 y 1968 será miembro del Comité Nacional de Copei.
En 1969 se integró al equipo de gobierno del Presidente Caldera, elegido el año anterior, como Director de Información y luego como ministro de la Juventud, la Ciencia y la Cultura. En 1981 el presidente Herrera Campíns lo designaría Gobernador del Distrito Federal.
Cárdenas dejó como legado una sólida obra en sus libros, artículos y piezas oratorias. Entre los primeros destacan El combate político, su obra primigenia, que nos inspiró a muchos dirigentes juveniles de Copei a mediados de los años sesenta, por sus novedosos enfoques y posturas progresistas dentro del ámbito demócrata cristiano. Vinieron luego Las trece virtudes y Ciencia y tecnología, El Humanismo Cristiano y Visión Antropocéntrica de la Historia, contentivos de sus agudas reflexiones filosóficas y modernistas, difíciles de conseguir en un político de entonces y de ahora.
Más tarde publicaría Copei en el Trienio Populista 1945-48 y Copei en la Constituyente, escritos en su siguiente exilio español de los años ochenta a causa de una persecución canalla en su contra bajo el gobierno del presidente Jaime Lusinchi. Son dos libros, cada uno de mil páginas de letra menuda, que retratan aquella época vertiginosa e interesante que sobrevino al golpe de Estado contra el general Isaías Medina Angarita en 1945.
Ya entrado el nuevo siglo, Cárdenas continuó escribiendo, esta vez sobre la más reciente historia contemporánea venezolana, de la que fue también actor y testigo, y de allí su valor testimonial. Publicó entonces -en dos tomos- La República Civil (1958-1998) y, más tarde, Venezuela Política Siglo XX, tres tomos, sobre la historia política del siglo pasado.
Su obra como periodista también es prolífica: miles de artículos escritos durante más de setenta años, también encierran el devenir venezolano de esas décadas. El suyo era un estilo incisivo, de frases cortas e impactantes y de gran vitalidad.
Falleció en Caracas el primero de febrero de 2017.
Historia DC Venezuela
Del aguerrido Godofredo
No pudo prosperar definitivamente aquella leyenda
negra que se intentó durante la campaña electoral de 1958 y principios de los
años setenta, en torno a una supuesta colaboración de COPEI con la dictadura. A
pesar el saldo de perseguidos, presos y exiliados en un partido novel que
experimentaba un paciente crecimiento, quiso imponerse la tesis de una
organización perezjimenista más que, claro está, los hechos históricos
testarudamente desmintieron.
A Godofredo González le tocó dirigir la Junta
Patriótica en su queridísimo estado Aragua y cuando el 1 de enero de 1958 se
alza la aviación militar en la Base Aérea Libertador, entre Maracay y Palo
Negro, a la espera de la movilización de los blindados del ejército en Caracas,
el líder socialcristiano toma inmediatamente una emisora de radio para arengar
a la audiencia. Estuvo en sintonía con Lorenzo Fernández, quien comprometió a
COPEI en el alzamiento. Y ambos fueron detenidos finalmente.
Hablamos de una acción arriesgada que afortunadamente
recibió por respuesta, semanas más tarde, las extraordinarias jornadas de
finales de enero de 1958 a favor de la liberación de Venezuela. De haber
ocurrido lo contrario, nadie hubiese adivinado el destino reservado por la
dictadura para ambos líderes, como solía suceder por entonces.
Este solo dato, contrasta con las versiones que por
muchos años corrieron sobre aquellos acontecimientos tan decisivos,
frecuentemente signadas por la vanidad de aquellos que poco o nada habían hecho
por derrocar al dictador. En el caso de Godofredo González, pueden leerse sus
testimonios vertidos con una modestia ejemplar en la prensa de las décadas
siguientes, en contraste con la estridencia de otros. Nada casual que el hombre
que llega a presidir el Congreso Nacional, y Luis Herrera Campíns, quien ejercería
la presidencia de la República, tuvieron por común característica el coraje de
oponerse frontalmente a Pérez Jiménez, sin esguinces éticos de ningún tipo.
Biografía Godofredo González
GODOFREDO GONZÁLEZ
Godofredo González (1921-1990), caraqueño criado en Maracay, sintió una
temprana vocación por la política al afiliarse a la Unión Nacional Estudiantil
(UNE) en 1939, e incorporado activamente a la fundación de COPEI en el estado
Aragua en 1946. Un año antes, había egresado como abogado por la Universidad
Central de Venezuela doctorándose con una tesis muy elogiada relacionada con el
Derecho Minero. Desempeñará la cátedra de Economía Minera en la Universidad
Católica Andrés Bello en la década de los cincuenta y, muy avanzada su carrera
política, tuvo la satisfacción de volver a las aulas como coordinador del
Instituto de Investigaciones Petroleras de la Universidad Simón Bolívar en los
años ochenta.
Ejercerá como Procurador General del estado Apure,
luego se incorporará como miembro del Consejo Supremo Electoral entre 1947 y
1948. Electo a la Asamblea Legislativa del estado Aragua, en 1948, lo será más
tarde para la asamblea nacional constituyente, pero no se incorporará en 1952
dada su postura opositora a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Dirigía la Junta Patriótica en su estado natal, cuando
ocurrió el sorpresivo alzamiento militar del 1° de enero de 1958 que lo llevó a
tomar la sede de Radio Maracay para arengar a la audiencia contra la dictadura,
siendo finalmente detenido y lanzado inmediatamente al exilio.
Representó como diputado al estado Aragua, entre 1959
y 1969, y, como senador, entre 1969 y 1989. Presidió el Congreso de la
República entre 1979 y 1984, destacando como presidente del Parlamento Andino
entre 1983 y 1984. Integró por décadas el Comité Nacional de COPEI, ejerciendo
su vicepresidencia en 1974 para después presidirlo entre 1980 y 1990, como
apunta Omar Alberto Pérez en la entrada correspondiente del Diccionario de
Historia de Venezuela (Fundación Polar).
Fue un diligente integrante del primer directorio de
la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP), circunstancia que lo llevó a
viajar como miembro de la delegación venezolana a la histórica reunión de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en Beirut. Titular del
ministerio de Fomento en el gobierno de Rómulo Betancourt (1961-1963), en
sustitución de Lorenzo Fernández, entre 1964 y 1968 fue miembro principal del Consejo
Nacional de Energía. Y, entre 1969 y 1971, fue embajador ante la Santa Sede.
Importante faceta raras veces mencionada, apartaba el
tiempo que le fuese posible para escribir en la prensa y, así, fue columnista
del diario La Religión entre 1943 y 1945; jefe de información y coordinador de
la página económica de El Gráfico, entre 1947 y 1948; y colaborador de El
Nacional, entre 1975 y 1979. Además de los discursos y ensayos políticos
publicados, sobresalen crónicas y ensayos históricos dedicados a la aragüeñidad.
Historia DC Venezuela - JRC
Historia DC Venezuela - La Juventud Revolucionaria Copeyana
Esta foto es de 1971. Fue en un curso de formación de
la JRC en San Félix, estado Bolívar. Gehard Cartay habla y a su lado están
Julio César Moreno y Leopoldo Quintana. Tiempos inolvidables de lucha y
convicciones.
Biografía y prólogo libro sobre Enrique Aristeguieta Gramcko
PRÓLOGO del Libro: Enrique Aristeguieta Gramcko
entrevistado por Naudy Suárez Figueroa.
José Rodríguez Iturbe
Hablar sobre lo vivido también es una forma de hacer
historia. Enrique Aristeguieta Gramcko es un hacedor de la historia que habla
de la historia. De su historia personal en el marco de la historia de su
patria, Venezuela. Habla de lo vivido y del concreto marco del proceso
societario en el cual sus vivencias se han dado. La vida del entrevistado ha
sido larga ―don de Dios― y llena de ricas experiencias. Dotado de una memoria
poco común y de una amplia cultura, Aristeguieta Gramcko responde a las
preguntas de quienes le interrogan de manera grata y atrayente, ajena, además,
a reduccionismos aldeanos.
Son estas páginas las memorias de un hijo de Puerto
Cabello que siempre ha tenido a punto de honra su cariño por el lar nativo.
Pero la hondura humana de su memoria tiene una dimensión universal. Se ha dicho
(y bien) de la obra principal de Cervantes, cimera de la lengua castellana, que
el Quijote es universal en cuanto es castellano; y que es castellano en cuanto
es manchego. Con analogía de proporcionalidad impropia podría decirse que este
evocar, valorativo y crítico, plasmado en estas páginas, Aristeguieta tiene una
matriz universal en cuanto es profundamente venezolano; y, siendo venezolano,
resulta esencialmente porteño, con todos los rasgos existenciales que da el
molde de quienes tienen en la retina, desde la más tierna infancia, la
extensión acuosa y el horizonte ancho del mar.
Si él nace y se siente vinculado a esa parcela del
litoral central de nuestra tierra, familiarmente tiene también raíces centrales
y orientales. Al leer su recuerdos de infancia y madurez donde aparece el
Puerto, no pude menos que evocar los versos que Andrés Eloy Blanco dedica al
Caribe, el mismo mar que arrulla tanto a Cumaná como a Puerto Cabello: “Como
para decirlo de rodillas / que bien está que en nuestro mar me quieras/ Que
bien supo nacer en sus riberas/ Que bien sabrá morir en sus orillas/ Que llano
azul para sembrarle quillas/ Que historia de vigilias costaneras/ Que mar de
ayer para inventar banderas/ coloradas, azules y amarillas”. El Caribe imprime
carácter. Y siempre hay algo de marinero en quien nace en sus costas. Y de
nuevo Andrés Eloy: “Que es Dios quien fija el rumbo y da el destino / Y el
marino no es sino la expresión de un anhelo/ Pues para andar sobre el azul
marino/ hay que mirar hacia el azul del Cielo”. La hondura humana que
trasmiten estas páginas es inescindible del afecto salobre del carácter
costeño.
Enrique Aristeguieta Gramcko es un hombre de abolengo.
Descendiente de los Xerez de Aristeguieta, de la más alta aristocracia
colonial, emparentado con el patriciado republicano, tiene, además, cercanos
nexos de sangre con los Aristeguieta de la lucha anti-gomecista (Pedro Elías
Aristeguieta) y del renacimiento de la vida militar venezolana de academia (los
Aristeguieta Badaracco, de las primeras promociones de la Escuela Militar de
comienzos del siglo XX). Los Gramcko de su rama materna son alemanes
originarios de la Liga Hanseática. Aunque de raíz luterana, ya su madre era
católica. Le he oído contar como en una ocasión entró en Hamburgo en una fría
iglesia luterana a escuchar un concierto de órgano de música de Bach, sin dejar
de pensar que quizá allí mismo habría ido a rezar alguno de sus no tan remotos
parientes protestantes. Como la sangre manda, al igual que su hermano Adolfo,
siempre ha tenido un gran amor por Alemania y lo germánico. Cuando con Helmuth
Kohl se logró la reunificación de las dos Alemanias de la posguerra (RFA y
RDA), en cuanto pudo alquiló un modesto vehículo y se fue a recorrer los Länder
de la antigua RDA que no conocía.
Hasta en la mezcla de sangre Enrique Aristeguieta es
una excelente manifestación de nuestra criollidad y de ese rasgo de apertura a
las migraciones que distingue a la venezolanidad y la hace huir como de la
peste de ese falso nacionalismo que es el chauvinismo, que se encierra en una
baja autoestima y lamenta reconocer cualquier mérito ajeno como si fuera
agravio de lo propio. Porque patriotismo no es nacionalismo. El patriotismo es
virtud. El nacionalismo es fanatismo enquistante y empequeñecedor. En estas
páginas habla un patriota. Y sus palabras son la clara manifestación del
patriotismo, sin el lastre de ese nacionalismo que en el agudo decir británico
de Johnson constituye el último refugio de los pícaros.
Enrique Aristeguieta Gramcko tiene sentido de la
historia porque conoce la historia. La venezolana y la universal, sobre todo la
del llamado Mundo de Occidente. Por eso sus juicios sobre situaciones y
personas son equilibrados y surgen como consecuencia de una madura
consideración de los protagonistas y las circunstancias. Sin embargo,
Aristeguieta es de la llamada tradición oral. Le cuesta escribir. Prefiere
hablar. Por eso, es de agradecer a Naudy Suárez y a Silvia Schanely de Suárez,
y a su hija María Alejandra Aristeguieta de Álvarez el esfuerzo que han
realizado para captar y ordenar, para disfrute de todos, según temas y tiempos,
los recuerdos y apreciaciones del Aristeguieta entrevistado.
En ese largo diálogo que ahora se imprime aparece la
visión retrospectiva de sucesos de una existencia repleta de acontecimientos
que trascienden, en su importancia, la propia vida del entrevistado porque
destacan el proceso del pueblo venezolano. No es solamente un relato sobre el
ayer. En estas páginas hay también una lección que es siembra de mañana.
Cualquier joven lector podrá encontrar, en la vida limpia de Enrique
Aristeguieta, en su sencillez, y hasta en su ironía, un ejemplo de cómo la
política puede y debe vivirse con afán de servicio, sin ceder a los falsos halagos
que rebajan la dignidad personal y facilitan o cohonestan la corrupción,
derivada de pretender usar lo público en beneficio particular. Porque Enrique
Aristeguieta ha sido toda su vida, para decirlo con palabras de Pedro del
Corral, un militante en pro del bien común.
Estas páginas de entrevista y de recuerdos, de juicios
y opiniones, de consideraciones que enseñan y mueven a la reflexión sobre
nuestro proceso de pueblo, ponen de relieve aquello que Heidegger llamaba el
éxtasis del tiempo (pasado, presente, futuro). Se encuentra en ellas material
para aliento de la historia académica; y, sobre todo, para mostrar que quien
quiera ser y hacer política práctica debe conocer la historia. Sobre todo,
conocer la historia del propio pueblo al que se pertenece y al cual se desea
servir.
Si la política práctica es siempre discusión sobre el
futuro, la seria discusión sobre ese futuro, que siempre será arcilla para ser
moldeada por las nuevas generaciones, se nutre de principios y valores que
deben encarnar en cada tiempo en los protagonistas de la hora. Las lecciones
que Enrique Aristeguieta Gramcko deja en este largo y variado diálogo son
muchas.
Vaya, pues esta edición de un diálogo que recoge algo
de sus memorias como merecido reconocimiento a los méritos personales y
políticos del amigo a quien muchos agradecemos las abundantes y ricas
enseñanzas de una larga amistad.
José Rodríguez Iturbe
Bogotá, 31 diciembre 2024.
Biografía Enrique Aristeguieta Gramcko
ENRIQUE ARISTEGUIETA GRAMCKO, EL ÚLTIMO SOBREVIVIENTE DE
LA JUNTA PATRIÓTICA DE VENEZUELA (1957 – 1958)
La reintroducción de la educación religiosa en
Venezuela, por obra de la política de puertas abiertas a la misma puesta en
práctica por la dictadura de Juan Vicente Gómez a partir de la década de 1910,
hizo posible la fundación de colegios de educación privada que, de manera
indirecta, contribuirán a la larga a la difusión en el país de la doctrina
política de tendencia social-cristiana.
Fue ese el caso principal de los que estarían a cargo
de las órdenes religiosas denominadas Salesiana, de Hermanos de las Escuelas
Cristianas o de La Salle y Jesuitas.
De esa manera se hizo posible que Enrique Aristeguieta
Gramcko, nacido en Puerto Cabello el 7 de mayo de 1933, pudiera cursar
educación primaria en el instituto allí fundado en 1925 y, mudado a Caracas, la
secundaria, en el colegio de la misma congregación religiosa (La Salle) instalado en la
capital de la República.
El triunfo en el país de la llamada Revolución de
Octubre de 1945 y el subsiguiente violento reemplazo del Presidente de la
República general Isaías Medina Angarita por una Junta de Gobierno
cívico-militar, a cuya cabeza figuraba el líder del partido Acción Democrática
Rómulo Betancourt, implicó un vuelco en cuya virtud Venezuela conoció
importantes cambios -el más importante de ellos, la instauración en lo político
del voto universal, directo y secreto-. Y en el campo educativo, la
promulgación el 21 de mayo de 1946, de un decreto que echaba las bases para el
intento de instauración en el país, por la época, del llamado Estado docente,
caracterizado por un decisivo control de la instrucción por
parte del poder público.
La oposición despertada por dicha iniciativa en el
seno del sector religioso de la educación privada catapultará la aparición de
una fuerza política de tendencia social-cristiana denominada C.O.P.E.I., a la
cual se adhiere un importante sector de
jóvenes alumnos del sector católico de la educación, y fue en esa circunstancia cuando Enrique
Aristeguieta Gramcko, con apenas 13 años de edad, experimentará su primer
contacto con la política, al participar en las manifestaciones de calle
organizadas contra el aludido decreto 321, y llegar a formar parte de las
barras que, en el Congreso Nacional, animaban los debates destinados a discutir
la nueva legislación del gobierno revolucionario y, en particular, la
concerniente a la educación.
El llamado “trienio revolucionario”, encabezado por
Betancourt, fue sustituido, sin embargo, el 24 de noviembre de 1948 por un
triunvirato exclusivamente militar integrado por los tenientes coroneles Carlos
Delgado Chalbaud, como Presidente, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera
Páez, al que tocó derogar algunas de las iniciativas legislativas del “trienio”:
para comenzar, las relativas a la educación.
Entre 1948 y 1957, al tiempo que Enrique Aristeguieta
terminaba su bachillerato e ingresaba en la universidad, se escalonan el
asesinato de Delgado Chalbaud, el 24 de noviembre de 1950, la sustitución por
un nuevo triunvirato de gobierno presidido esta vez por un civil,
el abogado Germán Suárez Flamerich (1950 – 1952) y las elecciones
fraudulentas para diputados a la Asamblea Nacional Constituyente del 30 de
noviembre de 1952, terminadas por la imposición de Pérez Jiménez como
Presidente de Venezuela para el período 1953 - 1957. Un denominado Nuevo Ideal
Nacional proclamado como leitmotiv de
acción, hará de las obras públicas el punto fuerte de gestión
gubernamental, y la represión de toda
expresión partidista disidente una práctica permanente.
En esas condiciones, el vencimiento en 1957 del período
presidencial estipulado por la Constitución de 1953 y la negativa del gobierno
a celebrar unas elecciones democráticas
y suplantarlas por un plebiscito en el cual se votaría por la
continuación o no de Pérez Jiménez en el poder, condujeron a cuatro militantes
de los partidos políticos adversarios del poder, privados del derecho a toda
forma de actividad, a organizar, a mediados de 1957 una Junta Patriótica
clandestina opositora, compuesta por
representantes de los partidos Unión Republicana Democrática, Acción
Democrática, Partido Social-Cristiano COPEI y Partido Comunista de Venezuela.
Al entonces estudiante universitario de derecho
Enrique Aristeguieta Gramcko tocó ser en ella el representante por COPEI y, en
tal condición, participar en la organización de la huelga universitaria
caraqueña del 14 de noviembre de 1957 y en
la promoción de diversas actividades de protesta contra la dictadura que
se prolongarán hasta comienzos del siguiente año.
Aunque una rebelión militar contra la dictadura de Pérez Jiménez ejecutada el 1º de enero de
1958 no tuvo éxito, sí lo tuvo la
agitación callejera azuzada por Enrique Aristeguieta y el resto de los miembros
de la Junta Patriótica en los días subsiguientes, de modo que el 23 de enero de
1958, una nueva sublevación militar,
esta vez con apoyo popular, desembocó en
el derrocamiento de la dictadura y su sustitución por una junta militar –
civil de gobierno, que hizo posible el regreso de los exilados y el
restablecimiento de la actividad de los partidos políticos de oposición y de
los sindicatos obreros.
Los días que siguieron al 23 de enero de 1958
entrañaron para Venezuela la contemplación de una afiebrada actividad
política, en la cual el papel
representado por la Junta Patriótica fue notable en lo atinente a la prédica de
la unidad entre los diversos cuerpos políticos y sociales del país, para
empezar los partidos políticos, que desembocaría en la gestación de los acuerdos conocidos
como el Pacto de Puntofijo del 31 de octubre de 1958 y la Declaración de Principios y Programa
Mínimo de Gobierno de los Candidatos Presidenciales, firmada el 6 de diciembre
del mismo año.
Ese mismo año, Aristeguieta -sin dejar de ser miembro de la Junta Patriótica, que sobrevivirá hasta 1959- obtendrá el
título universitario de abogado y luego el de diputado en las elecciones
presidenciales y parlamentarias del 7 de diciembre de 1958, que dieron el
triunfo a Rómulo Betancourt, candidato de A.D. por sobre Jóvito Villalba, que
lo era de U.R.D., y Rafael Caldera, del C.O.P.E.I.
El quinquenio presidencial a cuya cabeza figuró
Betancourt contempló el ejercicio del poder por un gobierno de coalición
partidista ya preanunciado en el Pacto de Puntofijo, y durante el cual
Aristeguieta Gramcko desempeñó sucesivamente cargos como representante
diplomático en Roma, bajo cuya responsabilidad corrió lo relativo a la inmigración italiana a
Venezuela, Secretario del Senado,
Secretario de Gobierno del Estado Nueva Esparta y diputado al Congreso
Nacional. Vale la pena señalar que Aristeguieta, con anterioridad a lo
últimamente escrito, había cumplido un cierto papel en el aplastamiento de la
sublevación armada de inspiración castrista llevada a cabo en la base naval de
Puerto Cabello, en junio de 1962, protagonizada por militantes de los Partidos
Comunista y Movimiento de Izquierda Revolucionaria.
Bajo el gobierno de Raúl Leoni (1964 – 1969),
Aristeguieta ejerció como abogado hasta pasar a formar parte de la Comisión
Investigadora contra el Enriquecimiento Ilícito (CIEI), cargo que prosiguió
desempeñando durante el período presidencial de Rafael Caldera cumplido durante
el quinquenio 1969 - 1974 y participa como alumno en el segundo curso del
recientemente fundado Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IAEDEN), para
el cual redacta un trabajo relativo al federalismo en Venezuela.
Durante el subsiguiente gobierno de Carlos Andrés
Pérez (1974 - 1978), mientras hacía estudios de postgrado en la Universidad
Complutense de Madrid (España) y luego de doctorado en Derecho en la
Universidad de Carabobo (Venezuela), se desempeñó como diplomático en Londres.
Posteriormente, durante el gobierno de Luis Herrera Campíns
(1979 – 1984) actuó, primero, como Vice-Ministro de Relaciones Interiores y
después, como embajador itinerante para el Caribe. Tocó, además a Aristeguieta,
durante este período, participar, como representante por el gobierno de
Venezuela, en las negociaciones de paz
en Centroamérica que tuvieron como
escenario la isla panameña de Contadora.
Entre 1984 y 1989, siendo Presidente el doctor Jaime
Lusinchi, actuó Aristeguieta como Director de Registro del Consejo Supremo
Electoral, cargo prolongado bajo el segundo período de gobierno (1989 - 1993)
de Carlos Andrés Pérez, cuando a lo dicho se añade que -como parte de la
política proseguida por el nombrado Presidente- contribuyó al éxito del proceso de transición democrática de
Nicaragua, allí desembocado en unas
elecciones reconocidamente libres.
Luego de años de servicio público pasó a retiro durante
el segundo período del Presidente Caldera (1994-1999), pero siguió activo en la
política a través del partido C.O.P.E.I., Twitter, y O.D.C.A.
El cambio de gobierno escenificado en nuestro país a
raíz de las elecciones de 1998, que elevó a la Presidencia de la República al
Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, colocó a Aristeguieta en una línea de
vigorosa oposición al mismo, prolongada cuando, muerto Chávez, fue sucedido
provisionalmente en el año 2013 por Nicolás Maduro, quien, a su turno, fue
ratificado en dicho cargo por unas controvertidas elecciones nacionales de
cuestionada limpieza celebradas al año siguiente. Mientras tanto,
Aristeguieta probó fundar, con poco éxito, un efímero movimiento político de
oposición, denominado la Gran Alianza Nacional con Venezuela (GANA).
Expresiones de Aristeguieta que ponían en entredicho
la condición legal venezolana del Presidente Maduro, condujeron a la larga a
que, en la madrugada del 2 de febrero de
2018, su hogar personal en Caracas sufriera un asalto por parte
del llamado Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), y
consiguiente reclusión, a los 84 años de edad, en la infamada cárcel caraqueña
llamada del Helicoide, acusado de
incitación a la violencia a través de las redes sociales ¡y por haber
contribuido a realizar la huelga general de enero de 1958 contra Pérez Jiménez!
Tales incriminaciones habrían sido puestas de lado a
raíz de alegadas “órdenes superiores”, cuando en realidad habrían estado de por
medio el vigoroso apoyo general manifestado en la ocasión por buena parte de la
opinión pública nacional e internacional.
Quedaría por decir que, desde 2023 hasta hoy, Enrique
Aristeguieta Gramcko reside, en una renuente condición de autoexilado, en los
Estados Unidos.







